lunes, 22 de julio de 2019

Los señores del humo. Claudio Cerdan

Claudio Cerdán lleva años como maestro indiscutible de la novela negra, lugar que ha peleado novela a novela ganándose el respeto de escritores del género, críticos y lectores por igual. Sin embargo, llevo los últimos años en una vorágine de estudio, trabajo y cursos de promoción profesional que reducen mi tiempo de ocio a la mínima esencia, por lo que mi lista de deseables es mucho más larga que la de leídos, en casa se acumulan todas esas novelas que un día compré con mucho entusiasmo y que todavía no he podido sacar de la estantería.

Entre las que me hacen ojitos cada vez que tengo que elegir nueva lectura, hay alguna de Claudio Cerdán, por ello decidí aprovechar la oportunidad que me brindaba #SoyYincanera, leer la última novela del autor y la sinopsis prometía, los autores de novela negra la recomendaban y ya solo faltaba que no me desmoronara ante el grosor del ejemplar, inversamente proporcional a mi tiempo lector.

Y sí, ya se que estamos en verano, y que el calor invita a quedarse en casa leyendo, pero mi turno de trabajo es de tarde y la mañana da para pocas alegrías en forma de palabras e historias. Los fines de semana al final se hacen cortos para tanto disfrute pendiente y las novelas se amontonan en las estanterías sin leer año tras año.

Pero volvamos a la novela que nos ocupa, tras el impacto del tamaño de la novela, llegó otro peor, la contundencia, Claudio Cerdán viene a hacer una denuncia social y no le tiembla el pulso, no busca ser políticamente correcto, más bien parece un bisturí, aséptico, hurgando en nuestras miserias para provocarnos, para que la lectura por momentos deje de ser cómoda y nos obligue a reflexionar.

Una obra de ficción que es dolorosamente creíble, en la que hasta los pasajes más exagerados son verosímiles, en la que sus personajes principales son llevados una y otra vez al límite y no siempre saldrán bien parados y eso para disfrute del lector que se siente montado en una montaña rusa en la que no hay ningún descanso hasta que llega el punto final y la historia termina dejándolo un poco huérfano y en mi caso desnortada, como a los propios personajes, porque ninguno sale indemne del caso, y afirmaría que tampoco lo hace el lector.

El Autor:

CLAUDIO CERDÁN (Yecla, 1981), es un escritor de novela negra español. Con su primera obra, El país de los ciegos, ganó en 2012 el Premio Novelpol a la Mejor Novela Negra del año. Con ese libro (relanzado en edición digital por Arroba Books en 2014) fue además finalista del XIII Premio Lengua de Trapo y del Silverio Cañada de la Semana Negra de Gijón. Un año después vio la luz un nuevo título, Cien años de perdón (Versátil Ediciones, 2013), un thriller que quedó finalista de los Premios LeeMisterio.com 2013 como Mejor Novela y en el II Premio de Novela Pata Negra que otorga la Universidad de Salamanca. Además fue recomendado por El País como una de las mejores novelas negras de 2013. Le siguió Un mundo peor (Versátil Ediciones, 2014), una nueva incursión en el género policíaco que ganó el I Premio Ciudad de Santa Cruz a la Mejor Novela Negra de 2014. Además, fue finalista del II Premio Valencia Negra y del III Premio Pata Negra. A continuación publicó La revolución secreta (Alrevés Editorial, 2014), una mezcla de novela histórica, detectivesca y de terror ambientada en los últimos años de la Revolución Rusa, editada también en Sudamérica. Después llegó Sangre fría (Dolmen Editorial, 2015) una historia de criminales y supervivencia no exenta de humor. A continuación apareció El club de los mejores (Ediciones B, septiembre de 2016), publicada en varios países simultáneamente. Firmada bajo el seudónimo de Arthur Gunn, se trata de una adictiva novela de intriga que ya ha sido comparada con Mystic River de Dennis Lehane y El cuerpo, de Stephen King. En 2017 publicó La última palabra de Juan Elías (Ediciones B, 2017), continuación de la exitosa serie de televisión Sé quién eres, emitida por Mediaset, HBO, BBC4 y vendida a media docena de países. La acogida de este libro fue tan entusiasta que llegó a situarse entre los más vendidos de Amazon, Fnac, Corte Inglés y Casa del Libro.
   
Nunca mires atrás (Menoscuarto Ediciones, febrero de 2018)  es la cuarta entrega de la detective Sonia Ruiz, serie iniciada por Lorenzo Silva y Andreu Martín entre otros reconocidos autores.


Con anterioridad, Cerdán había publicado dos títulos de género fantástico (El Dios de los Mutilados y Cicatrices), y en 2012 publicó en Francia La casa de chocolate, una inquietante novela aún inédita en español.
Como escritor de novela negra ha participado en varias antologías. Además, ha escrito guiones, dirigido cortometrajes y dibujado cómics, entre otras actividades.
Sus libros se han publicado en España, Argentina, México y Francia, entre otros países. En la actualidad reside en Suecia.

Sinopsis:

Claudio Cerdán nos conduce a través de una historia turbia, oscura y fascinante, en la que todo empieza a cobrar un significado distinto cuando, tras el impacto de las primeras páginas, un asesino en serie empieza a decapitar a sus víctimas por las calles de Madrid.


En una ciudad corrupta e inmisericorde, tres vidas perdidas chocan en su caza al asesino. Paco Faura, policía retirado que trabaja como detective sin licencia, sospecha que todo podría estar relacionado con un caso que no pudo esclarecer treinta años atrás. Mientras tanto, CJ -un antiguo mercenario- piensa que el culpable es un viejo compañero de armas. Y Aldo, un proxeneta que tuvo que huir de México cuando los narcos pusieron precio a su cabeza, perderá la cordura al creer que el pasado vuelve para vengarse.

Mis Impresiones:

Me gusta la novela negra, y eso no es ningún secreto para los asiduos a este blog, porque si bien no es lo único que leo, también es cierto no los reseño todos por falta de tiempo y la mayoría de las opiniones versan sobre este género. Pero también es cierto que por ese motivo, por haberme perdido entre tantas historias una es capaz de ver cuando tiene ante sí una novela interesante, cuando llega un soplo de aire fresco tan necesario para airear a autores y lectores por igual. Y hago esta afirmación sin haberme perdido en ninguna otra obra del autor, al que tengo por contundente, implacable, certero.

Lo primero que llama la atención en esta novela es su tamaño, más de quinientas páginas, y teniendo en cuenta que en este mundo en ocasiones prima cuantas novelas lees y reseñas, embarcarte en una lectura de estas dimensiones asusta y no poquito, en mi caso porque la novela se eterniza en mis manos y te da la sensación que un año más no vas a poder leer todo lo que quieres. Pero cuando comienzas a leer y te golpea con esas frases tan duras, empieza a darte un poco igual el tiempo que vas a estar con la novela, solo deseas que no termine, y al mismo tiempo estas ansiosa por saber hacia donde te va a llevar la historia y cual va a ser el desenlace hacia tanta locura contagiosa, que amenaza la propia cordura del lector, que no sabe muy bien si buscar un psicólogo o un psiquiatra, si es el más cuerdo entre los locos o el más loco entre los cuerdos. 



 Claudio Cerdán ambienta su novela en Madrid, en los años de mayor auge de la crisis económica, cuando la ciudad busca convertirse de nuevo en  sede de los juegos olímpicos con aquel discurso de su alcaldesa que nos quitó la respiración a más de uno, y que todavía corre por ahí alguna frase como mofa. Una época en la que todos los días saltaba a la prensa algún caso de corrupción política, en la  que los españoles fuimos perdiendo poco a poco la confianza en unos señores que parecía que hacían la leyes a medida de los que a golpe de talonario podían engrosar sus fortunas particulares, y todo ello quedaba tan lejos del interés del ciudadano que sonroja.

En ese escenario, muy bien dibujado por cierto, tanto que en ocasiones te dan ganas de gritar, los que tenemos ya algunos años recordamos que en Alcorcón se proyectó un ambicioso Eurovegas que venía a traer prosperidad a nuestro país, a crear un montón de puestos de trabajo, turismo y un sinfín más de bondades, obviando que todo ello era de segunda o tercera categoría y que seguramente traería más miseria que riqueza, porque la primera se repartiría en muchas manos y la segunda quedaría concentrada en unas pocas.


Los entramados de la corrupción quedan al descubierto y nadie parece indemne al poder de Don Dinero que es quién gobierna la vida de los personajes de esta novela. Desde el principio el dueño de Eurovegas y su hijo me han dado nauseas, cada uno por una causa distinta, el padre por lo manipulador, corrupto y amoral, el hijo por lo débil, casquivano, incompetente, vividor, tantos y tantos adjetivos peyorativos. Pero soy consciente que la culpa de que me caiga tan mal la tiene CJ y su visión del vástago Levi.

El autor ha demostrado además de ser ambicioso, tener muchas tablas en el oficio, solo así podía crear tres personajes tan dispares, tan interesantes, hasta el punto que cada uno de ellos podría haber protagonizado su propia historia. Aún así decide colocarlos a todos ellos en una misma novela y tan antagonistas son entre sí que el reto es hacerlos confluir, que no choquen entre ellos y se difuminen unos a otros.

Lo primero no lo consigue, los personajes chocan entre ellos, crean conflictos, se dan de bruces con una realidad que no les es favorable, pero si consigue que cada uno de ellos tenga interés por si mismo, que ninguno quede eclipsado por el otro, que el lector no sepa muy bien cual le resulta más interesante

Las frases más descarnadas de Cerdán te ponen los pelos de punta, la visión que tienen de España los Levi duele, e imagino que como el autor vive en el extranjero parte de esa forma de ver nuestro país la habrá recopilado del exterior. Los españoles somos duros con nuestra piel de toro, pero nos duele que ciertas cosas se pongan en boca de foráneos, algo así como la vapuleo porque es mía, pero solo yo puedo hacerlo. Me he visto asintiendo tantas veces, enfadándome tantas otras, sonriendo las más, porque a pesar de la dureza que destila esta novela, también la atraviesa una fina ironía, que si pones los cinco sentidos en lo que lees te levanta más de una sonrisa, algunas de reconocimiento.

Creo que el mayor acierto de esta novela está en sus tres personajes principales, tres personas que nada tienen en común y a las que un hecho unirá, cada cual para exorcitar sus fantasmas personales, crearan un trío un tanto dispar que en ocasiones nos desesperara, porque todos tienen más sombras que luces, todos obedecen al poder de Don Dinero y desde el primero al último son seres de moralidad muy dudosa a los que al menos yo cogí mucho cariño y terminé redimiéndolos.


Paco Faura, es el único autóctono, un policía al que un inoportuno infarto retiró del servicio activo, y se gana la vida como detective privado sin licencia, otro  más en la literatura, y así se encarga Claudio Cerdán de hacérnoslo ver en una multitud de guiños metaliterarios. Nuestro protagonista necesita el dinero para limpiar su conciencia, para procurarle los mejores cuidados a una esposa en coma a la que no tiene el valor de visitar, mientras investiga quién ha sido el culpable de tal atrocidad. Para ello no duda en estar en nómina de un político corrupto e investigar como fastidiar la vida de más de una persona, aunque se da cuenta de que sus días como investigador privado tienen fecha de caducidad, porque el corazón no parece querer seguirle el ritmo. La aparición de un cráneo en el solar donde se va a edificar Eurovegas levanta sus sospechas y lo conecta con un caso no resolvió en su carrera profesional.


Aldo Vargas: Mejicano, llega a España huyendo del cartel de Sinaloa que ha puesto precio a su cabeza por la pérdida de un cargamento de droga. A su llegada a nuestro país delinque, y pasa una buena temporada en el trullo donde coincide con un mafioso ruso, que a su salida lo contrata como proxeneta. Pero Aldo comete un error, compra un ordenador y trasteando por la red encuentra algo que le afecta a su cordura y lo convierte en un yonqui que pierde la noción del tiempo, del espacio y sobre todo la conciencia de lo que es real y de lo que es ficticio. Y no es el único error que comete, creyéndose enamorado se enfrenta a su jefe, y se fuga con la mujer a la que cree amar. Por segunda vez se convierte en fugitivo. La decapitación de su novia lo enloquece hasta el punto de llegar a creer que el pasado vuelve para ajustarle las cuentas, y se convierte en una bomba de relojería que en cualquier momento puede estallar.


CJ: Ex marine, fue capturado en Afganistan y torturado durante días, semanas y meses, siempre con la espada de Damocles pendiendo de su cuello. Fue rescatado y tras un reseteado en manos de un terapeuta se convierte en un mercenario a las órdenes de Harrelson Levi quien lo contrata en Macao para la seguridad de sus casinos. Americano de origen dominicano es trasladado a España por sus conocimientos del idioma y allí se reencuentra con el pasado, con un compañero de secuestro, solo que el secreto que ambos guardan nos puede poner el vello de punta. Cuando Madrid comienza a sembrarse de cuerpos sin cabeza, cree saber quien esta detrás de esos asesinatos y comienza a buscar a un fantasma. Pero la tierra parece habérselo tragado.


Esos asesinatos en serie son el punto de confluencia de estos tres protagonistas, cada uno con sus fantasmas en el armario, cada uno con las sombras que oscurecen sus vidas. Cada uno con su interés particular por resolver el caso y juega las cartas de una forma que no siempre beneficia al otro, de ahí que ellos choquen, que se produzcan conflictos, que en todo momento en la novela esté pasando algo.


Otro acierto a mi modo de ver es que al autor no buscar ser políticamente correcto cada personaje se expresa como lo haría en su día a día, la novela está llena de diálogos que le otorgan una gran agilidad, a través de su forma de hablar podemos descubrir mucho más de ellos que con cientos de descripciones y además de una forma más amena.


El estilo del autor es cortante, directo, exento de florituras, no le hacen ninguna falta para lo que quiere contar. Los capítulos son cortos, dando al lector la sensación de querer más, mucho más, y se lo va concediendo capítulo a capítulo, avance a avance. Y todo eso sin eclipsar a ninguno de sus personajes estrella, a los que unas veces amas y otras aborreces, a los que unas veces comprendes y otras no eres capaz.


Si me tuviera que quedar con un personaje este sería sin ningún tipo de duda CJ con su moralidad victoriana, con unos principios muy suyos que no siempre logras entender, y con los que unas veces estás de acuerdo y otras completamente en contra. El no querer someterse a quién le paga y mantener esos principios intactos no le va a hacer ningún bien y al lector nos deja en estado de shock, porque no esperas eso, y sobre todo no lo deseas, aunque entiendes que es un broche de lo más adecuado, que el autor no lo ha podido bordar mejor, quién tienta a su suerte termina encontrándola.


Además del tema de la corrupción, hay otro tema en la novela que viene de la mano de la Mafia rusa y como no de Aldo, o podríamos decir dos, que van íntimamente ligados. La prostitución, la mayoría en manos de mafiosos rusos, como se mueve, como se trata a las chicas, el miedo que estas tienen, como las drogas son su único consuelo para no ser conscientes de su situación. Y la lacra del juego no le va a la zaga, esa la podemos ver en Macao donde la corrupción de sus autoridades no es menor que en España, pero claro esa es otra historia que igual Claudio Cerdán tiene a bien contárnosla en otro momento, o igual no.

Si algo salta a la vista, aunque esté más que bien escondido, es el ingente trabajo de documentación y hemeroteca que ha realizado el autor, una labor tan bien mimetizada en la historia que puede pasarnos desapercibida, sobre todo a los hemos vivido la época y hemos tirado de memoria. Me gusta el estilo del autor, me gusta la historia que ha contado, me he enamorado de unos personajes que son unos cabrones con pintas a los que es mejor tener lejos. Me ha enfadado la excesiva suerte de Aldo, parece tener un ángel que vela porque siga cometiendo maldades, con la cabeza ida, y sin tener conciencia del bien y del mal, o a veces teniendo demasiada conciencia de ello y no importándole quien cargue con las consecuencias de sus actos.

A pesar de lo mucho que me ha gustado la novela, de lo mucho que hay escondido entre sus líneas, no se si es una novela para todos los públicos, para los lectores de novela negra tengo claro que los va a hacer fibrilar, para los que no gusten del género o tengan el estomago delicado le van a encontrar más defectos que virtudes.

Conclusión:

Claudio Cerdán se ha marcado una novela espectacular, en la que ha sido capaz de crear tres personajes de infarto que han sido capaces de brillar durante toda la historia con luz propia, a la vez de chocar entre sí tantas veces que han creado conflictos que han tenido que solucionar en pos de un beneficio común, encontrar al asesino que esta sembrando el pánico en las calles de Madrid.

Los temas que toca la novela como denuncia social son todos muy candentes y me atrevería a decir que de rabiosa actualidad, porque si bien hoy no se proyecta un macrocasino en España las salas de juego están inundando nuestros pueblos y ciudades, con unas leyes muy laxas que los beneficia y perjudica a aquel que desesperado lo ve como una solución a sus problemas, creándose uno mayor. La trata de blanca en manos de la mafia rusa, resucita cada cierto tiempo, no es un tema zanjado ni mucho menos. La corrupción política es ya un tema asiduo de los informativos, parece que ahora suenan con menos fuerza, pero escándalos ha habido y seguirá seguramente habiendo en un futuro, porque todo el mundo tiene su precio y poderoso caballero es Don Dinero.

Te recomiendo esta novela si eres amante del género negro, seguro que la disfrutas, no lo tengo tan claro si no es muy de tu gusto  novela negra, porque está lo es y mucho, te remueve la conciencia, te pone en ocasiones el vello de punta y amenaza con volar tu cordura línea a línea, párrafo a párrafo.

Claudio Cerdán es un autor a tener en cuenta en el panorama del noir, le deseo mucho éxito con esta novela y prometo sumergirme en alguna otra en cuento vaya despejando los pendientes más urgentes.

martes, 25 de junio de 2019

El último Barco. Domingo Villar

Diez años, nada más y nada menos, hemos tenido que esperar para encontrarnos con otra novela de Domingo Villar. En mi caso ya había perdido la esperanza de que esta llegara algún día, después de que se publicará a bombo y platillo la publicación de Cruces de piedra y de que se mostrara incluso la portada de esa novela, que de la noche a la mañana desapareciera como si nunca hubiera existido tal pretensión desengaña un poco al lector, que piensa año tras año que el próximo se reencontrará con Leo Caldas y Rafael Estevez, para mí el alma mater de este dúo, al menos hasta que comencé a leer El último barco.

En la última Feria del Libro de Madrid, como miembro de #SoyYincanera pude conversar con el autor acerca de este libro que tanto se ha hecho esperar, lástima que en aquel momento no llevara la historia leída del todo, porque hoy le hubiera formulado otras preguntas. Pero el día a día manda, y una no siempre dispone de todo el tiempo para leer que le gustaría.

Aún así el autor se mostró muy cercano, se interesó por la iniciativa, por como nació esta, que a decir verdad ese sábado 8 de junio repetimos como mínimo tres  veces. A quien había llegado ya al final del libro no le reveló nada nuevo, sin embargo a los que todavía andábamos degustando sus páginas nos explicó porque la novela no salió aún cuando ya había fecha de publicación, portada, e incluso se había comenzado a promocionar. Domingo Villar es un escritor exigente consigo mismo, que sabe ponerse en la piel del lector, porque su primer lector es él mismo. La novela estaba en fase de revisión, pero tras fallecer su padre el resultado no le entusiasmaba, le parecía plano, y si no le convencía a él ¿ cómo le iba a entusiasmar al lector?

Se agradece que alguien que se dedica a escribir piense tanto en el destinatario final de su obra, ya no solo por ofrecerle un producto de calidad que pueda entretenerle en su tiempo de ocio, cada vez más escaso por la sociedad en la que vivimos, si no también porque a pesar de ser un libro de un tamaño considerable, unas 700 páginas, también la letra tiene el tamaño apropiado para que el lector no lo pase mal cuando se sumerja en sus páginas. Y eso cuando una va teniendo una edad y problemas con el cansancio de los ojos a pesar de llevar gafas de presbicia, lo valora muy positivamente.

Domingo Villar es un hombre reflexivo, sereno, tranquilo, y todo eso se refleja en sus textos, en sus historias, en algunos de sus personajes, en esta novela no podía ser distinto aunque eché un poco a faltar más protagonismo de Rafael y del propio padre de Caldas. Domingo Villar nos comentó en la terraza en la que descansábamos los pies del paseo entre casetas que se había querido centrar más en el inspector porque el carácter del maño y del padre Leo, lo eclipsaban, lo hacían más gris de lo que realmente es el personaje, por ello ha tenido que darles un papel secundario a los personajes que en un principio a mi más me llamaban la atención.

Pero como siempre me voy por las ramas, hay tanto que contar, sin revelar nada, que me pierdo y empiezo la casa por el tejado. Así que vamos a meternos en harina que de la novela queda mucha tela que cortar, y si consigo que te intereses por la serie lo daré por bien empleado.

El autor:
Domingo Villar (Vigo, 1971) inauguró con Ojos de agua la exitosa serie protagonizada por el inspector Leo Caldas. El segundo título, La playa de los ahogados, supuso su consagración en el panorama internacional de la novela negra, obteniendo excelentes críticas y ventas. En 2019 se publica El último barco, el esperado regreso del inspector Caldas. 

La serie ha sido traducida a más de 15 idiomas y ha cosechado un gran número de premios, entre los que caben destacar el Novelpol en dos ocasiones, el Antón Losada Diéguez, el Premio Sintagma, el Premio Brigada 21, el Frei Martín Sarmiento, Libro del Año de la Federación de Libreros de Galicia. También ha sido finalista de los Crime Thriller Awards y Dagger International en el Reino Unido, del premio Le Point du Polar Européen en Francia y del premio Martin Beck de la Academia Sueca de Novela Negra.

Sinopsis:

UN NUEVO CASO PARA EL INSPECTOR LEO CALDAS.

La hija del doctor Andrade vive en una casa pintada de azul, en un lugar donde las playas de olas mansas contrastan con el bullicio de la otra orilla. Allí las mariscadoras rastrillan la arena, los marineros lanzan sus aparejos al agua y quienes van a trabajar a la ciudad esperan en el muelle la llegada del barco que cruza cada media hora la ría de Vigo.

Una mañana de otoño, mientras la costa gallega se recupera de los estragos de un temporal, el inspector Caldas recibe la visita de un hombre alarmado por la ausencia de su hija, que no se presentó a una comida familiar el fin de semana ni acudió el lunes a impartir su clase de cerámica en la Escuela de Artes y Oficios.

Y aunque nada parezca haber alterado la casa ni la vida de Mónica Andrade, Leo Caldas pronto comprobará que, en la vida como en el mar, la más apacible de las superficies puede ocultar un fondo oscuro de devastadoras corrientes.

Mis impresiones:

Mucho se ha hecho esperar la tercera de la serie y tenía las expectativas por las nubes, desbocadas cual corcel indómito. Nunca es bueno empezar una novela esperando tanto de ella a riesgo de que no cumpla con lo deseado y de al traste con una buena historia. Con el libro ya en casa y temiendo por la integridad física de mis hombros y mis cervicales comencé a pasearme por reseñas, creo que pillé a unos cuantos con ellas igual de desbocadas que las mías porque me deshinché un poco y decidí meterme de cabeza en la historia a disfrutar de lo que me quisiera contar Domingo Villar.

Asusta un poco cuando te encuentras con una novela de poco más de setecientas páginas, máxime cuando las otras dos tenían un tamaño más comercial, en ese momento suspiras y piensas que para algo ha tardado 10 años y poco aprovechó de lo que tenía escrito de Cruces de piedra y te preparas para disfrutar de la prosa del gallego, de sus descripciones, de sus personajes, aunque yo esperaba mucho más protagonismo de Rafael Estevez y del padre de Leo, que son los que imprimen los trazos de humor en la serie.

Domingo Villar hace libros autoconclusivos, sin embargo si no has empezado la serie te recomendaría empezarla por el principio, por la evolución de los personajes, que aunque el autor los contextualiza bien algunos matices se pierden por el camino. En este libro el maño no ha sido capaz de levantarme ninguna carcajada a lo sumo una sonrisa, pero en los anteriores ni un libro de humor me ha divertido tanto. Y otro tanto podría decir del Libro de idiotas del padre de Caldas, creo que todos deberíamos tener uno, es una vía de escape, yo me lo llevo planteando desde la primera novela, algún día llegará el momento, lo presiento.

Una vez sentadas las bases, he de confesar que he disfrutado de este libro, pausado, reflexivo, de cocción lenta, sin prisas, como hacían los guisos nuestras abuelas, con todo el amor del mundo y dedicándole tiempo, el mismo que le va a tener que dedicar el lector, porque nos encontramos ante una novela en la que el ritmo no es vertiginoso, en la que constantemente no están pasando cosas, en las que el autor se toma su tiempo para convertir a Vigo en un personaje más de El último barco. Y a pesar de no ser una novela de ritmo ágil, las páginas van cayendo, se escurren como arena entre los dedos, y ello se debe en gran medida a la estructura de la novela.

El autor nos presenta capítulos cortos, como pequeñas historias que al terminar el libro conforman una gran historia, no pretende ser un page turner de hecho cada capítulo no termina en el punto álgido para obligar al lector a un capítulo más, sólo uno más, que se eterniza en el tiempo, perfectamente puedes dejar el libro al final de un capítulo si otros menesteres más urgentes e importantes lo requieren. Me ha gustado comprobar que es fiel a un estilo, desde la primera novela los capítulos empiezan con la definición de una palabra, esta nos da una pista de por donde se va  mover la acción, y al no utilizar un solo diccionario los que por una razón u otra estamos familiarizados con su uso, o al menos yo, me he visto elucubrando a cuál de ellos pertenecería la definición o si sería de la cosecha del propio autor.

Para contarnos la historia se vale de los diálogos y de las descripciones, utiliza los primeros para que las páginas avancen a pesar de que la investigación pueda estar atascada o varada, para que conozcamos a los personajes, algunos de ellos reales como los profesores de la Escuela de Artes y Oficios de Vigo, que no por serlo se libran de estar en el punto de mira y de sospecha, me ha gustado mucho ese punto, otros como en toda obra de ficción fruto de la imaginación del autor, sin embargo, tan reales, tan bien dibujados que bien podrían ser reales. Las descripciones las deja para los paisajes, para los edificios, las playas, la fauna y incluso la flora de las Rías Bajas, y yo las he disfrutado como una niña pequeña.

Me hubiera gustado conocer cuando visité Vigo la escuela de Artes y Oficios, me hubiera gustado visitarla, si eso es posible que lo desconozco, me he enamorado de lo que nos cuenta sobre ella Domingo Villar, quizás porque vengo de una tierra en la que se cuece cerámica, quizás porque soy madre de músicos y el oficio de luthier no me es desconocido, aunque mis hijos tocan otro tipo de instrumentos, viento metal, quizás porque la paciencia no es mi fuerte y son oficios que requieren de una gran vocación y grandes dosis de la virtud de la que yo carezco, me he recreado en esos pasajes, y los he disfrutado tanto, que incluso he releído algunos solo por el simple placer de hacerlo, imagino al autor documentándose sobre el tema, visitando la escuela, entrevistándose con sus profesores, los imagino a ellos eligiendo la madera más adecuada para cada pieza, y trabajarla con mimo, dedicándole algo de lo que andamos muy faltos en esta sociedad, tiempo.

Otra de las disciplinas que allí se imparten es el dibujo, y ahí si que en otros tiempos se me dio bien, no puedo decir que derrochara paciencia, porque cuando no salía lo dejaba durante días hasta que encontraba de nuevo el camino, pero nunca intente dibujar al natural, lo mío era menos sotisficado, quizás por el dibujo que aquí se nos presenta requería de de dos virtudes que no poseo, y no creo que a estas alturas vaya a poseer la constancia y la paciencia. Y fíjate que en esas paredes pude verle un trazo de ironía a Caldas que me hizo reír, cosa a lo que no me tiene acostumbrada el inspector, aunque también he de reconocer que el mérito en parte lo tiene el maño que es un personaje bruto, pero muy puro, que actúa por puro instinto y sin maldad, aunque los gallegos y sus ambigüedades lo saquen de quicio.

Parte de la novela está ambientada en Tiran una pequeña parroquia situada enfrente de Vigo, conectada con la ciudad por un barco, de ahí el título de la novela, y ahí es donde se explaya el autor en las descripciones, y a cuenta de un biólogo inglés nos describe incluso las aves que podemos encontrar allí, el trabajo de las mariscadoras, las bateas de mejillones, la vida alejada del trasiego de las grandes ciudades, el carácter de la gente que vive en zonas rurales,  la forma de vida mucho más tranquila, el tipo de amistades que se forjan. Me he enamorado de esos pasajes, no me ha sobrado ni una sola línea, ni un sólo párrafo, se que no a todos los lectores les gusta recrearse y el ritmo pausado de las descripciones, pero a mi me hacen viajar hacia una zona que no conozco, sin moverme del sillón de lectura y eso me aporta mucho placer.

Ese contraste entre la vida de la ciudad y las zonas más rurales también queda patente en la vida que lleva el padre de Leo Caldas, un hombre que vive en un paraje solitario, al cuidado de las vides y el vino que embotella, es difícil no enamorarse de ese entrañable anciano que pretende vivir la vida a su manera, sin tener miedo pese a la insistencia de su hijo de que coloque barrotes en las ventanas. El padre del inspector nos da lecciones de vida, y su libro de idiotas es memorable, en esta entrega a pesar de su extensión tiene pocas apariciones estelares, pero todas dignas de mención.

Otro de lo temas que bordean esta novela o que la sostienen por entero son las relaciones paterno filiales:

La que el doctor Andrade mantiene con su hija desaparecida, una relación poco cordial dadas las altas expectativas que el padre había puesto en su única hija y que esta se ha encargado de tirar por los suelos una y otra vez, una relación que descubriremos a través de diálogos en los que nos será muy fácil meternos en la piel de Mónica y no sabremos calzar en muchos momentos los zapatos del doctor, al menos a mí me ha resultado un personaje repelente por momentos, aunque puedo entender su preocupación me cuesta comprender la forma que tiene de aprovecharse de su posición social y de su buen hacer como cirujano para intimidar a todos los estamentos y presionarlos.

La que Rosalía Cruz mantiene con su hijo Camilo, un chico especial que rehuye el trato con la gente, y que en cambio posee el don de dibujar como si fuera una fotografía escenas que solo ha visto durante escasos minutos, quizás esta relación ha sido la que más me ha marcado, porque me he intentado meter en la piel de la madre y dolía tanto que no era capaz de aguantar el coraje de esta mujer, en cambio no he sido capaz de meterme en la piel de Camilo, a pesar de que se explica muy bien que enfermedad padece, y las descripciones a través de los diálogos son muy visuales, no he podido meterme en su mente, hasta casi el final, y si lo leéis comprenderéis porque, solo en ese momento me inundó la rabia y supe que podía sentir una persona como él.

Y por último la que mantiene el propio inspector con su padre, una relación cercana, marcada por la pérdida temprana del referente femenino de la familia, parece que por momentos los roles se invierten que es Leo quien se preocupa por su padre, por su bienestar, el que como policía teme que pueda ser asaltado por la noche. Sin embargo, su padre a pesar de los años sigue protegiendo a su cachorro, le sigue dando consejos, lo sigue consolando, consigue que salga de los episodios de letargo.

Domingo Villar parte de la desaparición de una persona adulta denunciada por un padre con el que la desaparecida no guardaba buena relación, nada hace presagiar que haya podido sucederle nada, faltan unos pocos enseres en su casa, la vieron salir de madrugada para coger el barco y nadie ha pedido un rescate por ella. Todo parece apuntar a que se ha ido durante unos días. Sin embargo, hay ciertos flecos que hacen dudar al inspector, no ha pedido a nadie que se haga cargo de su gato,  se ha dejado unas pastillas anticonceptivas, y no avisó en el trabajo de que no iba a acudir aún cuando estaba a cargo de las tutorías por estar de viaje el profesor titular.

Con estas premisas Domingo Villar nos presenta una investigación a la española, sin los grandes trucos que podemos ver en las series de CSI, una línea mucho más pausada, que depende de que el juez autorice ciertos pasos, que llega a puntos muertos, una investigación en la que se ha de volver una y otra vez sobre los mismos informes, a hablar con las mismas personas, para encontrar ese hilo del que tirar, para confirmar o rebatir hipótesis, de ahí que aunque siempre se esté trabajando el padre de la desaparecida tenga la impresión de que no se hace nada por encontrar a su hija y siga apretando las tuercas en todos los estamentos. Disfruto tanto con estas investigaciones, me parecen tan creíbles, tan reales y verosímiles. Leo Caldas va poniendo todas las pistas sobre la mesa, no se guarda ningún truco, de hecho yo descubrí mucho antes que el inspector que había pasado y quién estaba detrás. Con ello no quiero decir que esta lectura sea previsible, hay gente que llega al final y no ha sido capaz de descubrirlo, supongo que llevo muchos libros leídos, o quizás estaba con los cinco sentidos puestos en la lectura, cosa que siempre no me es posible.

Igual es por deformación profesional pero me ha llamado la atención el papel de la prensa y de cierto periodista en el caso, y es que como buen sabueso Losada es incapaz de soltar un titular cuando lo huele, y unas pocas palabras de Leo Caldas lo ponen en alerta. La policía no suele confiar en la prensa puesto que pueden hacer variar las líneas de insvestigación. El papel de Losada y sobre todo ese programa especial que prepara me pusieron los nervios de punta, yo desde luego no lo hubiera llevado de esa forma, y sobre todo no hubiera apuntado una línea de investigación que la policía ya tenía descartada no se puede negar que da juego, y que supone una crítica velada o quizás no tanto al papel que asumen ciertos profesionales y ciertos medios de comunicación, y como no las repercusiones que tienen en las personas que se ven afectadas. Ese retrato me ha parecido muy realista, en pequeñas comunidades como Tiran ciertas sospechas verbalizadas pueden complicarle la vida mucho más a las personas señaladas.

Me ha sorprendido, aunque no será porque lo he visto en infinidad de ocasiones, como la vida puede ser muy traicionera y darte una mala mano que te condene a la peor de las soledades, a aquella en la que estas rodeada de muchas personas. El personaje de Napoleón me ha llegado al alma, reinventarse o morir, no hay verdad más certera, pero la conversación entre el vagabundo y el inspector se me quedó dando vueltas en la cabeza durante muchos días, quizás demasiados y me hizo tomar conciencia de lo efímero que es a veces el éxito y la felicidad.

Domingo Villar es un enamorado de su tierra, aunque vive en Madrid desde hace años, de su gastronomía, de sus gentes. Nos descubre enclaves en los que degustar la cocina gallega como el Marusia en Tiran, el Bar Puerto o A Taberna de Eligio en Vigo. Y como no es un gran embajador se sus caldos, de los vinos gallegos. Posiblemente es de los pocos autores que escriban al mismo tiempo en su lengua materna y en Castellano, no lo traducen si no que el escribe al mismo tiempo la versión en castellano y en gallego, en una expresa mejor los sentimientos y la otra le da la sonoridad y musicalidad que la primera no tiene.

Me he dejado cosas en el tintero, algunas seguramente por olvido, otras a propósito para que las descubráis vosotros, para no daros ninguna pista sobre ese final que supone un broche de oro para la novela, aunque lo intuyera mucho antes de que el autor lo apuntara. Solo me queda recomendaros esta serie, y si habéis leído las anteriores novelas que no os asusten el número de páginas de esta, eso sí no es un libro cómodo para llevar a cuestas, si tu intención no es leerlo en casa mejor compras una edición en digital.

Conclusión:

Ha valido la pena esperar estos diez años, Domingo Villar nos presenta una novela madura, reposada, hecha a fuego lento, con mucho amor por su trabajo, por los personajes y mucho respeto por el lector que se tiene que enfrentar a su obra. Y eso se nota en el resultado final, una historia cuidada, con una prosa concisa, con unos diálogos magistrales que te sitúan en la trama y que te ahorran algunas descripciones. Y las muchas de estas últimas que encontramos se refieren a enclaves y paisajes de Vigo, las Rias Baixas, de su flora y fauna, y a mi al menos ni me ralentizaron la lectura, ni me aburrieron, las disfruté como una niña.

Nos encontramos ante una novela coral, con muchos personajes, algunos de ellos reales, a los que descubrimos a través de diálogos ágiles, la historia sin embargo avanza a ritmo pausado al principio como suelen hacerlo las investigaciones policiales y a partir de un determinado punto al lector le entra ansias por saber, la narración sigue siendo pausada y reflexiva y sin embargo da la sensación de que avanza más rápidamente.

El autor nos presenta una estructura cómoda, como capítulos cortos y conclusivos, no pretende imprimir un ritmo rápido a la lectura, no corta la narración en el punto álgido, si no más bien nos presenta un conjunto de pequeñas historias que terminan dando lugar a la novela final. A pesar del gran número de páginas, esta estructura y la letra más bien grande que no es normal en libros de esta envergadura le proporcionan al lector unas agradables horas de ocio lector.

He echado de menos un poco más de protagonismo en personajes cómo Rafael Estévez y el padre de Leo Caldas, entiendo que ambos se comían el protagonismo del inspector, y que el autor quisiera que este recuperara su posición en la serie, sin embargo para mí esos momentos de humor eran tan desestresantes, que los he echado de menos. En esta entrega no he sido capaz de lanzar una carcajada sonora como en las anteriores y eso que el maño sigue tan bruto como siempre, y el carácter de los gallegos lo siguen sacando de quicio.

Una novela redonda, con un final que no desmerece la trama, he disfrutado con mi paseo en barco en la cubierta de El Pirata de Ons, quizás porque yo también me mareo como Caldas, me ha encantado recorrer en bicicleta el trayecto desde la casa de Mónica hasta el puerto de Moaña, he disfrutado de los paseos por la playa, de las conversaciones con las mariscadoras y con el biólogo inglés. Me he quedado con las ganas de recorrer in situ la Escuela de Artes y Oficios de Vigo, y he disfrutado con los Caldas tanto de las catas de vino, como del foie grass de oca, como de las viandas gallegas.

Más vale acometer este tipo de lecturas con el estomago lleno y no tener a mano un buen vino blanco fresco, porque se te antoja. Muy recomendable, pero si no has leído la serie, comienza por el primero seguro que agradeces el consejo.

Y tú ¿ Has leído El último Barco? ¿Compartes conmigo tus impresiones?

Os dejo algunas fotos del encuentro con Domingo Villar en la Feria del Libro de Madrid, un placer a haber compartido contigo un ratito entre firma y firma




jueves, 13 de junio de 2019

Madera de savia azul. Jose Luis Gil Soto

Con Madera de savia azul he podido constatar lo importante que es la sección en la que la editorial encuadra un libro, supongo que no soy la única lectora que huye de algunos géneros porque no hay manera humana de que me lleguen, siempre tengo un pero, y si soy sincera si no creo en dragones, seres mitológicos, gnomos, hadas, difícilmente la culpa la tiene la novela en cuestión, más bien está en mis gustos y en mi bagaje.

Y todo esto os lo cuento porque ya tenía descartado este libro cuando Ana Kayena llegó con la noticia de una simultánea en #SoyYincanera y yo por activa y por pasiva quería bajarme de ella por el bien de la novela. No es difícil intuir que si el género no me gusta difícilmente la experiencia podría resultar placentera y  por ende mi opinión resultaría poco válida a lectores que seguro disfrutan de él.

Como no es lista la madrileña ni na, empezó a leerlo antes de darme la noticia, llevaba más de cien páginas y no había visto el corte fantástico por ningún lado y con la confianza que dan los años trabajando codo con codo me aseguró de que disfrutaría como una enana porque estaba más cerca de la ficción histórica de lo que me pudiera imaginar.

Vencí mis reticencias y me lancé a la aventura de una nueva lectura simultánea con el temor todavía en el cuerpo, y hoy tras haber disfrutado cada una de sus páginas, y si me apuras cada una de sus líneas no me arrepiento de haber cambiado de opinión, de haberme sumergido en ese viaje épico y haber acompañado al pueblo de Ariok en ese éxodo a la tierra prometida.

Si como a mí no te gustan las novelas fantásticas, no temas abordar Madera de savia azul, porque si bien la trama sucede en un reino inventado por el autor, y adoran a diversas deidades, el resto de la historia es perfectamente verosímil, ha salido de la mente del autor, pero  hubiera podido pasar. Para mi nos encontramos más ante una novela épica, de aventuras o ficción histórica que de fantasía.

Una vez puntalizado esto, me meto en harina que no se si seré capaz de hacerle justicia a lo que yo considero UN NOVELON y no precisamente por el número de sus páginas que bien podría serlo, que sin anestesia son más de seiscientas, así que cuidadín con las contracturas si eres de las que sólo lee un libro y no lo compaginas con ninguno más porque el bolso puede convertirse en un arma de destrucción masiva, tanto para quien ose apropiarse de él como para tus hombros y caderas.


El autor:

José Luis Gil Soto nace en Badajoz en 1972, es ingeniero agrónomo, estudiante de Humanidades y novelista. Autor de numerosos guiones literarios y publicitarios, es autor de las novelas La traición del rey (2008), La colina de las piedras blancas (2010) y la dama de Saigon (2014). Aficionado a la historia, estas obras recrean episodios del pasado de España.

Ahora con Madera de savia azul, deja a un lado el género histórico para ofrecernos una novela en la que cada lector encontrará personajes, dilemas y conflictos con los que conectará profundamente. Una gran historia como las de antes, de la que no querrás salir nunca y cuyo emocionante final dejará una huella imborrable en tu memoria.

Puedes encontrar al autor en:

Twitter @glgilsoto

Facebook e Instagram: @joseluisgilsoto



Sinopsis:

El destino de un niño.

Erik tiene apenas cuatro años cuando pierde a su madre en el gran terremoto que destruye Waliria, la capital de Ariok. Su padre, el carpintero Bertrand de Lis, y Astrid, la humilde viuda de un herrero, no pueden imaginar que la catástrofe no solo cambiará sus vidas para siempre, sino que, sin quererlo, les hará dueños de secretos que nunca hubieran querido tener que guardar.


El viaje hacia un reino de leyenda.


Tras el desastre, y alentado por una profecía, el rey decide emprender con su pueblo un peligroso viaje hasta tierras del sur. Una gran caravana se pone en marcha. La esperanza, el miedo y la ambición viajan con ellos.


La búsqueda de un padre.


A Bertrand solo le queda su hijo, y su única preocupación es cuidarle, pero un hecho inesperado cambia el rumbo de sus vidas. Así, quien era solo un hombre bueno y sencillo, se convertirá en protagonista de una aventura épica, impulsada por el profundo amor a su hijo y su deseo de volver a reunirse con él.

Una gran novela, llena de emociones y aventura, que nos traslada hasta un mundo medieval legendario para mostrarnos las grandes pasiones que, desde el principio de los tiempos, mueven al ser humano.

Mis impresiones:


Madera de savia azul comienza creando intriga, en una estancia forrada en madera del suelo al techo, una vieja aya se dispone a contarle a la princesa una historia, pero no una cualquiera si no su propia historia, la que lleva muchos años guardando y que la ha corroído porque sus hombros no estaban preparados para tanta responsabilidad en el peor momento de su vida.

Así en el tono reposado de una mujer cansada que ve como la vida se le escurre de las manos y no quiere llevarse con ella la esencia de quién es la persona llamada a reinar en Ariok, comienza una relato que nos llevará desde Waliria a los Grandes Lagos. Un éxodo no exento de peligros, aventuras, y como no desventuras que hará las delicias del lector de cualquier género, que a pesar de su grosor irá avanzando unas veces lentamente y otras con más rapidez, porque el autor sabe dosificar la intriga, maneja el arte del diálogo y del monólogo, y ha sabido crear unos personajes que de tan reales se salen del papel y se convierten en carne y hueso para quedarse con el lector mucho tiempo después de haber cerrado la última página.

Lo que relata el aya a la princesa está narrado en primera persona, después la voz pasa a la tercera persona del singular y un narrador omnisciente nos cuenta una aventura mucho más amplia en la que el pueblo de Ariok es el protagonista absoluto, pero dentro de este gran pueblo existen unos secundarios de lujo que van a ser los que nos van a montar en una montaña rusa, en las que unas veces reiremos y otras las más nos angustiaremos, porque yo no soy llorona, pero seguramente a alguien le pueda provocar el llanto y otras nos enfadaremos con la situación, con los personajes, con el destino en general. Una novela que desde luego no dejará indiferente al lector, en la que el autor está hábil con los giros, y en la que en todo momento pasa algo.

Toda aventura suele comenzar con un desastre de la entidad y magnitud que sea, pero por regla general hoy y siempre el ser humano suele ser acomodaticio, así que para lanzarse al vacío y sin red como el pueblo de Ariok algo tiene que destruir su bienestar. En este caso es un terremoto que asola la capital del reino, termina con parte de su población y obliga a su rey a tomar una decisión, reconstruir la antigua Waliria, o ir en pos de una leyenda como prometió un día a su difunto padre.

Magmalión, el rey de los arokies es una persona responsable, cabal, que sopesa bien los pros y los contras, sabe que van en busca de algo que ni siquiera saben si existe, aunque él fervientemente cree que sí, pero sobre todo no saben bien donde está, a que peligros se van a enfrentar, aunque sí tiene claro que no todos van a llegar, y también que no pueden permanecer en la ciudad porque bajo los escombros hay muchos cadáveres y las ratas campan a sus anchas.

Los súbditos con el alma algún encogida por el dolor de la pérdida de sus seres queridos, se ven ante una disyuntiva difícil de asimilar, seguir a su rey en busca de una tierra fértil, o quedarse a morir en aquella explanada porque entrar a la ciudad y sobrevivir en ella no es una opción. Entre estos arokies se encuentran Bertrand de Lis y Astrid, el primero ha perdido a su mujer, Lizet y ha logrado salvar al pequeño Erik que pierde el habla, la segunda ha perdido a su marido y a su hija.

Ambos iniciaran el viaje en diferentes grupos, vigilándose por el rabillo del ojo, procurando cuidar entre ellos, hasta un momento en que el camino se dificulta y Bertrand pierde al resto de la expedición de vista, pero al mismo tiempo a su hijo. A partir de este momento el papel de Erik se hace mucho más importante en la novela, pero me vas a permitir que te recomiende internarte en la historia para descubrir porque.

La novela está ambientada en la Edad Media, las comunicaciones en aquella época eran lentas, las travesías arduas, este aspecto queda muy bien reflejado en el libro, igual que la vida en la Corte, la división en gremios y la importancia de estos en una gran ciudad. Bertrand es maestro carpintero, de ahí la importancia de la madera en la historia y en el mismo título, de ahí la importancia que cobrará la estancia en la que se encuentran el aya y la princesa, de ahí que mi me apeteciera visitar ese palacio y en especial la habitación del monarca. Mi mente que en ocasiones se desboca pudo incluso visualizar parte de esa decoración, imaginar las casas que construía sin tener ni la mas remota idea de construcción.

José Luis Gil Soto consigue que la novela pase en ocasiones ante tus ojos como si de fotogramas se tratara, y las situaciones que pasa el pueblo no son precisamente un camino de rosas, más bien podríamos decir que atraviesan caminos de espinas y que estas no parecen tener fin. El autor es minucioso en sus descripciones, y no le ahorra al lector escenas escabrosas y hay algunas que a fe reconozco que me enrabietaron, cabrearon y un sin fin de adjetivos que no quiero pronunciar y casi todas esas escenas iban unidas al villano de esta novela, porque haberlo haylo, y el lector lo odia desde su primera aparición, pero no solo a él, también al instigador de tanta maldad, su padre, porque al proyectar su larga sombra sobre él lo convierte en más malvado de lo que por naturaleza es.

Habréis podido imaginar que nos encontramos ante una novela coral, en la que la mayoría de los personajes están bien dibujados, con matices, tanto física como psicológicamente, aunque lo segundo predomina, ningún personaje por poco peso que tenga resulta gris o plano, y al lector no le resulta indiferente, le puede gustar más o menos, le puede inspirar ternura, odio, pero resultarle indiferente pocos. Entre ellos destacan, Bertrand, Astrid, Erik, Elisheva, la princesa Shebaszka, Barthazar, Gabiok, la Gran Aya, Dragan, Willem...

Muchos y muy variados y aún así quien se adentra en sus páginas no tiene la sensación de perderse y de necesitar un árbol genealógico para situarse y eso es lo sorprendente de esta novela, que va avanzando y al tiempo que unos personajes se quedan por el camino aparecen otros, y en un momento dado, cuando Bertrand se separa de la caravana, nos encontramos con dos historias paralelas, la del pueblo de Ariok en busca de ese lugar de leyenda para asentar su capital, y la lucha de Bertrand por encontrar a su hijo y aún así en todo momento sabemos de quien se habla sin necesidad de fichas, ni apuntes.

En Madera de savia azul José Luis Gil Soto aborda temas que son tan antiguos como el mismo mundo y la vida, el amor en todas sus variantes, el dolor ante la pérdida de seres queridos, la envidia, la ambición, la maldad, las intrigas en la Corte, el poder, el todo vale para conseguirlo, los sacrificios en pos de un bien común, el instinto de supervivencia, la venganza... Y si algo nos queda claro es que la felicidad es efímera, que hay que vivir el día a día porque no sabemos que ocurrirá mañana, si vamos a seguir teniendo a la persona que amamos al lado, si la estabilidad de la que disfrutamos va durar o no.

Al tiempo que aborda un oficio fascinante de la mano de Bertrand de Lis, el trabajo con la madera, tanto en la elaboración de pequeños y grandes muebles, como en empresas más laboriosas como la construcción de casas, o en la decoración. De la mano de Bertrand recorreremos todo el camino lo veremos crecer como maestro carpintero, lo veremos posponer una y otra vez la búsqueda de su hijo que es el motor principal de su existencia, con él sufriremos y reiremos, experimentaremos la crudeza de la vida del bosque, la maldad que se gastan algunos, el salvajismo de los nómadas, las reglas que rigen en ese mundo olvidado de la civilización, la jerarquía de un jefe...

De la mano de Astrid conoceremos la vida en la Corte, sus intrigas, los personajes nobles aunque no en acciones, viviremos con ella la zozobra de no saberse segura, de ser depositaria de un secreto demasiado pesado para sus endebles hombros. El caprichoso destino la pondrá  un sinfín de ocasiones en una disyuntiva que ella tendrá que resolver de la forma que más convenga al reino, aunque con ello dañe a las personas que más quiere.

Si he admirado a Bertrand desde el principio, con Astrid he mantenido una lucha interna en la que no siempre salía bien parada, el autor ha sido diestro a la hora de manejar las emociones del lector que en un momento dado coinciden con las de la misma princesa. Al menos yo he sido capaz de comprenderla, y sinceramente creo que hubiera actuado igual que ella, era demasiado lo que estaba en juego, pero hay que dar tiempo a la narración, a que el autor vaya descubriendo sus cartas, que son muchas y muy variadas.

No puedo más que recomendar esta lectura que estoy convencida hará las delicias de cualquier lector, tenga la edad que tenga, y frecuente el género que frecuente. José Luis Gil Soto tiene oficio, sabe escribir, y sobre todo sabe narrar, sabe contar una historia con maestría de manera que atrape al lector y termine olvidando que tiene entre sus manos un libro de más de seiscientas páginas, y solo pretenda conocer y descubrir en que termina esa gran aventura que empieza el pueblo de Ariok.

Soy consciente de que me dejo muchas cosas en el tintero, unas porque quiero que las descubras tú, de la misma forma que las he descubierto yo, otras por incapacidad para hacer honor a esta historia, pero espero que al menos a partir de mis letras te animes a darle una oportunidad a este libro, porque estoy segura de que no te vas a arrepentir.

Conclusión:

A riesgo de repetirme, Madera de savia azul será mi libro revelación de 2019, una novela que no hubiera elegido por estar encuadrada por la editorial en el género fantástico y que me ha procurado muchas horas de buena lectura.

UN NOVELÓN, que cuenta con unos ingredientes atractivos y con un cocinero de excepción que sabe cocinar la historia a fuego lento, como las abuelas preparaban los pucheros, dejando que soltaran toda su esencia. Así es esta historia, una narración cuidada, lenta, que avanza al ritmo que las comunicaciones en la época en la que se ambienta, y el resultado es una historia bella, como la prosa del autor y los personajes que con gran tino ha sabido crear.

Si como a mí no te gusta la novela fantástica, no descartes por ese motivo Madera de savia azul, porque te vas a encontrar con una amalgama de géneros y lo único que tiene de fantasía es el lugar en el que transcurre, que ha salido de la mente del autor, todo lo demás bien podría haber pasado, es muy verosímil, y te vas a encontrar historias de amor, de desamor, traiciones, la lucha del hombre contra la naturaleza, intrigas en la  Corte, celos, maldad, engaños, venganzas ...

¿Se puede pedir algo más?  Sí tiempo para disfrutar de este tipo de historias y autores valientes que se atrevan a escribirlas.








miércoles, 29 de mayo de 2019

423 Colores

Hay títulos que llegan de forma inesperada por recomendación, no sabes muy que esperar de ellos porque nunca habías oído hablar de ellos, y además te proponen hacer una lectura simultánea., una gran responsabilidad porque no todos los libros son atractivos para comentar por las redes. Cuando comencé a leerlo se me encogió el alma, me dieron un pellizco en la boca del estómago y esa sensación duró toda la lectura.

Y es que salir de la zona de confort cuesta mucho, dejar de mirar hacía los lados y tirar balones fuera es toda una odisea y los autores de 423 Colores se propusieron llenar a modo literario ese apagón informativo al que está sometida Siria, su conflicto armado y los miles de refugiados, desde hace más de un año. Hasta que abordé está lectura no me di cuenta de lo muy equivocada que estaba sobre la situación previa que se vivió en el país y mucho menos de la actual.

Con motivo de la Feria del libro, el Club de lectura Cosas & Musas al que pertenezco bajo el lema Lecturas que mueven conciencias programó un par de encuentros literarios y en uno de ellos tuvimos la suerte de contar con Rafael Avendaño y oír de su propia voz que les impulsó a escribir el libro, que pretendían con 423 Colores. Pero no estuvo solo, le acompañaba una integrante de la ONG Rowing together, que nos narró el día a día en un campo de refugiados, unos campos sobredimensionados, preparados para dos mil o tres mil personas y en las que se hacinan hasta nueve mil y en algunos casos más.

Las dos horas aproximadamente que estuvimos con ellos me hice muy pequeña y pude disfrutar de otro modo esta lectura, me di cuenta de lo importante que es que estemos informados, que no dejemos que nos silencien ciertos hechos por más cómodo que nos pueda resultar, y me di cuenta sobre todo de lo afortunada que he sido de haber nacido en este país y en este tiempo, cosa que no pueden decir otras personas que por robarles, les han robado hasta la dignidad. Llega un momento en que cualquier dificultad que tu puedas tener te parece baladí con respecto a la que ellos afrontan a diario por una comida escasa y mala, por una higiene de igual o peor calidad y por una asistencia sanitaria que es a todas luces pobre porque no se tienen los medios necesarios.

Si el libro me había arañado el alma, la charla me rompió el corazón y al mismo tiempo me hizo sentir que yo podía poner mi granito de arena para que no cayeran en el olvido, y la única forma de hacerlo era recomendando y reseñando este libro, porque la lectura simultánea ya había terminado con una gran participación de #SoyYincanera a las que le quiero dar las gracias por volcarse día a día en este proyecto. 

Y ya sin más me meto en harina, a ver si soy capaz de contaros de forma amena porqué vale la pena perderse entre las páginas de este maravilloso libro que os llevará de viaje a una Siria que ni imagináis y a un mundo de sensaciones, olores, sabores... que seguro que os sorprenderá.

Los autores: 

Rafael Avendaño y Juan Gallardo son amigos de toda la vida. Han compartido juegos de infancia, complicidades y lecturas, incluso tocaron juntos en un grupo de rock alternativo...pero  lo que mejor hacen es escribir a cuatro manos.

Rafael Avendaño nació en Almeria en 1973, es ingeniero diseñador de redes de fibra óptica y autor en solitario de las novelas La decisión (Ficcionbooks, 2012) y los Eternos (Grupo Ajec, 2011)

Juan Gallardo también nació en Almeria en 1973, es consultor pedagógico en EEUU. Antes de colaborar con Rafael, su bagaje narrativo estuvo centrado en la critica musical y en la divulgación de materiales pedagógicos para profesores en EEUU.

Juntos han publicado Todo lo que nunca hiciste por mí (Grupo Planeta 2014), Las flores de otro mundo (Grupo Planeta , 2016), El prisionero (Grupo Planeta, 2016), La mitad invisible (Grupo Planeta, 2017) y El último viaje de Tisbea (Versátil, 2017).

Sinopsis:

En la Siria de 2011 la vida se desarrolla con toda la intensidad, la pujanza y el colorido de unos ciudadanos esperanzados en su futuro. Ghada, la protagonista de esta historia, tiene apenas ocho años y es ciega de nacimiento. Una noche, su padre la despierta con urgencia; tienen que ponerse a salvo porque un feroz dragón sobrevuela los tejados de la ciudad.

Narrada desde el rebosante universo sensorial de Ghada, que intenta comprender el mundo sin entender lo que es la luz ni el color ni los peligros que la rodean, 423 Colores es la conmovedora historia de un padre que lucha para proteger asu hija de una de las guerras más cruentas y tenebrosas de la era moderna, un tour de force de la imaginación para transformar una huida del horror en una emocionante aventura.

Mis impresiones:


423 Colores es un canto a la vida, a la esperanza, al amor a un país y a una hija. Ante todo nos encontramos ante una novela sensorial, el universo de Ghada, que lejos de ser una pobre niña ciega se nos presenta como una persona con una rica imaginación y con unas peculiaridades que para sí querrían muchos.

Me vais a permitir abrir un inciso, porque si no lo hago no sería yo, tendemos a compadecernos de las personas con disfuncionalidades, está claro que todos los sentidos son necesarios, pero solo quien sufre la perdida parcial o total de uno de ellos sabe hasta que punto se desarrollan todos los demás. En el caso de Ghada goza de un olfato y un oído privilegiado, y de una sensibilidad única para transmitirnos su día a día. Reconozco que eso fue lo que más me llamó la atención de la novela, la forma en que Ghada demostraba que con otras funcionalidades distintas se podía ser igualmente feliz.

La novela está narrada a dos voces, la de Khaled y la de Ghada, ambas en primera persona y tanto en presente como en pasado. Quizás es el uso de esa primera persona la que hace que esta novela nos toque el corazón y nos desgarre el alma, o quizás son las atrocidades que narra que ni siquiera la inocencia e imaginación de una niña pueden embellecer.

Khaled es el PADRE, si en mayúsculas, la vida lo ha golpeado donde más le duele, se ha llevado a su compañera de viaje y su hija perdió la visión por un exceso de oxigeno en la incubadora. Ello lejos de arredrarlo le da fuerzas para intentar que su hija sea independiente, que se valga por si misma, su arma es la imaginación porque ya que Ghada no puede ver la maldad del mundo, él le crea uno paralelo que la mente de una niña pueda asimilar, de ahí que en la bella Alepo haya barrios en los que campan las brujas, y lugares prohibidos para la niña. De la misma forma cuando empieza la guerra, Alepo ha sido invadida por los dragones, y disfraza la huida de la guerra en una gran aventura en búsqueda de una flor que los ahuyentará. No se le puede negar a Khaled imaginación y una fuerza de hierro.

Ghada a pesar de ser ciega es una niña despierta, que se va guiando de los olores, los ruidos y también de las sensaciones que siente en la piel. No conoce los colores, ni entiende conceptos como la luz, sin embargo, es capaz de llevar un día a día bastante normal, con la ayuda de otras personas que le hacen la función de ojos. Su gran sueño llegar a ser escritora, y para ello va al colegio, y así cuando empieza la gran aventura y comienza a echar de menos su país, amigos, vecinos que dejó por el camino inicia un diario que pretende sea su primera novela.

La novela la comienza en un tono amargo Khaled que mucho tiempo después le escribe una carta a Ghada explicándole que le obligó a tomar las decisiones que tomó, y a emprender el viaje, sin saber que hubiera pasado si hubiera tomado una decisión distinta. Y ya ahí percibes que la novela no te va a dar tregua, porque notas como una mano te aprieta el corazón , no demasiado, pero si lo suficiente para que la lectura no sea cómoda, porque te obliga a abrir los ojos a una realidad que por silenciada parece que no exista, que la hayamos dejado atrás hace mucho.

El relevo lo toma Ghada que con su inocencia, con su bondad, con la luz que emana ella entera te va contando cosas de Siria, de las personas que le rodean, y todo ello mientras afrontan una travesía en barca peligrosa de per se, con personas a las que no conocen y con realidades tan distintas a la la suya y la vez completamente similares. La voz de Ghada y de Khaled en ese momento usan el tiempo presente para llevarnos a ratos al pasado y explicarnos uno como han llegado a esa situación y la otra como era su vida antes de la aventura.

La decisión que toma Khaled es la que hubiera tomado cualquier padre que quiere preservar a su hija del dolor, de la maldad, inventar un mundo para ella es un acto de amor sin fronteras, hacerse cargo de un chiquillo que ha perdido a la única persona que lo cuidaba demuestra la integridad de un hombre que lo tenía todo, y lo pierde todo también, porque por perder, pierde hasta la dignidad y aún así tiene que seguir adelante, quizás esa sea su condena. Las páginas de las cartas que escribe a Ghada atenazan el corazón del lector, y nos sitúan en la realidad de Siria antes de la guerra, durante los primeros días, la huída, la llegada al campo de refugiados y de nuevo la huída hacía adelante en busca de una vida mejor para Ghada y Adnan.

La humanidad de ese padre dispuesto a todo por su hija se hace un hueco en el corazón del lector, el mundo sensorial de Ghada hace que la sonrisa aflore al rostro, que la presión amaine, que la dulzura de la muchacha impregne hasta los momentos más feos de esta historia, porque una guerra y un intento de salvar la vida no es baladí, poco espacio queda para la belleza y sin embargo los autores logran que el lector sienta que las páginas escritas por Ghada sean un remanso de paz, un oasis en medio de la guerra y la barbarie.

No os voy a negar que han sabido dar con el tono adecuado, con el equilibrio justo para que esta novela sea lo que pretende ser, una ventana abierta a Siria, a su guerra, al drama de los refugiados, a los campos de concentración con sus miserias, un altavoz en medio del apagón informativo al que que Europa ha sometido una realidad incomoda que se libra no tan lejos de nuestros hogares.

A pesar de todo cuando pensabas que no cabía más dolor, cuando tenías asumido que tu mirada no podría ser la misma, el mazazo que recibes te lo confirma, nunca más vas a poder volver a ver el conflicto sirio con los mismos ojos, porque Ghada y Khaled llegan al corazón del lector para quedarse, y el final duele, y la toma de conciencia del título resulta incluso cruel, no creo que haya lector que no se haya visto afectado por ese capítulo.

La cuestión del final fue uno de las cosas más comentadas en la charla y Rafa Avendaño reconoció que fue idea de Juan Gallardo, que después de mucho hablarlo se dio cuenta de que no podría ser otro, y que incluso a él le costó escribirlo, como no le va a costar al lector leerlo, como va a salir indemne de esas líneas.

Los autores han sabido crear unos personajes ricos en matices no solo los principales, también los secundarios, he quedado completamente prendada del viejo Ahmed y de su historia, de sus habilidades como perfumero, de los secretos guardados bajo llave, de su fortaleza para seguir adelante a pesar de todo el peso que sus hombros sin duda soportaban.

423 Colores es una historia de historias, cada uno de los personajes que transita esta novela tiene vida propia, un pasado y unos te atrapan más que otros, sin duda los de mayor protagonismo Khaled y sobre todo Ghada son los que se quedan en el corazón y eso lo puedo confirmar porque hace más de un mes que he terminado esta novela y siguen conmigo, de vez en cuando releo algún párrafo por puro placer.

La novela maneja un lenguaje sencillo, lleno de sensorialidad que atrapa al lector de tal forma que no puede dejar de leer, si acaso de vez en cuando necesita tomarse un respiro, pero a la vez necesita saber del sino de lo personajes. La alternancia de voces lo dotan de mucha agilidad de manera que la lectura fluye. Es lo primero que leo de los autores aunque no descarto hacerme con otras obras, se adivina tras esta novela una gran tarea de documentación. las descripciones de Siria, de la vida allí antes de la guerra, de los primeros días, de los campos de refugiados. Al mismo tiempo hacen un gran esfuerzo de mostrarnos el rico universo olfativo y auditivo de Ghada, y nos muestran que hasta las sensaciones sobre la piel son importantes para alguien carente del sentido de la vista.

Hace tiempo que no me compadezco de las personas que tienen funcionalidades distintas, las admiro por la fortaleza que muestran día a día, al mismo tiempo me doy cuenta de que para ser feliz solamente hay que proponerselo y que la perdida de un sentido no es motivo para no intentar serlo, y esta novela me ha hecho verlo claro una vez más y es algo que les agradeceré siempre a los autores.

Conclusión:

Si habéis llegado hasta aquí, habréis intuido que la novela me ha llegado muy adentro y se ha quedado conmigo una vez cerrada la última página, y sigue conmigo más de un mes después, eso os puedo asegurar que lo han logrado muy pocos libros.

A destacar la humanidad de sus personajes principales y también de los secundarios, la narración en primera voz por un padre dispuesto a cualquier cosa por salvar a su hija de la guerra y la de una niña que ve el mundo a través de la imaginación de su padre, adornada por la suya propia que no se queda atrás.

No es una lectura cómoda porque nos obliga a abrir una ventana a una realidad que desde Europa han silenciado, los sirios han sido abandonados a su suerte y 423 colores pretende ser una ventana desde la que se puedan asomar los lectores para que ese olvido no sea total.

No puedo más que recomendaros que os perdáis en el universo sensorial de Ghada y en la mirada certera de Khaled y que después compartáis vuestra opinión, porque mientras que alguien hable de ellos y los tenga presentes no serán olvidados del todo.



martes, 21 de mayo de 2019

Todo lo que sucedió con Miranda Huff

Hace tiempo que asumí que no puedo leer todo lo que se publica en España, me atraiga mucho o no lo haga en absoluto, el tiempo es finito y yo no se muy bien como me las apaño pero ni cuando  parece que voy a conseguir arañar minutos y horas para mi computo de ocio, ese se evapora como por arte de magia obligándome a robárselo a Morfeo, que parece abrazarme y envolverme en sus brazos con más fuerza que nunca.

Por ese motivo no había leído nada de lo que hasta el momento había publicado Javier Castillo, y cuando desde #SoyYincanera se propuso esta lectura, pensé que al fin me adentraría en la pluma del autor. No se si porque tenía las expectativas muy altas, porque los thrillers americanos no acaban de convencerme ni aunque los escriba un nativo, la cuestión es que la novela no ha sido lo que yo esperaba y eso que en un principio me atraía muchísimo.

Y es que una a medida que el tiempo cotizaba en bolsa cada vez a precios más desorbitados tuvo que ir renunciando a algunos hobbies y entre ellos, como no, estaba el séptimo arte. Además dentro de Periodismo tenía un asignatura en la que estudiamos planos cinematográficos, fundidos en negro, en blanco, grandes genios de los planos imposibles, y puede que yo esperara algo muy diferente de lo que he encontrado en esta novela, y no hay nada peor que las expectativas por las nubes y una trama frustrada, la que yo había urdido en mi cabeza.

También me he dado cuenta mientras conversaba con Ana Kayena, que este tipo de lecturas, lo que yo llamo thrillers americanos, sean o no de autor nativo no me parecen verosímiles y por tanto no terminan de gustarme, y es que todas las lecturas que ha propuesto #SoyYincanera de este corte me han dejado fría, y sobre todo no han sido lo que yo esperaba. Creo que no acabo de entender su sociedad, su justicia...

Aún así no se puede negar que la historia se deja leer, que entretiene, y que engancha porque el autor tiene la habilidad de cortar el capítulo en el momento álgido y deja al lector con ganas de más, por lo que acomete con avidez el capítulo siguiente, y así sin darse uno cuenta si tiene por delante un fin de semana se encuentra al final del libro.

El autor:
Javier Castillo creció en Málaga y estudió empresariales y un Máster en ESCP Europe. Ha trabajado como consultor de finanzas corporativas, pero abandonó los números a raíz del éxito de su primera novela,El día que se perdió la cordura (Suma), convertida en un fenómeno editorial, publicada en Italia, México, Colombia, Argentina, Portugal y próximamente Turquía, Japón y Corea. Asimismo los derechos audiovisuales han sido adquiridos para la producción de la serie de televisión.
Su segunda novela El día que se perdió el amor (Suma), afianzó a Javier Castillo como maestro del suspense y ambas novelas llevan vendidos más de 300.000 ejemplares en España. Todo lo que sucedió con Miranda Huff es su tercera novela y supone su confirmación como uno de los mejores escritores del género.

Lo puedes encontrar en

Twitter: @JavierCordura

Instagram: Javiercordura


Sinopsis:


Un fin de semana en una cabaña en el bosque.
Un matrimonio en crisis
Una misteriosa desaparición
¿Qué ha sucedido con Miranda Huff?

Una pareja en crisis decide pasar un fin de semana de retiro en una cabaña en el bosque en Hidden Springs, pero cuando Ryan Huff llega para encontrarse con Miranda la puerta está abierta, hay dos copas de vino sobre la mesa, nadie en el interior y el cuarto de baño se encuentra lleno de sangre.

Todo lo que sucedió con Miranda Huff es un thriller psicológico de ritmo vertiginoso donde parece imposible encontrar a Miranda con vida. Lo que Ryan desconoce es que la desaparición de su mujer conecta con su historia con la de su mentor, el gran James Black, y con el descubrimiento del cadáver de una mujer desaparecida treinta años atrás en la misma zona.


Mis impresiones:

No sabría explicar las sensaciones que tengo con este libro, no ha sido lo que esperaba, eso lo tengo claro, la historia prometía, tenía buenos mimbres, avanzaba de forma ligera, sin embargo al llegar al final me ha faltado algo, y no se explicar muy bien que es, quizás me había formado una idea diferente de esta historia, quizás no se conectar con las americanadas como yo las llamo, quizás me ha parecido muy previsible, cuando había material para que no fuera así, quizás me ha cojeado la investigación, ambos policías me han parecido muy irreales y la investigación en sí cogida en pinzas, quizás no haya conectado con ninguno de los personajes, salvo con Jeff, el único que me parece puro en esta trama.

Nos encontramos ante una historia narrada a tres voces y en dos tiempos verbales, una historia en la que nada es lo que parece y en la que todos los personajes tienen  más sombras que luces, y ocultan fantasmas en el armario, todos tienen una cara oculta que termina saliendo a la luz. 

Ryan nos cuenta en primera persona y en presente la desaparición de Miranda, su mujer, con la que últimamente tenía un desapego importante, el matrimonio estaba en crisis y los unía únicamente una situación económica más que delicada. No es un personaje que atraiga al principio y cuanto más avanza la novela menos simpatía despierta, más bien repele porque esconde tantos secretos que dificulta la investigación.

Miranda también utiliza la primera persona, pero su relato nos traslada al pasado, a los inicios de su relación con Ryan, y así el personaje a ojos del lector va perdiendo simpatías, la evolución de ese joven graciosete y atento al Ryan actual se nos va dibujando de forma siniestra, esa cara que esconde y que en un principio Miranda obvia y no le da importancia termina siendo una losa que la ahoga y le hace tomar decisiones que cambiaran la vida de ambos.

James Black es la tercera voz, narrada en tiempo pasado por un narrador ominisciente, esta es la parte que a mi más me ha interesado, quizás porque he vuelto a mis tiempos de estudiante, y quizás por ello también es la que más coja se me ha quedado, porque me hubiera gustado que hubiera ahondado más en las bambalinas de la cinematografía, en lo que se estudiaba en aquella universidad y no tanto en el escarceo de un estudiante y su profesora, la parte que más he disfrutado ha sido el rodaje de la película, y quizás también la que más me ha sorprendido, la que más ha sacado caras ocultas y maldades bien disimuladas.

Posiblemente James Black sea el personaje al que más he odiado a lo largo de la trama, es una persona tóxica para todo con el que intima, egocéntrico a más no poder, no hay forma de empatizar con él, ni en la trama pasada que protagoniza, ni en la presente en la que es un vértice completamente necesario.

Como contrapunto a Black, está Jeff, un hombre de su misma edad, que también ansiaba ser director de cine y cuya carrera quedó truncada incluso antes de despegar, un hombre un tanto especial cuya deformidad te causa un poquito de repulsión, hasta que sabes que se esconde detrás de esa apariencia y sobre todo cuando descubres que es la única luz entre tanta sombra.

El resto de personajes está un poco difuminado, el autor no ha entrado a fondo en ellos, no se caracteriza Javier por grandes descripciones, son los hechos los que conforman a los personajes,. por lo que si aparecen poco simplemente están esbozados.

Como podéis comprobar mimbres hay, sin embargo, a mi no me ha llegado a convencer la ejecución, no se le puede negar al autor maestría en el arte de engatusar y enganchar al lector, lo mantiene pegado a sus páginas, quiere saber más y más, descubrir el paradero de Miranda, saber porque Ryan oculta información a todo el que conoce, saber más de Miranda que en un principio se pinta como un verdugo para convertirse en víctima.

Puede que la novela avance tan rápido que haya giros que no sea demasiado verosímiles y otros sean demasiado previsibles para un lector avezado de thrillers, pero el libro cumple su cometido, entretiene y sobre todo tiene una gran legión de seguidoras que no pueden estar equivocadas, así que pienso que posiblemente el que este tipo de lecturas no me acaben de gustar esté el la punta del iceberg de que el libro no me haya llegado tanto como a otros lectores.

Nos encontramos ante una estructura aparentemente compleja, tres personajes unidos en el presente al que conecta el pasado del más mayor y para ello utilizan tres voces y dos tiempos verbales, con la primera persona logran que el lector se sienta parte de lo que cuentan, como si intimara con ellos, con el presente esta acción es más patente,y con el pasado tiende más a la confidencia, al te voy a contar un secreto y me lo guardas. Y para romper un poco ese clima intimo llega la voz en tercera persona, ese narrador que todo lo sabe y que conecta pasado y presente de los tres personajes, aunque sobre todo se centra en el pasado de James.

Y aún con esta estructura, el autor maneja una narración sencilla, sin grandes alardes literarios, retrata la realidad cotidiana, las desavenencias matrimoniales, el amor, el desamor, la venganza, los egos profesionales, y retrata muy bien tanto el esplendor como la decadencia de Hollywood, una ciudad en la que no todo brilla como el oro, aunque a la vista de la gente parezca así. Un mundo en el que hoy estas arriba y eres Dios y  mañana nadie recuerda tu nombre, no puedo negar que esa parte me ha entusiasmado, que incluso las desavenencias matrimoniales me han parecido creíbles, pero el giro que dan las tornas me parece un poco forzado, con muchas casualidades que no me terminan de convencer.

Los diálogos dan agilidad y codidaneidad a lo que se cuenta, , la ausencia de descripciones contribuye a que la lectura fluya, los capítulos más o menos cortos que te dejan con la miel en los labios son todo un acierto que te lleva a ese un capítulo más solo, y se te va media tarde a poco que la tengas libre, o te pasas la parada del tren, metro o bus, o si te pilla cocinando da la comida por quemada. Es una novela muy visual, ante mis ojos pasaban los fotogramas, si en algún momento hacen una versión cinematográfica o una serie seguro que no se parece en nada a lo que yo me he imaginado.

Por ese motivo es un libro que se puede disfrutar después de una lectura larga y densa, porque te proporciona puro entretenimiento, al mismo tiempo que juegas con el autor y este juega contigo, si te gustan los thrillers psicológicos y lo americano no te echa atrás como a mí, será una lectura que disfrutarás mucho. Si no al menos te entretendrá unas horas y eso ya es mérito.


Conclusión:


Nos encontramos ante un thriller psicológico, narrado a tres voces en dos tiempos verbales, una trama que da varios giros que intentan en todo momento sorprender al lector, aunque conmigo no lo consiguieron, será que una ya tiene unos cuantos leídos y va encontrando las pistas que el autor va sembrando en el texto, que no es cuestión de sacarse en el último capítulo un as de la manga que no venga ni a cuento.

Los personajes son muy de andar por casa, con sus egos, sus malicias, sus pequeñas o grandes maldades, incluso sus bondades, una novela que trata del amor, del desamor, de la venganza, de la lealtad e incluso de la deslealtad, de hasta donde es capaz de llegar una persona por triunfar y por  mantener a su lado a la persona amada y si ello no es posible que es capaz de hacer para que no sea de nadie más.

Todos y cada uno de los personajes son reconocibles, seguro que conocemos a alguien semejante en nuestro entorno, no nos cuesta imaginárnoslos y eso hace que el lector pueda conectar con ellos o no hacerlo en absoluto, yo soy de las que no he podido conectar con ninguno, salvo con Jeff.

¿Y tu has has leído todo lo que sucedió con Miranda Huff? ¿Me cuentas tus impresiones?