martes, 25 de junio de 2019

El último Barco. Domingo Villar

Diez años, nada más y nada menos, hemos tenido que esperar para encontrarnos con otra novela de Domingo Villar. En mi caso ya había perdido la esperanza de que esta llegara algún día, después de que se publicará a bombo y platillo la publicación de Cruces de piedra y de que se mostrara incluso la portada de esa novela, que de la noche a la mañana desapareciera como si nunca hubiera existido tal pretensión desengaña un poco al lector, que piensa año tras año que el próximo se reencontrará con Leo Caldas y Rafael Estevez, para mí el alma mater de este dúo, al menos hasta que comencé a leer El último barco.

En la última Feria del Libro de Madrid, como miembro de #SoyYincanera pude conversar con el autor acerca de este libro que tanto se ha hecho esperar, lástima que en aquel momento no llevara la historia leída del todo, porque hoy le hubiera formulado otras preguntas. Pero el día a día manda, y una no siempre dispone de todo el tiempo para leer que le gustaría.

Aún así el autor se mostró muy cercano, se interesó por la iniciativa, por como nació esta, que a decir verdad ese sábado 8 de junio repetimos como mínimo tres  veces. A quien había llegado ya al final del libro no le reveló nada nuevo, sin embargo a los que todavía andábamos degustando sus páginas nos explicó porque la novela no salió aún cuando ya había fecha de publicación, portada, e incluso se había comenzado a promocionar. Domingo Villar es un escritor exigente consigo mismo, que sabe ponerse en la piel del lector, porque su primer lector es él mismo. La novela estaba en fase de revisión, pero tras fallecer su padre el resultado no le entusiasmaba, le parecía plano, y si no le convencía a él ¿ cómo le iba a entusiasmar al lector?

Se agradece que alguien que se dedica a escribir piense tanto en el destinatario final de su obra, ya no solo por ofrecerle un producto de calidad que pueda entretenerle en su tiempo de ocio, cada vez más escaso por la sociedad en la que vivimos, si no también porque a pesar de ser un libro de un tamaño considerable, unas 700 páginas, también la letra tiene el tamaño apropiado para que el lector no lo pase mal cuando se sumerja en sus páginas. Y eso cuando una va teniendo una edad y problemas con el cansancio de los ojos a pesar de llevar gafas de presbicia, lo valora muy positivamente.

Domingo Villar es un hombre reflexivo, sereno, tranquilo, y todo eso se refleja en sus textos, en sus historias, en algunos de sus personajes, en esta novela no podía ser distinto aunque eché un poco a faltar más protagonismo de Rafael y del propio padre de Caldas. Domingo Villar nos comentó en la terraza en la que descansábamos los pies del paseo entre casetas que se había querido centrar más en el inspector porque el carácter del maño y del padre Leo, lo eclipsaban, lo hacían más gris de lo que realmente es el personaje, por ello ha tenido que darles un papel secundario a los personajes que en un principio a mi más me llamaban la atención.

Pero como siempre me voy por las ramas, hay tanto que contar, sin revelar nada, que me pierdo y empiezo la casa por el tejado. Así que vamos a meternos en harina que de la novela queda mucha tela que cortar, y si consigo que te intereses por la serie lo daré por bien empleado.

El autor:
Domingo Villar (Vigo, 1971) inauguró con Ojos de agua la exitosa serie protagonizada por el inspector Leo Caldas. El segundo título, La playa de los ahogados, supuso su consagración en el panorama internacional de la novela negra, obteniendo excelentes críticas y ventas. En 2019 se publica El último barco, el esperado regreso del inspector Caldas. 

La serie ha sido traducida a más de 15 idiomas y ha cosechado un gran número de premios, entre los que caben destacar el Novelpol en dos ocasiones, el Antón Losada Diéguez, el Premio Sintagma, el Premio Brigada 21, el Frei Martín Sarmiento, Libro del Año de la Federación de Libreros de Galicia. También ha sido finalista de los Crime Thriller Awards y Dagger International en el Reino Unido, del premio Le Point du Polar Européen en Francia y del premio Martin Beck de la Academia Sueca de Novela Negra.

Sinopsis:

UN NUEVO CASO PARA EL INSPECTOR LEO CALDAS.

La hija del doctor Andrade vive en una casa pintada de azul, en un lugar donde las playas de olas mansas contrastan con el bullicio de la otra orilla. Allí las mariscadoras rastrillan la arena, los marineros lanzan sus aparejos al agua y quienes van a trabajar a la ciudad esperan en el muelle la llegada del barco que cruza cada media hora la ría de Vigo.

Una mañana de otoño, mientras la costa gallega se recupera de los estragos de un temporal, el inspector Caldas recibe la visita de un hombre alarmado por la ausencia de su hija, que no se presentó a una comida familiar el fin de semana ni acudió el lunes a impartir su clase de cerámica en la Escuela de Artes y Oficios.

Y aunque nada parezca haber alterado la casa ni la vida de Mónica Andrade, Leo Caldas pronto comprobará que, en la vida como en el mar, la más apacible de las superficies puede ocultar un fondo oscuro de devastadoras corrientes.

Mis impresiones:

Mucho se ha hecho esperar la tercera de la serie y tenía las expectativas por las nubes, desbocadas cual corcel indómito. Nunca es bueno empezar una novela esperando tanto de ella a riesgo de que no cumpla con lo deseado y de al traste con una buena historia. Con el libro ya en casa y temiendo por la integridad física de mis hombros y mis cervicales comencé a pasearme por reseñas, creo que pillé a unos cuantos con ellas igual de desbocadas que las mías porque me deshinché un poco y decidí meterme de cabeza en la historia a disfrutar de lo que me quisiera contar Domingo Villar.

Asusta un poco cuando te encuentras con una novela de poco más de setecientas páginas, máxime cuando las otras dos tenían un tamaño más comercial, en ese momento suspiras y piensas que para algo ha tardado 10 años y poco aprovechó de lo que tenía escrito de Cruces de piedra y te preparas para disfrutar de la prosa del gallego, de sus descripciones, de sus personajes, aunque yo esperaba mucho más protagonismo de Rafael Estevez y del padre de Leo, que son los que imprimen los trazos de humor en la serie.

Domingo Villar hace libros autoconclusivos, sin embargo si no has empezado la serie te recomendaría empezarla por el principio, por la evolución de los personajes, que aunque el autor los contextualiza bien algunos matices se pierden por el camino. En este libro el maño no ha sido capaz de levantarme ninguna carcajada a lo sumo una sonrisa, pero en los anteriores ni un libro de humor me ha divertido tanto. Y otro tanto podría decir del Libro de idiotas del padre de Caldas, creo que todos deberíamos tener uno, es una vía de escape, yo me lo llevo planteando desde la primera novela, algún día llegará el momento, lo presiento.

Una vez sentadas las bases, he de confesar que he disfrutado de este libro, pausado, reflexivo, de cocción lenta, sin prisas, como hacían los guisos nuestras abuelas, con todo el amor del mundo y dedicándole tiempo, el mismo que le va a tener que dedicar el lector, porque nos encontramos ante una novela en la que el ritmo no es vertiginoso, en la que constantemente no están pasando cosas, en las que el autor se toma su tiempo para convertir a Vigo en un personaje más de El último barco. Y a pesar de no ser una novela de ritmo ágil, las páginas van cayendo, se escurren como arena entre los dedos, y ello se debe en gran medida a la estructura de la novela.

El autor nos presenta capítulos cortos, como pequeñas historias que al terminar el libro conforman una gran historia, no pretende ser un page turner de hecho cada capítulo no termina en el punto álgido para obligar al lector a un capítulo más, sólo uno más, que se eterniza en el tiempo, perfectamente puedes dejar el libro al final de un capítulo si otros menesteres más urgentes e importantes lo requieren. Me ha gustado comprobar que es fiel a un estilo, desde la primera novela los capítulos empiezan con la definición de una palabra, esta nos da una pista de por donde se va  mover la acción, y al no utilizar un solo diccionario los que por una razón u otra estamos familiarizados con su uso, o al menos yo, me he visto elucubrando a cuál de ellos pertenecería la definición o si sería de la cosecha del propio autor.

Para contarnos la historia se vale de los diálogos y de las descripciones, utiliza los primeros para que las páginas avancen a pesar de que la investigación pueda estar atascada o varada, para que conozcamos a los personajes, algunos de ellos reales como los profesores de la Escuela de Artes y Oficios de Vigo, que no por serlo se libran de estar en el punto de mira y de sospecha, me ha gustado mucho ese punto, otros como en toda obra de ficción fruto de la imaginación del autor, sin embargo, tan reales, tan bien dibujados que bien podrían ser reales. Las descripciones las deja para los paisajes, para los edificios, las playas, la fauna y incluso la flora de las Rías Bajas, y yo las he disfrutado como una niña pequeña.

Me hubiera gustado conocer cuando visité Vigo la escuela de Artes y Oficios, me hubiera gustado visitarla, si eso es posible que lo desconozco, me he enamorado de lo que nos cuenta sobre ella Domingo Villar, quizás porque vengo de una tierra en la que se cuece cerámica, quizás porque soy madre de músicos y el oficio de luthier no me es desconocido, aunque mis hijos tocan otro tipo de instrumentos, viento metal, quizás porque la paciencia no es mi fuerte y son oficios que requieren de una gran vocación y grandes dosis de la virtud de la que yo carezco, me he recreado en esos pasajes, y los he disfrutado tanto, que incluso he releído algunos solo por el simple placer de hacerlo, imagino al autor documentándose sobre el tema, visitando la escuela, entrevistándose con sus profesores, los imagino a ellos eligiendo la madera más adecuada para cada pieza, y trabajarla con mimo, dedicándole algo de lo que andamos muy faltos en esta sociedad, tiempo.

Otra de las disciplinas que allí se imparten es el dibujo, y ahí si que en otros tiempos se me dio bien, no puedo decir que derrochara paciencia, porque cuando no salía lo dejaba durante días hasta que encontraba de nuevo el camino, pero nunca intente dibujar al natural, lo mío era menos sotisficado, quizás por el dibujo que aquí se nos presenta requería de de dos virtudes que no poseo, y no creo que a estas alturas vaya a poseer la constancia y la paciencia. Y fíjate que en esas paredes pude verle un trazo de ironía a Caldas que me hizo reír, cosa a lo que no me tiene acostumbrada el inspector, aunque también he de reconocer que el mérito en parte lo tiene el maño que es un personaje bruto, pero muy puro, que actúa por puro instinto y sin maldad, aunque los gallegos y sus ambigüedades lo saquen de quicio.

Parte de la novela está ambientada en Tiran una pequeña parroquia situada enfrente de Vigo, conectada con la ciudad por un barco, de ahí el título de la novela, y ahí es donde se explaya el autor en las descripciones, y a cuenta de un biólogo inglés nos describe incluso las aves que podemos encontrar allí, el trabajo de las mariscadoras, las bateas de mejillones, la vida alejada del trasiego de las grandes ciudades, el carácter de la gente que vive en zonas rurales,  la forma de vida mucho más tranquila, el tipo de amistades que se forjan. Me he enamorado de esos pasajes, no me ha sobrado ni una sola línea, ni un sólo párrafo, se que no a todos los lectores les gusta recrearse y el ritmo pausado de las descripciones, pero a mi me hacen viajar hacia una zona que no conozco, sin moverme del sillón de lectura y eso me aporta mucho placer.

Ese contraste entre la vida de la ciudad y las zonas más rurales también queda patente en la vida que lleva el padre de Leo Caldas, un hombre que vive en un paraje solitario, al cuidado de las vides y el vino que embotella, es difícil no enamorarse de ese entrañable anciano que pretende vivir la vida a su manera, sin tener miedo pese a la insistencia de su hijo de que coloque barrotes en las ventanas. El padre del inspector nos da lecciones de vida, y su libro de idiotas es memorable, en esta entrega a pesar de su extensión tiene pocas apariciones estelares, pero todas dignas de mención.

Otro de lo temas que bordean esta novela o que la sostienen por entero son las relaciones paterno filiales:

La que el doctor Andrade mantiene con su hija desaparecida, una relación poco cordial dadas las altas expectativas que el padre había puesto en su única hija y que esta se ha encargado de tirar por los suelos una y otra vez, una relación que descubriremos a través de diálogos en los que nos será muy fácil meternos en la piel de Mónica y no sabremos calzar en muchos momentos los zapatos del doctor, al menos a mí me ha resultado un personaje repelente por momentos, aunque puedo entender su preocupación me cuesta comprender la forma que tiene de aprovecharse de su posición social y de su buen hacer como cirujano para intimidar a todos los estamentos y presionarlos.

La que Rosalía Cruz mantiene con su hijo Camilo, un chico especial que rehuye el trato con la gente, y que en cambio posee el don de dibujar como si fuera una fotografía escenas que solo ha visto durante escasos minutos, quizás esta relación ha sido la que más me ha marcado, porque me he intentado meter en la piel de la madre y dolía tanto que no era capaz de aguantar el coraje de esta mujer, en cambio no he sido capaz de meterme en la piel de Camilo, a pesar de que se explica muy bien que enfermedad padece, y las descripciones a través de los diálogos son muy visuales, no he podido meterme en su mente, hasta casi el final, y si lo leéis comprenderéis porque, solo en ese momento me inundó la rabia y supe que podía sentir una persona como él.

Y por último la que mantiene el propio inspector con su padre, una relación cercana, marcada por la pérdida temprana del referente femenino de la familia, parece que por momentos los roles se invierten que es Leo quien se preocupa por su padre, por su bienestar, el que como policía teme que pueda ser asaltado por la noche. Sin embargo, su padre a pesar de los años sigue protegiendo a su cachorro, le sigue dando consejos, lo sigue consolando, consigue que salga de los episodios de letargo.

Domingo Villar parte de la desaparición de una persona adulta denunciada por un padre con el que la desaparecida no guardaba buena relación, nada hace presagiar que haya podido sucederle nada, faltan unos pocos enseres en su casa, la vieron salir de madrugada para coger el barco y nadie ha pedido un rescate por ella. Todo parece apuntar a que se ha ido durante unos días. Sin embargo, hay ciertos flecos que hacen dudar al inspector, no ha pedido a nadie que se haga cargo de su gato,  se ha dejado unas pastillas anticonceptivas, y no avisó en el trabajo de que no iba a acudir aún cuando estaba a cargo de las tutorías por estar de viaje el profesor titular.

Con estas premisas Domingo Villar nos presenta una investigación a la española, sin los grandes trucos que podemos ver en las series de CSI, una línea mucho más pausada, que depende de que el juez autorice ciertos pasos, que llega a puntos muertos, una investigación en la que se ha de volver una y otra vez sobre los mismos informes, a hablar con las mismas personas, para encontrar ese hilo del que tirar, para confirmar o rebatir hipótesis, de ahí que aunque siempre se esté trabajando el padre de la desaparecida tenga la impresión de que no se hace nada por encontrar a su hija y siga apretando las tuercas en todos los estamentos. Disfruto tanto con estas investigaciones, me parecen tan creíbles, tan reales y verosímiles. Leo Caldas va poniendo todas las pistas sobre la mesa, no se guarda ningún truco, de hecho yo descubrí mucho antes que el inspector que había pasado y quién estaba detrás. Con ello no quiero decir que esta lectura sea previsible, hay gente que llega al final y no ha sido capaz de descubrirlo, supongo que llevo muchos libros leídos, o quizás estaba con los cinco sentidos puestos en la lectura, cosa que siempre no me es posible.

Igual es por deformación profesional pero me ha llamado la atención el papel de la prensa y de cierto periodista en el caso, y es que como buen sabueso Losada es incapaz de soltar un titular cuando lo huele, y unas pocas palabras de Leo Caldas lo ponen en alerta. La policía no suele confiar en la prensa puesto que pueden hacer variar las líneas de insvestigación. El papel de Losada y sobre todo ese programa especial que prepara me pusieron los nervios de punta, yo desde luego no lo hubiera llevado de esa forma, y sobre todo no hubiera apuntado una línea de investigación que la policía ya tenía descartada no se puede negar que da juego, y que supone una crítica velada o quizás no tanto al papel que asumen ciertos profesionales y ciertos medios de comunicación, y como no las repercusiones que tienen en las personas que se ven afectadas. Ese retrato me ha parecido muy realista, en pequeñas comunidades como Tiran ciertas sospechas verbalizadas pueden complicarle la vida mucho más a las personas señaladas.

Me ha sorprendido, aunque no será porque lo he visto en infinidad de ocasiones, como la vida puede ser muy traicionera y darte una mala mano que te condene a la peor de las soledades, a aquella en la que estas rodeada de muchas personas. El personaje de Napoleón me ha llegado al alma, reinventarse o morir, no hay verdad más certera, pero la conversación entre el vagabundo y el inspector se me quedó dando vueltas en la cabeza durante muchos días, quizás demasiados y me hizo tomar conciencia de lo efímero que es a veces el éxito y la felicidad.

Domingo Villar es un enamorado de su tierra, aunque vive en Madrid desde hace años, de su gastronomía, de sus gentes. Nos descubre enclaves en los que degustar la cocina gallega como el Marusia en Tiran, el Bar Puerto o A Taberna de Eligio en Vigo. Y como no es un gran embajador se sus caldos, de los vinos gallegos. Posiblemente es de los pocos autores que escriban al mismo tiempo en su lengua materna y en Castellano, no lo traducen si no que el escribe al mismo tiempo la versión en castellano y en gallego, en una expresa mejor los sentimientos y la otra le da la sonoridad y musicalidad que la primera no tiene.

Me he dejado cosas en el tintero, algunas seguramente por olvido, otras a propósito para que las descubráis vosotros, para no daros ninguna pista sobre ese final que supone un broche de oro para la novela, aunque lo intuyera mucho antes de que el autor lo apuntara. Solo me queda recomendaros esta serie, y si habéis leído las anteriores novelas que no os asusten el número de páginas de esta, eso sí no es un libro cómodo para llevar a cuestas, si tu intención no es leerlo en casa mejor compras una edición en digital.

Conclusión:

Ha valido la pena esperar estos diez años, Domingo Villar nos presenta una novela madura, reposada, hecha a fuego lento, con mucho amor por su trabajo, por los personajes y mucho respeto por el lector que se tiene que enfrentar a su obra. Y eso se nota en el resultado final, una historia cuidada, con una prosa concisa, con unos diálogos magistrales que te sitúan en la trama y que te ahorran algunas descripciones. Y las muchas de estas últimas que encontramos se refieren a enclaves y paisajes de Vigo, las Rias Baixas, de su flora y fauna, y a mi al menos ni me ralentizaron la lectura, ni me aburrieron, las disfruté como una niña.

Nos encontramos ante una novela coral, con muchos personajes, algunos de ellos reales, a los que descubrimos a través de diálogos ágiles, la historia sin embargo avanza a ritmo pausado al principio como suelen hacerlo las investigaciones policiales y a partir de un determinado punto al lector le entra ansias por saber, la narración sigue siendo pausada y reflexiva y sin embargo da la sensación de que avanza más rápidamente.

El autor nos presenta una estructura cómoda, como capítulos cortos y conclusivos, no pretende imprimir un ritmo rápido a la lectura, no corta la narración en el punto álgido, si no más bien nos presenta un conjunto de pequeñas historias que terminan dando lugar a la novela final. A pesar del gran número de páginas, esta estructura y la letra más bien grande que no es normal en libros de esta envergadura le proporcionan al lector unas agradables horas de ocio lector.

He echado de menos un poco más de protagonismo en personajes cómo Rafael Estévez y el padre de Leo Caldas, entiendo que ambos se comían el protagonismo del inspector, y que el autor quisiera que este recuperara su posición en la serie, sin embargo para mí esos momentos de humor eran tan desestresantes, que los he echado de menos. En esta entrega no he sido capaz de lanzar una carcajada sonora como en las anteriores y eso que el maño sigue tan bruto como siempre, y el carácter de los gallegos lo siguen sacando de quicio.

Una novela redonda, con un final que no desmerece la trama, he disfrutado con mi paseo en barco en la cubierta de El Pirata de Ons, quizás porque yo también me mareo como Caldas, me ha encantado recorrer en bicicleta el trayecto desde la casa de Mónica hasta el puerto de Moaña, he disfrutado de los paseos por la playa, de las conversaciones con las mariscadoras y con el biólogo inglés. Me he quedado con las ganas de recorrer in situ la Escuela de Artes y Oficios de Vigo, y he disfrutado con los Caldas tanto de las catas de vino, como del foie grass de oca, como de las viandas gallegas.

Más vale acometer este tipo de lecturas con el estomago lleno y no tener a mano un buen vino blanco fresco, porque se te antoja. Muy recomendable, pero si no has leído la serie, comienza por el primero seguro que agradeces el consejo.

Y tú ¿ Has leído El último Barco? ¿Compartes conmigo tus impresiones?

Os dejo algunas fotos del encuentro con Domingo Villar en la Feria del Libro de Madrid, un placer a haber compartido contigo un ratito entre firma y firma




jueves, 13 de junio de 2019

Madera de savia azul. Jose Luis Gil Soto

Con Madera de savia azul he podido constatar lo importante que es la sección en la que la editorial encuadra un libro, supongo que no soy la única lectora que huye de algunos géneros porque no hay manera humana de que me lleguen, siempre tengo un pero, y si soy sincera si no creo en dragones, seres mitológicos, gnomos, hadas, difícilmente la culpa la tiene la novela en cuestión, más bien está en mis gustos y en mi bagaje.

Y todo esto os lo cuento porque ya tenía descartado este libro cuando Ana Kayena llegó con la noticia de una simultánea en #SoyYincanera y yo por activa y por pasiva quería bajarme de ella por el bien de la novela. No es difícil intuir que si el género no me gusta difícilmente la experiencia podría resultar placentera y  por ende mi opinión resultaría poco válida a lectores que seguro disfrutan de él.

Como no es lista la madrileña ni na, empezó a leerlo antes de darme la noticia, llevaba más de cien páginas y no había visto el corte fantástico por ningún lado y con la confianza que dan los años trabajando codo con codo me aseguró de que disfrutaría como una enana porque estaba más cerca de la ficción histórica de lo que me pudiera imaginar.

Vencí mis reticencias y me lancé a la aventura de una nueva lectura simultánea con el temor todavía en el cuerpo, y hoy tras haber disfrutado cada una de sus páginas, y si me apuras cada una de sus líneas no me arrepiento de haber cambiado de opinión, de haberme sumergido en ese viaje épico y haber acompañado al pueblo de Ariok en ese éxodo a la tierra prometida.

Si como a mí no te gustan las novelas fantásticas, no temas abordar Madera de savia azul, porque si bien la trama sucede en un reino inventado por el autor, y adoran a diversas deidades, el resto de la historia es perfectamente verosímil, ha salido de la mente del autor, pero  hubiera podido pasar. Para mi nos encontramos más ante una novela épica, de aventuras o ficción histórica que de fantasía.

Una vez puntalizado esto, me meto en harina que no se si seré capaz de hacerle justicia a lo que yo considero UN NOVELON y no precisamente por el número de sus páginas que bien podría serlo, que sin anestesia son más de seiscientas, así que cuidadín con las contracturas si eres de las que sólo lee un libro y no lo compaginas con ninguno más porque el bolso puede convertirse en un arma de destrucción masiva, tanto para quien ose apropiarse de él como para tus hombros y caderas.


El autor:

José Luis Gil Soto nace en Badajoz en 1972, es ingeniero agrónomo, estudiante de Humanidades y novelista. Autor de numerosos guiones literarios y publicitarios, es autor de las novelas La traición del rey (2008), La colina de las piedras blancas (2010) y la dama de Saigon (2014). Aficionado a la historia, estas obras recrean episodios del pasado de España.

Ahora con Madera de savia azul, deja a un lado el género histórico para ofrecernos una novela en la que cada lector encontrará personajes, dilemas y conflictos con los que conectará profundamente. Una gran historia como las de antes, de la que no querrás salir nunca y cuyo emocionante final dejará una huella imborrable en tu memoria.

Puedes encontrar al autor en:

Twitter @glgilsoto

Facebook e Instagram: @joseluisgilsoto



Sinopsis:

El destino de un niño.

Erik tiene apenas cuatro años cuando pierde a su madre en el gran terremoto que destruye Waliria, la capital de Ariok. Su padre, el carpintero Bertrand de Lis, y Astrid, la humilde viuda de un herrero, no pueden imaginar que la catástrofe no solo cambiará sus vidas para siempre, sino que, sin quererlo, les hará dueños de secretos que nunca hubieran querido tener que guardar.


El viaje hacia un reino de leyenda.


Tras el desastre, y alentado por una profecía, el rey decide emprender con su pueblo un peligroso viaje hasta tierras del sur. Una gran caravana se pone en marcha. La esperanza, el miedo y la ambición viajan con ellos.


La búsqueda de un padre.


A Bertrand solo le queda su hijo, y su única preocupación es cuidarle, pero un hecho inesperado cambia el rumbo de sus vidas. Así, quien era solo un hombre bueno y sencillo, se convertirá en protagonista de una aventura épica, impulsada por el profundo amor a su hijo y su deseo de volver a reunirse con él.

Una gran novela, llena de emociones y aventura, que nos traslada hasta un mundo medieval legendario para mostrarnos las grandes pasiones que, desde el principio de los tiempos, mueven al ser humano.

Mis impresiones:


Madera de savia azul comienza creando intriga, en una estancia forrada en madera del suelo al techo, una vieja aya se dispone a contarle a la princesa una historia, pero no una cualquiera si no su propia historia, la que lleva muchos años guardando y que la ha corroído porque sus hombros no estaban preparados para tanta responsabilidad en el peor momento de su vida.

Así en el tono reposado de una mujer cansada que ve como la vida se le escurre de las manos y no quiere llevarse con ella la esencia de quién es la persona llamada a reinar en Ariok, comienza una relato que nos llevará desde Waliria a los Grandes Lagos. Un éxodo no exento de peligros, aventuras, y como no desventuras que hará las delicias del lector de cualquier género, que a pesar de su grosor irá avanzando unas veces lentamente y otras con más rapidez, porque el autor sabe dosificar la intriga, maneja el arte del diálogo y del monólogo, y ha sabido crear unos personajes que de tan reales se salen del papel y se convierten en carne y hueso para quedarse con el lector mucho tiempo después de haber cerrado la última página.

Lo que relata el aya a la princesa está narrado en primera persona, después la voz pasa a la tercera persona del singular y un narrador omnisciente nos cuenta una aventura mucho más amplia en la que el pueblo de Ariok es el protagonista absoluto, pero dentro de este gran pueblo existen unos secundarios de lujo que van a ser los que nos van a montar en una montaña rusa, en las que unas veces reiremos y otras las más nos angustiaremos, porque yo no soy llorona, pero seguramente a alguien le pueda provocar el llanto y otras nos enfadaremos con la situación, con los personajes, con el destino en general. Una novela que desde luego no dejará indiferente al lector, en la que el autor está hábil con los giros, y en la que en todo momento pasa algo.

Toda aventura suele comenzar con un desastre de la entidad y magnitud que sea, pero por regla general hoy y siempre el ser humano suele ser acomodaticio, así que para lanzarse al vacío y sin red como el pueblo de Ariok algo tiene que destruir su bienestar. En este caso es un terremoto que asola la capital del reino, termina con parte de su población y obliga a su rey a tomar una decisión, reconstruir la antigua Waliria, o ir en pos de una leyenda como prometió un día a su difunto padre.

Magmalión, el rey de los arokies es una persona responsable, cabal, que sopesa bien los pros y los contras, sabe que van en busca de algo que ni siquiera saben si existe, aunque él fervientemente cree que sí, pero sobre todo no saben bien donde está, a que peligros se van a enfrentar, aunque sí tiene claro que no todos van a llegar, y también que no pueden permanecer en la ciudad porque bajo los escombros hay muchos cadáveres y las ratas campan a sus anchas.

Los súbditos con el alma algún encogida por el dolor de la pérdida de sus seres queridos, se ven ante una disyuntiva difícil de asimilar, seguir a su rey en busca de una tierra fértil, o quedarse a morir en aquella explanada porque entrar a la ciudad y sobrevivir en ella no es una opción. Entre estos arokies se encuentran Bertrand de Lis y Astrid, el primero ha perdido a su mujer, Lizet y ha logrado salvar al pequeño Erik que pierde el habla, la segunda ha perdido a su marido y a su hija.

Ambos iniciaran el viaje en diferentes grupos, vigilándose por el rabillo del ojo, procurando cuidar entre ellos, hasta un momento en que el camino se dificulta y Bertrand pierde al resto de la expedición de vista, pero al mismo tiempo a su hijo. A partir de este momento el papel de Erik se hace mucho más importante en la novela, pero me vas a permitir que te recomiende internarte en la historia para descubrir porque.

La novela está ambientada en la Edad Media, las comunicaciones en aquella época eran lentas, las travesías arduas, este aspecto queda muy bien reflejado en el libro, igual que la vida en la Corte, la división en gremios y la importancia de estos en una gran ciudad. Bertrand es maestro carpintero, de ahí la importancia de la madera en la historia y en el mismo título, de ahí la importancia que cobrará la estancia en la que se encuentran el aya y la princesa, de ahí que mi me apeteciera visitar ese palacio y en especial la habitación del monarca. Mi mente que en ocasiones se desboca pudo incluso visualizar parte de esa decoración, imaginar las casas que construía sin tener ni la mas remota idea de construcción.

José Luis Gil Soto consigue que la novela pase en ocasiones ante tus ojos como si de fotogramas se tratara, y las situaciones que pasa el pueblo no son precisamente un camino de rosas, más bien podríamos decir que atraviesan caminos de espinas y que estas no parecen tener fin. El autor es minucioso en sus descripciones, y no le ahorra al lector escenas escabrosas y hay algunas que a fe reconozco que me enrabietaron, cabrearon y un sin fin de adjetivos que no quiero pronunciar y casi todas esas escenas iban unidas al villano de esta novela, porque haberlo haylo, y el lector lo odia desde su primera aparición, pero no solo a él, también al instigador de tanta maldad, su padre, porque al proyectar su larga sombra sobre él lo convierte en más malvado de lo que por naturaleza es.

Habréis podido imaginar que nos encontramos ante una novela coral, en la que la mayoría de los personajes están bien dibujados, con matices, tanto física como psicológicamente, aunque lo segundo predomina, ningún personaje por poco peso que tenga resulta gris o plano, y al lector no le resulta indiferente, le puede gustar más o menos, le puede inspirar ternura, odio, pero resultarle indiferente pocos. Entre ellos destacan, Bertrand, Astrid, Erik, Elisheva, la princesa Shebaszka, Barthazar, Gabiok, la Gran Aya, Dragan, Willem...

Muchos y muy variados y aún así quien se adentra en sus páginas no tiene la sensación de perderse y de necesitar un árbol genealógico para situarse y eso es lo sorprendente de esta novela, que va avanzando y al tiempo que unos personajes se quedan por el camino aparecen otros, y en un momento dado, cuando Bertrand se separa de la caravana, nos encontramos con dos historias paralelas, la del pueblo de Ariok en busca de ese lugar de leyenda para asentar su capital, y la lucha de Bertrand por encontrar a su hijo y aún así en todo momento sabemos de quien se habla sin necesidad de fichas, ni apuntes.

En Madera de savia azul José Luis Gil Soto aborda temas que son tan antiguos como el mismo mundo y la vida, el amor en todas sus variantes, el dolor ante la pérdida de seres queridos, la envidia, la ambición, la maldad, las intrigas en la Corte, el poder, el todo vale para conseguirlo, los sacrificios en pos de un bien común, el instinto de supervivencia, la venganza... Y si algo nos queda claro es que la felicidad es efímera, que hay que vivir el día a día porque no sabemos que ocurrirá mañana, si vamos a seguir teniendo a la persona que amamos al lado, si la estabilidad de la que disfrutamos va durar o no.

Al tiempo que aborda un oficio fascinante de la mano de Bertrand de Lis, el trabajo con la madera, tanto en la elaboración de pequeños y grandes muebles, como en empresas más laboriosas como la construcción de casas, o en la decoración. De la mano de Bertrand recorreremos todo el camino lo veremos crecer como maestro carpintero, lo veremos posponer una y otra vez la búsqueda de su hijo que es el motor principal de su existencia, con él sufriremos y reiremos, experimentaremos la crudeza de la vida del bosque, la maldad que se gastan algunos, el salvajismo de los nómadas, las reglas que rigen en ese mundo olvidado de la civilización, la jerarquía de un jefe...

De la mano de Astrid conoceremos la vida en la Corte, sus intrigas, los personajes nobles aunque no en acciones, viviremos con ella la zozobra de no saberse segura, de ser depositaria de un secreto demasiado pesado para sus endebles hombros. El caprichoso destino la pondrá  un sinfín de ocasiones en una disyuntiva que ella tendrá que resolver de la forma que más convenga al reino, aunque con ello dañe a las personas que más quiere.

Si he admirado a Bertrand desde el principio, con Astrid he mantenido una lucha interna en la que no siempre salía bien parada, el autor ha sido diestro a la hora de manejar las emociones del lector que en un momento dado coinciden con las de la misma princesa. Al menos yo he sido capaz de comprenderla, y sinceramente creo que hubiera actuado igual que ella, era demasiado lo que estaba en juego, pero hay que dar tiempo a la narración, a que el autor vaya descubriendo sus cartas, que son muchas y muy variadas.

No puedo más que recomendar esta lectura que estoy convencida hará las delicias de cualquier lector, tenga la edad que tenga, y frecuente el género que frecuente. José Luis Gil Soto tiene oficio, sabe escribir, y sobre todo sabe narrar, sabe contar una historia con maestría de manera que atrape al lector y termine olvidando que tiene entre sus manos un libro de más de seiscientas páginas, y solo pretenda conocer y descubrir en que termina esa gran aventura que empieza el pueblo de Ariok.

Soy consciente de que me dejo muchas cosas en el tintero, unas porque quiero que las descubras tú, de la misma forma que las he descubierto yo, otras por incapacidad para hacer honor a esta historia, pero espero que al menos a partir de mis letras te animes a darle una oportunidad a este libro, porque estoy segura de que no te vas a arrepentir.

Conclusión:

A riesgo de repetirme, Madera de savia azul será mi libro revelación de 2019, una novela que no hubiera elegido por estar encuadrada por la editorial en el género fantástico y que me ha procurado muchas horas de buena lectura.

UN NOVELÓN, que cuenta con unos ingredientes atractivos y con un cocinero de excepción que sabe cocinar la historia a fuego lento, como las abuelas preparaban los pucheros, dejando que soltaran toda su esencia. Así es esta historia, una narración cuidada, lenta, que avanza al ritmo que las comunicaciones en la época en la que se ambienta, y el resultado es una historia bella, como la prosa del autor y los personajes que con gran tino ha sabido crear.

Si como a mí no te gusta la novela fantástica, no descartes por ese motivo Madera de savia azul, porque te vas a encontrar con una amalgama de géneros y lo único que tiene de fantasía es el lugar en el que transcurre, que ha salido de la mente del autor, todo lo demás bien podría haber pasado, es muy verosímil, y te vas a encontrar historias de amor, de desamor, traiciones, la lucha del hombre contra la naturaleza, intrigas en la  Corte, celos, maldad, engaños, venganzas ...

¿Se puede pedir algo más?  Sí tiempo para disfrutar de este tipo de historias y autores valientes que se atrevan a escribirlas.








miércoles, 29 de mayo de 2019

423 Colores

Hay títulos que llegan de forma inesperada por recomendación, no sabes muy que esperar de ellos porque nunca habías oído hablar de ellos, y además te proponen hacer una lectura simultánea., una gran responsabilidad porque no todos los libros son atractivos para comentar por las redes. Cuando comencé a leerlo se me encogió el alma, me dieron un pellizco en la boca del estómago y esa sensación duró toda la lectura.

Y es que salir de la zona de confort cuesta mucho, dejar de mirar hacía los lados y tirar balones fuera es toda una odisea y los autores de 423 Colores se propusieron llenar a modo literario ese apagón informativo al que está sometida Siria, su conflicto armado y los miles de refugiados, desde hace más de un año. Hasta que abordé está lectura no me di cuenta de lo muy equivocada que estaba sobre la situación previa que se vivió en el país y mucho menos de la actual.

Con motivo de la Feria del libro, el Club de lectura Cosas & Musas al que pertenezco bajo el lema Lecturas que mueven conciencias programó un par de encuentros literarios y en uno de ellos tuvimos la suerte de contar con Rafael Avendaño y oír de su propia voz que les impulsó a escribir el libro, que pretendían con 423 Colores. Pero no estuvo solo, le acompañaba una integrante de la ONG Rowing together, que nos narró el día a día en un campo de refugiados, unos campos sobredimensionados, preparados para dos mil o tres mil personas y en las que se hacinan hasta nueve mil y en algunos casos más.

Las dos horas aproximadamente que estuvimos con ellos me hice muy pequeña y pude disfrutar de otro modo esta lectura, me di cuenta de lo importante que es que estemos informados, que no dejemos que nos silencien ciertos hechos por más cómodo que nos pueda resultar, y me di cuenta sobre todo de lo afortunada que he sido de haber nacido en este país y en este tiempo, cosa que no pueden decir otras personas que por robarles, les han robado hasta la dignidad. Llega un momento en que cualquier dificultad que tu puedas tener te parece baladí con respecto a la que ellos afrontan a diario por una comida escasa y mala, por una higiene de igual o peor calidad y por una asistencia sanitaria que es a todas luces pobre porque no se tienen los medios necesarios.

Si el libro me había arañado el alma, la charla me rompió el corazón y al mismo tiempo me hizo sentir que yo podía poner mi granito de arena para que no cayeran en el olvido, y la única forma de hacerlo era recomendando y reseñando este libro, porque la lectura simultánea ya había terminado con una gran participación de #SoyYincanera a las que le quiero dar las gracias por volcarse día a día en este proyecto. 

Y ya sin más me meto en harina, a ver si soy capaz de contaros de forma amena porqué vale la pena perderse entre las páginas de este maravilloso libro que os llevará de viaje a una Siria que ni imagináis y a un mundo de sensaciones, olores, sabores... que seguro que os sorprenderá.

Los autores: 

Rafael Avendaño y Juan Gallardo son amigos de toda la vida. Han compartido juegos de infancia, complicidades y lecturas, incluso tocaron juntos en un grupo de rock alternativo...pero  lo que mejor hacen es escribir a cuatro manos.

Rafael Avendaño nació en Almeria en 1973, es ingeniero diseñador de redes de fibra óptica y autor en solitario de las novelas La decisión (Ficcionbooks, 2012) y los Eternos (Grupo Ajec, 2011)

Juan Gallardo también nació en Almeria en 1973, es consultor pedagógico en EEUU. Antes de colaborar con Rafael, su bagaje narrativo estuvo centrado en la critica musical y en la divulgación de materiales pedagógicos para profesores en EEUU.

Juntos han publicado Todo lo que nunca hiciste por mí (Grupo Planeta 2014), Las flores de otro mundo (Grupo Planeta , 2016), El prisionero (Grupo Planeta, 2016), La mitad invisible (Grupo Planeta, 2017) y El último viaje de Tisbea (Versátil, 2017).

Sinopsis:

En la Siria de 2011 la vida se desarrolla con toda la intensidad, la pujanza y el colorido de unos ciudadanos esperanzados en su futuro. Ghada, la protagonista de esta historia, tiene apenas ocho años y es ciega de nacimiento. Una noche, su padre la despierta con urgencia; tienen que ponerse a salvo porque un feroz dragón sobrevuela los tejados de la ciudad.

Narrada desde el rebosante universo sensorial de Ghada, que intenta comprender el mundo sin entender lo que es la luz ni el color ni los peligros que la rodean, 423 Colores es la conmovedora historia de un padre que lucha para proteger asu hija de una de las guerras más cruentas y tenebrosas de la era moderna, un tour de force de la imaginación para transformar una huida del horror en una emocionante aventura.

Mis impresiones:


423 Colores es un canto a la vida, a la esperanza, al amor a un país y a una hija. Ante todo nos encontramos ante una novela sensorial, el universo de Ghada, que lejos de ser una pobre niña ciega se nos presenta como una persona con una rica imaginación y con unas peculiaridades que para sí querrían muchos.

Me vais a permitir abrir un inciso, porque si no lo hago no sería yo, tendemos a compadecernos de las personas con disfuncionalidades, está claro que todos los sentidos son necesarios, pero solo quien sufre la perdida parcial o total de uno de ellos sabe hasta que punto se desarrollan todos los demás. En el caso de Ghada goza de un olfato y un oído privilegiado, y de una sensibilidad única para transmitirnos su día a día. Reconozco que eso fue lo que más me llamó la atención de la novela, la forma en que Ghada demostraba que con otras funcionalidades distintas se podía ser igualmente feliz.

La novela está narrada a dos voces, la de Khaled y la de Ghada, ambas en primera persona y tanto en presente como en pasado. Quizás es el uso de esa primera persona la que hace que esta novela nos toque el corazón y nos desgarre el alma, o quizás son las atrocidades que narra que ni siquiera la inocencia e imaginación de una niña pueden embellecer.

Khaled es el PADRE, si en mayúsculas, la vida lo ha golpeado donde más le duele, se ha llevado a su compañera de viaje y su hija perdió la visión por un exceso de oxigeno en la incubadora. Ello lejos de arredrarlo le da fuerzas para intentar que su hija sea independiente, que se valga por si misma, su arma es la imaginación porque ya que Ghada no puede ver la maldad del mundo, él le crea uno paralelo que la mente de una niña pueda asimilar, de ahí que en la bella Alepo haya barrios en los que campan las brujas, y lugares prohibidos para la niña. De la misma forma cuando empieza la guerra, Alepo ha sido invadida por los dragones, y disfraza la huida de la guerra en una gran aventura en búsqueda de una flor que los ahuyentará. No se le puede negar a Khaled imaginación y una fuerza de hierro.

Ghada a pesar de ser ciega es una niña despierta, que se va guiando de los olores, los ruidos y también de las sensaciones que siente en la piel. No conoce los colores, ni entiende conceptos como la luz, sin embargo, es capaz de llevar un día a día bastante normal, con la ayuda de otras personas que le hacen la función de ojos. Su gran sueño llegar a ser escritora, y para ello va al colegio, y así cuando empieza la gran aventura y comienza a echar de menos su país, amigos, vecinos que dejó por el camino inicia un diario que pretende sea su primera novela.

La novela la comienza en un tono amargo Khaled que mucho tiempo después le escribe una carta a Ghada explicándole que le obligó a tomar las decisiones que tomó, y a emprender el viaje, sin saber que hubiera pasado si hubiera tomado una decisión distinta. Y ya ahí percibes que la novela no te va a dar tregua, porque notas como una mano te aprieta el corazón , no demasiado, pero si lo suficiente para que la lectura no sea cómoda, porque te obliga a abrir los ojos a una realidad que por silenciada parece que no exista, que la hayamos dejado atrás hace mucho.

El relevo lo toma Ghada que con su inocencia, con su bondad, con la luz que emana ella entera te va contando cosas de Siria, de las personas que le rodean, y todo ello mientras afrontan una travesía en barca peligrosa de per se, con personas a las que no conocen y con realidades tan distintas a la la suya y la vez completamente similares. La voz de Ghada y de Khaled en ese momento usan el tiempo presente para llevarnos a ratos al pasado y explicarnos uno como han llegado a esa situación y la otra como era su vida antes de la aventura.

La decisión que toma Khaled es la que hubiera tomado cualquier padre que quiere preservar a su hija del dolor, de la maldad, inventar un mundo para ella es un acto de amor sin fronteras, hacerse cargo de un chiquillo que ha perdido a la única persona que lo cuidaba demuestra la integridad de un hombre que lo tenía todo, y lo pierde todo también, porque por perder, pierde hasta la dignidad y aún así tiene que seguir adelante, quizás esa sea su condena. Las páginas de las cartas que escribe a Ghada atenazan el corazón del lector, y nos sitúan en la realidad de Siria antes de la guerra, durante los primeros días, la huída, la llegada al campo de refugiados y de nuevo la huída hacía adelante en busca de una vida mejor para Ghada y Adnan.

La humanidad de ese padre dispuesto a todo por su hija se hace un hueco en el corazón del lector, el mundo sensorial de Ghada hace que la sonrisa aflore al rostro, que la presión amaine, que la dulzura de la muchacha impregne hasta los momentos más feos de esta historia, porque una guerra y un intento de salvar la vida no es baladí, poco espacio queda para la belleza y sin embargo los autores logran que el lector sienta que las páginas escritas por Ghada sean un remanso de paz, un oasis en medio de la guerra y la barbarie.

No os voy a negar que han sabido dar con el tono adecuado, con el equilibrio justo para que esta novela sea lo que pretende ser, una ventana abierta a Siria, a su guerra, al drama de los refugiados, a los campos de concentración con sus miserias, un altavoz en medio del apagón informativo al que que Europa ha sometido una realidad incomoda que se libra no tan lejos de nuestros hogares.

A pesar de todo cuando pensabas que no cabía más dolor, cuando tenías asumido que tu mirada no podría ser la misma, el mazazo que recibes te lo confirma, nunca más vas a poder volver a ver el conflicto sirio con los mismos ojos, porque Ghada y Khaled llegan al corazón del lector para quedarse, y el final duele, y la toma de conciencia del título resulta incluso cruel, no creo que haya lector que no se haya visto afectado por ese capítulo.

La cuestión del final fue uno de las cosas más comentadas en la charla y Rafa Avendaño reconoció que fue idea de Juan Gallardo, que después de mucho hablarlo se dio cuenta de que no podría ser otro, y que incluso a él le costó escribirlo, como no le va a costar al lector leerlo, como va a salir indemne de esas líneas.

Los autores han sabido crear unos personajes ricos en matices no solo los principales, también los secundarios, he quedado completamente prendada del viejo Ahmed y de su historia, de sus habilidades como perfumero, de los secretos guardados bajo llave, de su fortaleza para seguir adelante a pesar de todo el peso que sus hombros sin duda soportaban.

423 Colores es una historia de historias, cada uno de los personajes que transita esta novela tiene vida propia, un pasado y unos te atrapan más que otros, sin duda los de mayor protagonismo Khaled y sobre todo Ghada son los que se quedan en el corazón y eso lo puedo confirmar porque hace más de un mes que he terminado esta novela y siguen conmigo, de vez en cuando releo algún párrafo por puro placer.

La novela maneja un lenguaje sencillo, lleno de sensorialidad que atrapa al lector de tal forma que no puede dejar de leer, si acaso de vez en cuando necesita tomarse un respiro, pero a la vez necesita saber del sino de lo personajes. La alternancia de voces lo dotan de mucha agilidad de manera que la lectura fluye. Es lo primero que leo de los autores aunque no descarto hacerme con otras obras, se adivina tras esta novela una gran tarea de documentación. las descripciones de Siria, de la vida allí antes de la guerra, de los primeros días, de los campos de refugiados. Al mismo tiempo hacen un gran esfuerzo de mostrarnos el rico universo olfativo y auditivo de Ghada, y nos muestran que hasta las sensaciones sobre la piel son importantes para alguien carente del sentido de la vista.

Hace tiempo que no me compadezco de las personas que tienen funcionalidades distintas, las admiro por la fortaleza que muestran día a día, al mismo tiempo me doy cuenta de que para ser feliz solamente hay que proponerselo y que la perdida de un sentido no es motivo para no intentar serlo, y esta novela me ha hecho verlo claro una vez más y es algo que les agradeceré siempre a los autores.

Conclusión:

Si habéis llegado hasta aquí, habréis intuido que la novela me ha llegado muy adentro y se ha quedado conmigo una vez cerrada la última página, y sigue conmigo más de un mes después, eso os puedo asegurar que lo han logrado muy pocos libros.

A destacar la humanidad de sus personajes principales y también de los secundarios, la narración en primera voz por un padre dispuesto a cualquier cosa por salvar a su hija de la guerra y la de una niña que ve el mundo a través de la imaginación de su padre, adornada por la suya propia que no se queda atrás.

No es una lectura cómoda porque nos obliga a abrir una ventana a una realidad que desde Europa han silenciado, los sirios han sido abandonados a su suerte y 423 colores pretende ser una ventana desde la que se puedan asomar los lectores para que ese olvido no sea total.

No puedo más que recomendaros que os perdáis en el universo sensorial de Ghada y en la mirada certera de Khaled y que después compartáis vuestra opinión, porque mientras que alguien hable de ellos y los tenga presentes no serán olvidados del todo.



martes, 21 de mayo de 2019

Todo lo que sucedió con Miranda Huff

Hace tiempo que asumí que no puedo leer todo lo que se publica en España, me atraiga mucho o no lo haga en absoluto, el tiempo es finito y yo no se muy bien como me las apaño pero ni cuando  parece que voy a conseguir arañar minutos y horas para mi computo de ocio, ese se evapora como por arte de magia obligándome a robárselo a Morfeo, que parece abrazarme y envolverme en sus brazos con más fuerza que nunca.

Por ese motivo no había leído nada de lo que hasta el momento había publicado Javier Castillo, y cuando desde #SoyYincanera se propuso esta lectura, pensé que al fin me adentraría en la pluma del autor. No se si porque tenía las expectativas muy altas, porque los thrillers americanos no acaban de convencerme ni aunque los escriba un nativo, la cuestión es que la novela no ha sido lo que yo esperaba y eso que en un principio me atraía muchísimo.

Y es que una a medida que el tiempo cotizaba en bolsa cada vez a precios más desorbitados tuvo que ir renunciando a algunos hobbies y entre ellos, como no, estaba el séptimo arte. Además dentro de Periodismo tenía un asignatura en la que estudiamos planos cinematográficos, fundidos en negro, en blanco, grandes genios de los planos imposibles, y puede que yo esperara algo muy diferente de lo que he encontrado en esta novela, y no hay nada peor que las expectativas por las nubes y una trama frustrada, la que yo había urdido en mi cabeza.

También me he dado cuenta mientras conversaba con Ana Kayena, que este tipo de lecturas, lo que yo llamo thrillers americanos, sean o no de autor nativo no me parecen verosímiles y por tanto no terminan de gustarme, y es que todas las lecturas que ha propuesto #SoyYincanera de este corte me han dejado fría, y sobre todo no han sido lo que yo esperaba. Creo que no acabo de entender su sociedad, su justicia...

Aún así no se puede negar que la historia se deja leer, que entretiene, y que engancha porque el autor tiene la habilidad de cortar el capítulo en el momento álgido y deja al lector con ganas de más, por lo que acomete con avidez el capítulo siguiente, y así sin darse uno cuenta si tiene por delante un fin de semana se encuentra al final del libro.

El autor:
Javier Castillo creció en Málaga y estudió empresariales y un Máster en ESCP Europe. Ha trabajado como consultor de finanzas corporativas, pero abandonó los números a raíz del éxito de su primera novela,El día que se perdió la cordura (Suma), convertida en un fenómeno editorial, publicada en Italia, México, Colombia, Argentina, Portugal y próximamente Turquía, Japón y Corea. Asimismo los derechos audiovisuales han sido adquiridos para la producción de la serie de televisión.
Su segunda novela El día que se perdió el amor (Suma), afianzó a Javier Castillo como maestro del suspense y ambas novelas llevan vendidos más de 300.000 ejemplares en España. Todo lo que sucedió con Miranda Huff es su tercera novela y supone su confirmación como uno de los mejores escritores del género.

Lo puedes encontrar en

Twitter: @JavierCordura

Instagram: Javiercordura


Sinopsis:


Un fin de semana en una cabaña en el bosque.
Un matrimonio en crisis
Una misteriosa desaparición
¿Qué ha sucedido con Miranda Huff?

Una pareja en crisis decide pasar un fin de semana de retiro en una cabaña en el bosque en Hidden Springs, pero cuando Ryan Huff llega para encontrarse con Miranda la puerta está abierta, hay dos copas de vino sobre la mesa, nadie en el interior y el cuarto de baño se encuentra lleno de sangre.

Todo lo que sucedió con Miranda Huff es un thriller psicológico de ritmo vertiginoso donde parece imposible encontrar a Miranda con vida. Lo que Ryan desconoce es que la desaparición de su mujer conecta con su historia con la de su mentor, el gran James Black, y con el descubrimiento del cadáver de una mujer desaparecida treinta años atrás en la misma zona.


Mis impresiones:

No sabría explicar las sensaciones que tengo con este libro, no ha sido lo que esperaba, eso lo tengo claro, la historia prometía, tenía buenos mimbres, avanzaba de forma ligera, sin embargo al llegar al final me ha faltado algo, y no se explicar muy bien que es, quizás me había formado una idea diferente de esta historia, quizás no se conectar con las americanadas como yo las llamo, quizás me ha parecido muy previsible, cuando había material para que no fuera así, quizás me ha cojeado la investigación, ambos policías me han parecido muy irreales y la investigación en sí cogida en pinzas, quizás no haya conectado con ninguno de los personajes, salvo con Jeff, el único que me parece puro en esta trama.

Nos encontramos ante una historia narrada a tres voces y en dos tiempos verbales, una historia en la que nada es lo que parece y en la que todos los personajes tienen  más sombras que luces, y ocultan fantasmas en el armario, todos tienen una cara oculta que termina saliendo a la luz. 

Ryan nos cuenta en primera persona y en presente la desaparición de Miranda, su mujer, con la que últimamente tenía un desapego importante, el matrimonio estaba en crisis y los unía únicamente una situación económica más que delicada. No es un personaje que atraiga al principio y cuanto más avanza la novela menos simpatía despierta, más bien repele porque esconde tantos secretos que dificulta la investigación.

Miranda también utiliza la primera persona, pero su relato nos traslada al pasado, a los inicios de su relación con Ryan, y así el personaje a ojos del lector va perdiendo simpatías, la evolución de ese joven graciosete y atento al Ryan actual se nos va dibujando de forma siniestra, esa cara que esconde y que en un principio Miranda obvia y no le da importancia termina siendo una losa que la ahoga y le hace tomar decisiones que cambiaran la vida de ambos.

James Black es la tercera voz, narrada en tiempo pasado por un narrador ominisciente, esta es la parte que a mi más me ha interesado, quizás porque he vuelto a mis tiempos de estudiante, y quizás por ello también es la que más coja se me ha quedado, porque me hubiera gustado que hubiera ahondado más en las bambalinas de la cinematografía, en lo que se estudiaba en aquella universidad y no tanto en el escarceo de un estudiante y su profesora, la parte que más he disfrutado ha sido el rodaje de la película, y quizás también la que más me ha sorprendido, la que más ha sacado caras ocultas y maldades bien disimuladas.

Posiblemente James Black sea el personaje al que más he odiado a lo largo de la trama, es una persona tóxica para todo con el que intima, egocéntrico a más no poder, no hay forma de empatizar con él, ni en la trama pasada que protagoniza, ni en la presente en la que es un vértice completamente necesario.

Como contrapunto a Black, está Jeff, un hombre de su misma edad, que también ansiaba ser director de cine y cuya carrera quedó truncada incluso antes de despegar, un hombre un tanto especial cuya deformidad te causa un poquito de repulsión, hasta que sabes que se esconde detrás de esa apariencia y sobre todo cuando descubres que es la única luz entre tanta sombra.

El resto de personajes está un poco difuminado, el autor no ha entrado a fondo en ellos, no se caracteriza Javier por grandes descripciones, son los hechos los que conforman a los personajes,. por lo que si aparecen poco simplemente están esbozados.

Como podéis comprobar mimbres hay, sin embargo, a mi no me ha llegado a convencer la ejecución, no se le puede negar al autor maestría en el arte de engatusar y enganchar al lector, lo mantiene pegado a sus páginas, quiere saber más y más, descubrir el paradero de Miranda, saber porque Ryan oculta información a todo el que conoce, saber más de Miranda que en un principio se pinta como un verdugo para convertirse en víctima.

Puede que la novela avance tan rápido que haya giros que no sea demasiado verosímiles y otros sean demasiado previsibles para un lector avezado de thrillers, pero el libro cumple su cometido, entretiene y sobre todo tiene una gran legión de seguidoras que no pueden estar equivocadas, así que pienso que posiblemente el que este tipo de lecturas no me acaben de gustar esté el la punta del iceberg de que el libro no me haya llegado tanto como a otros lectores.

Nos encontramos ante una estructura aparentemente compleja, tres personajes unidos en el presente al que conecta el pasado del más mayor y para ello utilizan tres voces y dos tiempos verbales, con la primera persona logran que el lector se sienta parte de lo que cuentan, como si intimara con ellos, con el presente esta acción es más patente,y con el pasado tiende más a la confidencia, al te voy a contar un secreto y me lo guardas. Y para romper un poco ese clima intimo llega la voz en tercera persona, ese narrador que todo lo sabe y que conecta pasado y presente de los tres personajes, aunque sobre todo se centra en el pasado de James.

Y aún con esta estructura, el autor maneja una narración sencilla, sin grandes alardes literarios, retrata la realidad cotidiana, las desavenencias matrimoniales, el amor, el desamor, la venganza, los egos profesionales, y retrata muy bien tanto el esplendor como la decadencia de Hollywood, una ciudad en la que no todo brilla como el oro, aunque a la vista de la gente parezca así. Un mundo en el que hoy estas arriba y eres Dios y  mañana nadie recuerda tu nombre, no puedo negar que esa parte me ha entusiasmado, que incluso las desavenencias matrimoniales me han parecido creíbles, pero el giro que dan las tornas me parece un poco forzado, con muchas casualidades que no me terminan de convencer.

Los diálogos dan agilidad y codidaneidad a lo que se cuenta, , la ausencia de descripciones contribuye a que la lectura fluya, los capítulos más o menos cortos que te dejan con la miel en los labios son todo un acierto que te lleva a ese un capítulo más solo, y se te va media tarde a poco que la tengas libre, o te pasas la parada del tren, metro o bus, o si te pilla cocinando da la comida por quemada. Es una novela muy visual, ante mis ojos pasaban los fotogramas, si en algún momento hacen una versión cinematográfica o una serie seguro que no se parece en nada a lo que yo me he imaginado.

Por ese motivo es un libro que se puede disfrutar después de una lectura larga y densa, porque te proporciona puro entretenimiento, al mismo tiempo que juegas con el autor y este juega contigo, si te gustan los thrillers psicológicos y lo americano no te echa atrás como a mí, será una lectura que disfrutarás mucho. Si no al menos te entretendrá unas horas y eso ya es mérito.


Conclusión:


Nos encontramos ante un thriller psicológico, narrado a tres voces en dos tiempos verbales, una trama que da varios giros que intentan en todo momento sorprender al lector, aunque conmigo no lo consiguieron, será que una ya tiene unos cuantos leídos y va encontrando las pistas que el autor va sembrando en el texto, que no es cuestión de sacarse en el último capítulo un as de la manga que no venga ni a cuento.

Los personajes son muy de andar por casa, con sus egos, sus malicias, sus pequeñas o grandes maldades, incluso sus bondades, una novela que trata del amor, del desamor, de la venganza, de la lealtad e incluso de la deslealtad, de hasta donde es capaz de llegar una persona por triunfar y por  mantener a su lado a la persona amada y si ello no es posible que es capaz de hacer para que no sea de nadie más.

Todos y cada uno de los personajes son reconocibles, seguro que conocemos a alguien semejante en nuestro entorno, no nos cuesta imaginárnoslos y eso hace que el lector pueda conectar con ellos o no hacerlo en absoluto, yo soy de las que no he podido conectar con ninguno, salvo con Jeff.

¿Y tu has has leído todo lo que sucedió con Miranda Huff? ¿Me cuentas tus impresiones?


jueves, 25 de abril de 2019

Lo que callan los muertos. Ana Lena Rivera

A través de #SoyYincanera estoy descubriendo autores a los que no me hubiera acercado por mí misma y es que cuando el tiempo para el ocio es tan escaso una tiene que afinar el tiro, elegir bien las lecturas y que estas le proporcionen ese oasis de paz y tranquilidad que tanto ansía en el día a día, y para ello nada mejor que tirar de lo conocido, aunque haya mucho bueno por conocer.

Seguro que a más de uno de vosotros os sonará lo que he escrito más arriba, por eso valoro tanto las propuestas que nos hacen algunos autores, editoriales, o la intuición de alguna compañera, es un placer descubrir lecturas que seguro que hubieran pasado desapercibidas para mí y compartirlas con lectoras tan atentas, tan distintas entre sí que cada una pone el acento en una parte de la historia, disfrutar con las frases que van rescatando, con los comentarios, notar que hay algunas en las que coincidimos y otras que en un primer momento no nos habían removido al verlas a través de los ojos de otro lector las vemos distintas. Sin duda es una experiencia maravillosa, que me complica la vida un poquito porque intenta poner un poco de organización en mi caótica vida bloguera, pero a la que no pienso renunciar y os invito a probar en alguna lectura que os apetezca.

Lo que callan los muertos es una de esas lecturas que me hubiera pasado desapercibida por muchos motivos, por ser una primera entrega, si busco autores conocidos difícilmente me podría decantar por ella, porque es un premio, hace tiempo que no suelo acercarme a ellos y se que me estoy perdiendo muy buenas lecturas, a su favor, el género negro que me apasiona, y que se ambiente en una ciudad que no está muy trillada, aún así reconozco que con tanto como se publica y con tanto como tengo por leer no hubiera sido una opción para mi. Y me habría perdido un libro muy ágil, ameno, fresco y con un toque de humor que ha llenado mis pequeños ratos de ocio por completo.

¡¡Nos metemos en harina ya!! Me acompañas en este viaje, te aseguro que conocerás a unos personajes que no tienen desperdicio y una ciudad que para mí era completamente desconocida.

La autora:

Ana Lena Rivera nació en Oviedo en 1972. Estudió derecho y Administración de Empresas en ICADE, en Madrid. Después de veinte años como directiva en una gran multinacional, cambió los negocios por la escritura, su gran pasión, coincidiendo con el nacimiento de su hijo, Alejandro. Junto a él nació también Gracia San Sebastián, la investigadora protagonista de su serie de intriga.

La primera entrega, Lo que callan los muertos,  ha recibido el Premio Torrente Ballester.

La podéis encontrar en  www.analenarivera.com

Sinopsis:

Una novela de misterio ambientada en Oviedo y protagonizada por una investigadora de fraudes que despertará la simpatía de los lectores.

Gracia San Sebastián ha renunciado a una exitosa carrera laboral en Nueva York y ha regresado junto a su marido, Jorge, a su Oviedo natal para ejercer de investigadora de fraudes a la Seguridad Social. El caso que le ocupa está relacionado con el cobro de la pensión de un militar que sobrepasa los ciento doce años, cifra a todas luces sospechosa.

Mientras su vida personal avanza por sendas imprevistas, Gracia se encontrará con ramificaciones del caso que la llevarán a investigar el suicidio de una vecina de su madre. Pero Gracia no está sola, para descubrir la verdad cuenta con la inestimable ayuda de las mujeres que forman parte de su vida, su madre, su hermana, su mejor amiga y Sor Florencia, una mujer muy estimada por la familia San Sebastián.

Mis impresiones:

Para mi el mayor logro de esta novela es su narración en primera persona y en tiempo presente, lo que le da un carácter intimista, como de sobremesa ante un café y en conversación animada, de manera que se te puede pasar la tarde sin que te des cuenta porque la compañía es grata y las risas se van adueñando de la conversación. Así es como sentí yo esta lectura, amena, placentera, contada entre susurros, confidencias,  sonrisas y carcajadas, y alguna lágrima furtiva porque tiene su aquel.

Pero no es su único logro, otro es la ambientación, la autora sitúa la trama en una ciudad de provincias, Oviedo, que conoce bien porque ha vivido siempre en ella. De esta forma nos cuela por calles, recovecos, zonas de ocio, bares de tapas, restaurantes... y ello también ayuda a crear con el lector un ambiente de confianza, de camaradería. Ana Lena gran conocedora de la gastronomía de su ciudad no duda en recrearse en la comida de su tierra, en sus platos típicos, en sus dulces, os recomiendo que tengáis el estómago saciado cuando la leáis porque de lo contrario la operación bikini se va al traste.

Y la gastronomía me lleva a sus personajes, porque si bien nos pasea como he dicho antes por bares de tapas y restaurantes, también se recrea en las comidas caseras que para deleite de propios y extraños prepara su madre, Adela, que parece que para eso de los fogones tiene muy buena mano, todo lo contrario que su hija que tantos años en Nueva York la han acostumbrado a la comida basura y tira de ella muy a menudo. Con un gourmet como Jorge que se apunta a cualquier sarao gastronómico, la cocina entra de forma muy natural en esta novela. Y por si fuera poco hasta los maridos de las amigas de Gracia San Sebastián se defienden entre fogones y alardean de ello. Los que visitáis este blog asiduamente  sabéis que me encanta la cocina, que disfruto enormemente cuando la encuentro integrada de forma natural en el texto. y por ello esta novela tenía un plus añadido para mí.

Y ya que he comenzado ha hablar de los personajes me meto en el último logro y  no por ello menos importante de esta novela. Ana Lena Rivera ha sabido crear unos personajes próximos, verosímiles, unos personajes podríamos llamar de andar por casa, todos podemos reconocer a familiares y amigos en ellos de ahí que a la cercanía de la primera persona, el tiempo presente y una narración de hechos comunes, se le añada la cotidianeidad. Si tuviera que elegir un solo personaje me resultaría muy difícil, pero sin duda sería Adela, la madre de Gracia, es de esas señoras todo vitalidad, que todo lo saben, se prestan para cualquier cosa, y les gusta ser protagonistas.  La típica señora que escucha lo que quiere y cuando quiere, dando lugar a situaciones en las que no sabes muy bien si llorar o reír, y a que a mi en esta novela me ha dado por reír.

Pero no puedo dejar de lado un personaje que me ha llenado de dulzura, cariño y comprensión, mi tocaya Carmina, una mujer a la que todos consideran loca, que defiende como una leona a los suyos, en cuyos zapatos es muy difícil meterse hasta casi al final de la novela, porque la vamos descubriendo poco a poco. Como no es todo oro lo que reluce nos daremos cuenta de que Sofía, la Impugnada que un buen día se suicida saltando al patio interior no era como aparentaba y su hermana tampoco, que de las apariencias vive la gente en las capitales, pero también en los pueblos de provincias, donde es más patente si cabe.

No quiero hablar más sobre los pesonajes pero si me gustaría hacer una mención de honor a Sor Florencia, esa viejita que sigue regentando la portería de la casa de los curas, que a pesar de no ser de Oviedo no pierde ripio, y a Geni esa compañera metomentodo de Gracia, a la que redescubre por interés como casi todo en la vida de nuestra protagonista. Pepe me ha enamorado con su actitud de galán trasnochado.

Antes he dado por cerrados los logros con los personajes pero me temo que no he tenido en cuenta el fino humor que recorre toda la novela de la mano de Adela y sus amigas, que se apuntan a cualquier bombardeo, da igual que sea un bingo que una investigación o una comida para agasajar a un invitado de Gracia al que hay que sonsacar. Estas señoras sirven para un roto y para un descosido y te meten en situaciones tan surrealistas que la sonrisa al menos esta asegurada, aunque yo solté un par de carcajadas de tan metida como estaba en la situación. A mi modo de ver, el humor es una de las armas más difíciles de usar en literatura, y la autora las maneja con maestría y mucha naturalidad.

Ana Lena me ha presentado una profesión que desconocía, investigadora de fraudes a la seguridad social, no suena muy divertida, pero por lo visto no está mal remunerada y da mucha libertad a la hora de trabajar, solo que conseguir pistas es harto complicado porque los que podrían ayudarte no lo van a hacer, por ello la autora tira de ingenio e involucra a todas las mujeres de su vida para conseguir información. Y no contenta  con ir engañando a todo aquel que le puede ser útil se dedica a meter las narices en el suicidio de una vecina, que ve poco claro y que su madre alienta con sus sospechas. Lo que puede hacer el aburrimiento y una investigación atascada. Ambas tramas van avanzando en paralelo hasta que sin darse cuenta se cruzan y da un giro a la trama que el lector agradece.

Solo hay una cosa que no me ha acabado de convencer y es que creo que no necesitaba usar un tópico para que la novela funcionara. Parece que es necesario que nuestro investigador sea un personaje que arrastra un oscuro pasado que mantiene bajo llave. Así pues Gracia no es un agente de la ley, pero si investiga y sí que arrastra un trauma que le ha llevado a abandonar un estresante y exitoso mundo laboral en la ciudad de los rascacielos para esconderse en una ciudad de provincias, Oviedo, para curar una herida que  ha tambaleado incluso su vida matrimonial. Supongo que cuando la autora lo ha sacado en la primera de la serie en el futuro tendrá alguna relevancia, pero de momento no le veo la necesidad porque poco aporta a la trama.

Espero no tener que comerme con papas ese último alegato, porque la historia esta bien hilada, los personajes tan bien creados, la ambientación tan bien perfilada que supongo que en algún momento me habré de retractar, es lo que tienen las series, de momento esta ha empezado bien, me ha tenido entretenida, me ha seducido con los personajes, y la cercanía que desprende , me ha enseñando monumentos que no creía posibles, como el famoso culo, que más se le puede pedir a una historia, creo que poco más, que no tarde demasiado en volver Gracia San Sebastián y lo haga acompañada de todas las mujeres que la rodean, su madre, su amiga, la hermana y como no la compañera cotilla que le da vidilla.

Conclusión:

Nos encontramos ante una novela cercana, ágil y fresca, narrada en primera persona y en tiempo presente, una combinación para mi muy difícil de manejar, pero que la autora borda con unos diálogos inteligentes en ocasiones, surrealistas en otras, pero si hay una palabra que pueda definirlos es cotidianos, del día a día de cualquier lector, fácilmente reconocibles por todos, y con los que es fácil empatizar.

El humor es una herramienta que bien utilizada da mucho juego y destensa la narración y la autora a través sobre todo de Adela, sus amigas y la vecina, sabe utilizar con mucho arte, la dosifica con maestría y el lector, al menos yo, agradece mucho esos pasajes.

A todo ello se le une unos personajes con muchos matices y dos tramas que terminan confluyendo contra todo pronostico, hay algún momento algo previsible, pero aún así se disfruta desde el principio al fin y deja con ganas de más, de que vuelva la investigadora con otro caso y no se olvide de traer con ella todo el elenco femenino que la ha acompañado en este.

Si has llegado hasta aquí solo me queda recomendartela y si te acercas a ella vuelve para contarme que te ha parecido


miércoles, 10 de abril de 2019

Los miércoles salvajes. Susana Hernandez

Conocí a Susana Hernández con Contra las cuerdas, y por recomendación de Ana Kayena, más que una recomendación fue un lo tienes que leer sí o sí, verás que bien escribe. Tuve la suerte que me tocó en una de sus iniciativas, aunque ahora no recuerdo si en el Amigo Invisible bloguero o en el San Jordi Bloguero. Tanto da, que da lo mismo, porque lo leí y me enamoró la serie Vazquez y Santana, el estilo de la autora, y ese no tener pelos en la lengua hasta el punto de querer leer más, pero Curvas peligrosas era harto difícil de encontrar y cuando llegó al mercado Cuentas Pendientes yo ya andaba inmersa en la vorágine opositora que ha durado más que las pilas Duracell, y que me temo que ha finalizado solo por unos meses o algún año, porque voy a tener que seguir opositando si quiero progresar en el mercado laboral. No temáis que este es independiente, no es necesario haber leído la serie que  menciono

Cuando llegó a mis manos Los Miércoles salvajes creía que sabía lo que me iba a encontrar, pero tengo que reconocer que no. La Susana Hernández que he encontrado es mucho más madura en cuanto a su prosa, a sus tramas, a sus personajes, el salto ha sido más que cualitativo, y me ha noqueado página a página, personaje a personaje, me ha hecho replantearme muchas creencias y hacerme tantas preguntas que me ha removido como jamás pensé que pudiera hacerlo una novela.

Y consiguió todo eso en en poco más de doscientas páginas porque la novela es corta, concisa y afilada como el acero, es contundente, va al grano sin perderse por el camino, sin irse por las ramas, y dejando al lector con el cuerpo roto, el alma hecha jirones y con miles de preguntas bailándole en la mente.

Inocente de mí me las prometía yo muy felices, pocas páginas, unos margenes generosos y una letra grande, un gran placer para cualquier lector encontrar una edición tan limpia y cuidada, pero cada línea, cada capitulo, cada personaje te va arañando el alma, te va dejando huérfano, sobre todo ella, María la portuguesa, que PERSONAJAZO, que grandisima h... de su madre, no creo que la olvide en años, no me dió tregua, no me dejó cerrar la boca, cuanto mal campa a sus anchas por el mundo, cuanto dolor es capaz de causar una persona que lleva el odio por bandera y la avaricia por señera.

Yo en mi tónica, siempre queriendo decir un montón de cosas al mismo tiempo, siempre adelantándome, siempre tan caótica, creo que eso ya me es tan propio como el nombre, o el color de mis ojos.

La autora:

Susana Hernández, nació en Barcelona, ha estudiado Imagen y Sonido, Integración Social, Investigación Privada y Psicología. Ha colaborado en diversos medios de comunicación ejerciendo como crítico musical, redactora de deportes, y locutora de radio. Ha publicado las novelas: La casa roja, La puta que leía a Kerouac, Curvas peligrosas, Contra las cuerdas, Cuentas pendientes (ganadora del premio a la mejor novela negra en el Festival Cubelles Noir 2016), Males decisions (Premio Cubelles Noir a la mejor novela negra en catalán 2018) y la reina del punk. Ha participado en las antologías: Elles també maten, Fundido en negro, Diez negritos, nuevas voces del genero negro, Obscena, Lecciones de asesinos expertos, Hnegra y Barcelona, viatge a la perifèria criminal. Es autora de diversas piezas de teatro breve. En su haber cuenta con diversos premios de relato, novela y poesía. Imparte talleres literarios desde 2011.

Sinopsis:

Samantha y Hugo, amigos desde la infancia en las duras calles de Ciudad Meridiana, en el extrarradio barcelonés, trabajan juntos en la agencia de seguridad propiedad de Hugo. Sam necesita dinero, mucho más del que gana como escolta privada, para procurarle un tratamiento a su novio que padece una grave lesión medular desde hace doce años. 

Su amigo y jefe el propone un trabajo ilegal muy bien pagado que los arrastrará a ambos al oscuro mundo del tráfico de medicamentos en una espiral de violencia y traiciones. "Los miércoles salvajes nos lleva desde las chabolas de Accra, en Ghana, donde Sirhan y Lewa luchan por conseguir medicinas que traten la diabetes tipo 1 que aqueja a su madre, a los entresijos del tráfico de ilegal de medicinas comandado por  María y Joao, dos hermanos portugueses, y al frío y hermético universo de la industria farmacéutica.

Mis impresiones:

Los miércoles salvajes comienza fuerte, muy fuerte diría yo, con un personaje de tomo y lomo, una mujer de carácter muy fuerte, fría como el hielo y cruel como pocas que puedas conocer, María, la portuguesa como la del fado, pero creo que ahí terminan las similitudes entre ellas. Entra en escena el tráfico de medicamentos, un lucrativo negocio que regentan María y su hermano Joao, este último un chulo con infulas que no convence ni a su propia hermana. Y somos conscientes por primera vez de como se las gasta la portuguesa y te tiemblan las manos y la rabia te retrepa las entrañas al imaginarte ese laboratorio en llamas con todo el personal dentro. A grandes males, grandes remedios, María lo tiene muy claro, pero Joao no es tan fuerte, y en su interior crece un odio mal disimulado hacía su hermana que le obliga a hacer cosas que él no cree necesarias.

La trama se va dibujando ante nuestros ojos, pero esta ecuación necesita más variables, y para ello vamos a conocer a Sam y a Hugo, ambos se conocen desde niños, crecieron en un barrio marginal de Barcelona, Ciudad Meridiana, ambos eran carne de cañón y supieron vencer sus destinos, escapar del barrio y ganarse la vida decentemente, o eso era lo que parecía hasta el momento. Y es que Hugo quiere afianzar el futuro de sus hijos y Sam se siente culpable de que su novio esté en una silla de ruedas por una paliza y necesita mucho dinero para probar nuevas terapias que le hagan la vida un poco más humana, menos dependiente, lleva doce años viviendo y trabajando para procurarle cuidados.

La avaricia y la necesidad no les dejara ver a ambos lo peligroso del encargo ilegal en el que se están metiendo hasta que es demasiado tarde para dar marcha atrás, y su vida se convierte en un infierno y en una carrera contrarreloj para salvar la vida. Además de una lucha feroz entre lo que hay que hacer porque se han comprometido y lo que moralmente desean hacer porque es lo correcto.

Ese encargo le procura a Sam lo que tanta falta le hace, una desahogo sexual; un día a la semana se convierte en tigresa, en una depredadora, en busca de sentirse viva, amada, plena, hace tanto tiempo que lo perdió, pero ese peón de ajedrez le va a complicar la partida y a acentuar el dilema que la está volviendo loca desde que aceptó el maldito encargo. Ella no quiere sacrificar la pieza y esa carrera se complica muchísimo

Y como no podría ser de otra forma, nos falta otra variable más, porque si el tráfico de medicamentos ilegales es tan lucrativo es porque hay un mercado potencial muy amplio, y este lo encontramos en África y aquí vamos a conocer a Sirhan y a Lewa, dos muchachos huérfanos de padre que tienen que conseguir medicinas para su madre que padece diabetes de tipo 1. Unos medicamentos de precios muy altos para unos niños que apenas sobreviven de lo que pesca Sirhan. A lo que renuncian unos y otros para conseguir esas medicinas duele en el alma, porque siempre hay desgraciado que se aprovecha de las necesidades ajenas. A lo que recurren y las consecuencias que tiene hace que te plantees tantas cosas, que jures en arameo, que se despierten tus instintos asesinos y que al mismo tiempo el miedo te hiele el corazón porque sabes quién anda detrás de ello y no olvidas como se las gasta.

El plato fuerte de esta novela es la Denuncia Social férrea, descarnada a la industria farmacéutica, a esas patentes que encarecen las medicinas y las hacen inaccesibles para un sector muy importante de la población. Y como esa misma industria lucha porque esas patentes sigan siendo lucrativas, que no se extingan para que puedan hacer genéricos que los abaraten. Y al hilo de esto a su alrededor se sostiene todo un imperio de tráfico de medicamentos, un negocio más lucrativo que la droga, y menos peligroso, más clandestino si cabe, más oscuro y que posiblemente cause incluso más muertes.

A Susana Hernández no le tiembla el pulso, no necesita adjetivos de más, ni florituras, es aséptica, nos presenta la verdad pura y dura, sin anestesia, sin embellecerla porque no hay motivo para ello, llama a las cosas por su nombre, nos muestra a los personajes en su estado puro, con sus filias, sus fobias, sus manías, sus miedos. Nos presenta personajes muy bien dibujados, con muchas sombras y pocos claros, personajes que en ocasiones se salen del papel, que te hacen temblar con solo la mención de su nombre, sonreír o maldecir, y esa gracia la tienen muy pocos autores sin derramar litros de tinta.

Me ha sorprendido la estructura de la novela, Susana Hernández ha sido crítica musical, las canciones están muy presentes en la vida de Sam, incluso pensaba que su novio era músico. Nos encontramos con una novela dividida en tres partes, con nombres muy sonoros y al mismo tiempo cada parte se divide en tracks, pistas, incluso tiene su Cara B y un Bonus Track al final.

En esta novela se entremezcla el amor, la pasión, la ambición, la traición y la venganza, bajos instintos donde los haya, algunos incluso malos consejeros, Susana Hernández nos enseña que no podemos fiarnos ni de nuestra sombra, porque agazapada en los que más queremos puede encontrarse la traición, aquello que nos llevará a la muerte o a la ruina.

Y una vez puestos de manifiesto los temas, que se denuncia y que los personajes son un plato muy importante en esta novela me gustaría hablaros de ella, más bien me gustaría que ella os hablara de si misma. María, la portuguesa es un personaje que no deja indiferente, el lector no puede concebir tanta maldad y frialdad en un cuerpo tan pequeño.

La vida de María nunca fue fácil, a pesar del dinero y la posición privilegiada de sus familia. La cojera fruto de una enfermedad infantil la recluyó durante años en un mundo propio, alejado de las burlas crueles de los otros niños. María, no podía correr, ni saltar, ni bailar, ni ir de excursión. Era el bicho raro de la clase, del barrio. Pasaba las tardes mirando por la ventana como los otros niños del vecindario jugaban alegremente, organizaban fiestas y se bañaban en la playa. Excluida de la vida que le tocaba, muy pronto decidió que el mundo no la merecía y que algún día haría pagar las afrentas a todos aquellos que le faltaban al respeto. La soledad y el aislamiento moldearon un carácter desconfiado, irascible y vengativo. Pasó los años de estudio y la adolescencia pegada a sus libros y a su padre al que acompañaba a todas partes, silenciosa y atenta. Al cobijo paterno, María creció con dos obsesiones paralelas y hermanadas, acumular dinero y el poder que restituyera su orgullo maltrecho.

Este fragmento me ha ayudado a entender el carácter de María, pero ni aún así he podido empatizar con ella, la autora no la redime, y el lector tampoco logrará hacerlo, y la razón se encuentra al final de la novela. Un final redondo, un broche de oro para una novela que te sacude y duele, y que como no podía ser de otra forma te deja un regusto amargo. Pero habrás de descubrir por ti mismo el porque de todas estas afirmaciones.

Conclusiones:

Susana Hernández ha dado un salto cualitativo con esta novela, se le nota una mayor madurez en la construcción de las tramas, en el dibujo de los personajes. Nos encontramos ante una novela en la que la denuncia social es muy importante y en el ojo del huracán, la industria farmacéutica sus tretas para ganar más dinero, para mantener las patentes. Y en órbita alrededor de ella el negocio que montan aquellos que no tienen ninguna moral ni apego por la vida de los más necesitados, los traficantes de medicamentos que tienden sus redes en los países más pobres, con menos recursos y a la población más desfavorecida.

La autora es directa, concisa, no utiliza más palabras de las necesarias y no las adorna con adjetivos que nada aportan, es dura como el tema que tiene entre manos. Y a ritmo de thriller resuelve el entuerto en el que se han metido dos jóvenes que estaban condenados a malvivir y lograron romper las cadenas y huir de la vida que les esperaba, pero la ambición y la necesidad impiden hacer caso a esas señales que nos advierten de que no crucemos cierta línea o no aceptemos un negocio.

Conocer a María, la portuguesa te cambiará la vida, pero también conocer a Sam, Hugo, Asier, Isaac, Joao o Felipe, cada uno a su manera te hará sentir, te montara en una noria de la que no saldrás indemne.