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lunes, 24 de abril de 2023

Un bien relativo. Teresa Cardona


Por fin vuelvo, pero solo mi constancia y mi organización dirán si de seguido o solo es un espejismo. La verdad es que no tengo mucho tiempo para leer. Atrás quedaron las épocas en las que llevaba varios libros al mismo tiempo y era capaz de leer al mes cinco y seis novelas. Hoy si termino una me siento afortunada. A las muchas responsabilidades familiares y laborales se une que ando con una concentración pésima, y así es difícil hacer una lectura atenta y sobre todo procesar lo leído.

Por todos estos motivos aunque sigo leyendo, me cuesta plasmar mis impresiones tanto en el blog como en las redes sociales en las que me estoy prodigando poco y tengo la intención de volver día sí y día también. Un nuevo formato ha llegado a mi vida, el audiolibro, así aprovecho los ratos en los que limpio, plancho, camino, o simplemente mis ojos están tan cansados que mejor les brindo un ratito de relax, pero no todas las novelas se pueden disfrutar en este formato y por lo tanto el libro físico y electrónico sigue en mi vida, el primero gana por goleada y me está provocando un serio problema de espacio.

Un bien relativo llegó a mis manos a través de Babelio, no conocía a la autora, pero la editorial me gusta y publica buenas novelas, así que no me lo pensé dos veces y me lancé de cabeza, ni siquiera pensé en mi poca concentración que hace que empiece novelas y no pase del primer capitulo o las arrastre meses.

Os adelanto que me ha gustado bastante, pero se que no era el momento de sumergirme en una novela de este calado, necesito libros más ligeros, que aguanten bien que durante una semana no se vuelva a sus páginas. Y este es un libro para leer con mucha calma, para disfrutar de la prosa de la autora y de los personajes que dibuja con esmero, y para perderte y bucear en las reflexiones que la lectura provoca, porque entre el blanco y el negro hay una gran gama de grises, y de la misma forma el bien y el mal no son absolutos, si no relativos, depende de la situación, del contexto y de la mochila que arrastren sus protagonistas.

La autora:

Teresa Cardona, escritora española nacida en Madrid en 1973, ha publicado novela negra en Francia bajo el seudónimo Éric Todenne, tras el que también se esconde Eric Damien. Vive a caballo entre España y Alemania.

En francés y a cuatro manos Cardona ha publicado los títulos Un travail à finir Terres brûlées, ambas obras protagonizadas por el teniente Andreani, un policía amante de la música clásica y el jazz.

Bajo su verdadero nombre la autora publicó en España en 2022 Los dos lados, una historia cuya protagonista, Karen Blecker, es una teniente que acaba de llegar al país tras pasar gran parte de su carrera profesional trabajando para la Europol. 

Sinopsis:

Justo cuando la teniente Karen Blecker se pregunta de nuevo si los inviernos serán siempre así de fríos y monocordes en el cuartel de San Lorenzo de El Escorial, el guardia Suarez notifica la llamada de tres paseantes: ha aparecido un cuerpo en el camino de La Horizontal. Una muerte en un pueblo es en todo momento un hecho reseñable, y más aún si es una monja que no pertenece a ninguna de las congregaciones de la zona.

Con la ayuda del reticente brigada Cano, Blecker comenzará a ahondar en el pasado de sor Lucía, una mujer enérgica que deció su vida a la creación y desarrollo de una moderna planta hospitalaria. Siguiendo los perfiles de otras mujeres vinculadas por diversos motivos a la religiosa, la pareja se verá inmersa en una oscura investigación que los conducirá desde las zonas más acomodadas hasta los barrios más periféricos del Madrid de los años ochenta _tan opuestos como intimamente ligados entre sí_, obligándolos a la vez a revisar sus propias convicciones, a cuestionarse si en realidad no existe falla en la monolítica rotundidad del bien ¿Y si, en ocasiones, también este pudiera ser relativo?

Mis impresiones:

Es la primera novela que leo de la autora aunque tiene otra en el mercado que al menos en el espacio temporal se desarrolla después. No se si me acercaré a ella a pesar de que me ha gustado el estilo  reposado, con descripciones detalladas y diálogos muy interesantes a través de los cuales se nos invita a la reflexión y se compone un fresco muy detallado de los años 80 en España. Un retrato muy alejado de la Movida madrileña, del brillo, música y en muchas ocasiones drogas.

Teresa Cardona toca temas de un calado muy profundo, temas que en ciertos sectores de la población pueden levantar ampollas, sin embargo lo hace de forma muy elegante. Entre el negro y el blanco hay una inmensidad de gamas de grises, y es en esas gamas donde pretende la autora que nos situemos, nada es bueno ni malo per se, dependerá del contexto, del bien que se haya producido, o del daño que se haya provocado. A la hora de juzgar los legos no siempre la ley tiene la razón, aunque se haya producido un delito. ¿Existe el bien relativo?, después de leer esta novela y de los dilemas éticos y morales que me han suscitado diría que sí, que existe. Así como me atrevería a decir que existe el mal menor.

La autora se vale de dos líneas temporales, la primera se desarrolla en 2015 y comienza con la aparición del cadáver de una monja en el camino de las embarazadas en San Lorenzo. Una muerte sin explicación en un pueblo siempre es un acontecimiento, tanto para los vecinos, como para los investigadores. La autora nos presenta unos protagonista un tanto peculiares. Karen Becler recala en el pequeño pueblo después de décadas en Europol, es hermética, le gusta España pero le siguen sorprendiendo algunas de sus costumbres, es un animal herido en huida no sabemos muy bien de que. El brigada Cano por su parte, también esconde su verdadera esencia, le gustaría sincerarse con su compañera con la que vemos que va tejiendo una relación de complicidad, pero pesan demasiado los prejuicios y la institución en la que ambos sirven, la Benemérita. Cardona presenta una institución menos rancia de la que muchos somos capaces de ver.

La segunda línea temporal se sitúa en Madrid, en los años 80. Las protagonistas indiscutibles son Inmaculada y Conchita, una madre y una hija que se desviven por llevar un jornal a casa y cuidar de cuatro niños, uno de ellos dependiente, e intentar que el padre que siempre llega borracho y no aporta dinero al sustento de la familia no muela a palos a ninguno de sus integrantes. La vida de las dos mujeres no es fácil, todo el mundo ve lo que pasa, pero todos miran hacia otro lado, e incluso cuando ella toma la determinación de dejarlo intentan convencerla para que aguante un poco más, que la gente cambia. La autora teje un fresco impresionante de la vida en Carabanchel en contraposición con la del barrio Salamanca donde trabaja por horas Inmaculada y a veces le sustituye Conchita.

Pero no enfrenta a la clase alta con la trabajadora, entre ellos hay una relación de respeto, sin embargo, no deja de ser clasista y la empatía brilla por su ausencia. Teresa dibuja con mimo unas secundarias de lujo, Maite de Beaumonte, Adela Arsuaga, y sus hijas Mariola y Pilar, y mi favorita Mar Calderón, esa mujer que tuvo que enfrentarse a la realidad de que los ideales no pagan facturas ni dan de comer. No puedo decir que no he empatizado con los personajes, los he entendido, me he puesto en sus zapatos y salvo la actitud de Mariola que me ha sacado de quicio en muchas ocasiones, me he visto aplaudiendo sus actitudes y reprobando otras. Los personajes importantes son femeninos, pero los masculinos son imprescindibles para el peso de la trama y el discurrir de las acciones.

Sobre las dos tramas sobrevuela la figura de Sor Lucia, una monja dominica, que dirige a las enfermeras de la clínica cual señorita de cortijo, que tiene unos métodos de dudosa moralidad y ética, pero siempre al servicio del bien. Sor Lucia es amada y envidiada a partes iguales. Me ha suscitado una montaña rusa de emociones, me he visto posicionada algunas veces a su lado y otras en las antípodas. Es ese personaje controvertido sin ella buscarlo porque su sensación es la de estar haciendo el bien, aunque el medio utilizado para ello no sea del todo legal, o más bien se encuentre fuera de la ley. El resultado de su gestión una clínica de maternidad puntera en cuanto a tecnología y cuidados. Y clientes contentos y agradecidos  la mayor parte de las veces.

El avance de la investigación lleva a la teniente Blecker a cambiar el planteamiento de esta, y en lugar de preguntarse ¿Quién querría matar a una monja? pasa a preguntarse ¿Qué hizo la monja para que alguien quisiera matarla? ¿Qué motivo se esconde tras su muerte? La lectura es muy interesante porque el lector a través de la segunda línea temporal tiene información de la que carecen los investigadores hasta que ambas tramas en cierta manera confluyen, y aún así el lector sigue teniendo más información. 

Quizás por ese motivo el final sea un poco o un mucho abierto, en un principio pensé que podría haber una segunda parte, pero se trata de una serie con casos conclusivos, por lo que le corresponde al lector y al dilema moral que le plantea la autora dilucidar que sucedió aquel día en el camino de las embarazadas.

La novela trata temas actuales algunos, y otros que aún sobrevuelan de vez en cuando sobre nuestras cabezas, saca a la palestra organizaciones religiosas, los malos tratos en el ámbito familiar, otros ya superados como el divorcio, y el papel de la mujer en el ámbito laboral. La historia no hay que juzgarla con los ojos del presente, si no con los del contexto en los que se narran, pero me ha quedado el regusto amargo de la injusticia cometida con muchas Conchitas, mujeres inteligentes a las que la vida no les dio la oportunidad de demostrar su valía, cuyo lugar se quedó en el domicilio al cuidado de enfermos, sin posibilidad de casarse y tener su propia familia. La realidad de Conchita es la de muchas mujeres de los años ochenta y anteriores, se ha avanzado mucho desde entonces, pero no tanto como se debería.

Te gustará si te gusta la novela negra sin grandes giros, sin ritmos imposibles y sin una acción constante. La autora le da más peso a la critica social que a la investigación. Utiliza para ellos un lenguaje sencillo y a la vez cuidado, y le da un gran peso a los diálogos para que vayamos componiendo el fresco de la época y también para que la investigación no se nos haga tediosa. A mi parecer es una historia que merece ser leída con atención, en un ambiente relajado, para centrarnos en las reflexiones que nos propone la autora a través de la teniente Blecker, pero también a través de Inmaculada y Conchita.

Una autora a tener en cuenta, pero antes de acometer la lectura de Los dos lados me gustaría salir de esa apatía lectora, de ese bloqueo que hace que las lecturas se eternicen en mis manos, porque sin concentración no se puede disfrutar de la pasión de leer.

Conclusión:

Un bien relativo, nos plantea un dilema ético y moral de una manera magistral. A través de personajes potentes y bien perfilados la autora nos va planteando que nada es bueno o es malo per se, si no por las consecuencias que desencadena. 

A través de una prosa sencilla pero muy cuidada y de unos diálogos inteligentes compone dos tramas temporales sobre las que sobrevuela un personaje omnisciente Sor Lucia y hechos que en un momento dado conmocionaron a la sociedad española, sin añadirle ni un ápice de amarillismo o sensacionalismo, desde el respeto.

En sus páginas no vas a encontrar una historia vertiginosa, si no más bien lo contrario una trama cocinada a fuego lento, como la vida misma.

domingo, 21 de marzo de 2021

Los muertos no mienten. Stephen Spotwood


Cuando tu tiempo cotiza en bolsa, cuando eres incapaz de sacar tiempo para disfrutar de un buen libro, casi que es un lujo encontrarse con un soplo de aire fresco dentro del género. Y sí, me refiero, dentro del género negro, policíaco, detestivesco o policial por que esta novela podría por un motivo u otro encajar en todos y cada uno de estos epígrafes para los amantes de las etiquetas.

Cuando ya pensabas que lo habías visto todo, cuando ya no contabas que te pudieran sorprender, llega una opera prima, le da un viraje a retomar el clasicismo del género y te sorprende con un soplo de frescura que te hace devorar la novela aunque tu tiempo de ocio sea insignificante, aunque no puedas cogerla todos los días.

De esta novela me ha gustado casi todo, porque pocas novelas son redondas de principio a final, pero sobre todo lo atrevida que es en el tranfondo de los subtemas que subyacen y de los que hablaré más adelante, la mujer fatal subyacente y como las piezas del puzle van encajando mediante el sistema de observación deducción.

Stephen Spotswood ha creado dos personajes femeninos muy potentes, magnéticos, con una personalidad arrolladora, dos personajes que perfectamente pueden sostener cualquier trama por floja que sea, y ese final que puedo decir que me ha sorprendido y que en otras circunstancias hubiera visto venir, pero con las actuales me dio una buena paliza, me ha dejado con un regusto a continuación que casi estoy deseando. Se dejan intuir tantas cosas que sólo la mente del lector puede llenar esos huecos que solo se apuntan.

¡Empezamos!


El autor:

Guionista, periodista y profesor, Stephen Spotswood es, además, autor de novelas que, en su gran mayoría, están protagonizadas por mujeres. Vive en Washington D.C. junto a su mujer, la también autora Jessica Spotswood.

Estudió para poder escribir guiones de obras teatrales en la Universidad Católica y, a partir de entonces, comenzó a trabajar en este campo, donde ha sido gratamente reconocido por la crítica.  

Como periodista, Spotswood ha cubierto noticias sobre las guerras de Irak y Afganistán y, en lo literario, ha publicado varias novelas, siendo Los muertos no mienten, la primera en traducirse al castellano. En esta obra sigue los pasos de una detective y su ayudante mientras investigan un asesinato en el Nueva York de los años cuarenta.


Sinopsis:


NUEVA YORK, AÑOS CUARENTA:

UN CRIMEN INSÓLITO, UNA DETECTIVE PRIVADA

INTELIGENTE SIN MIEDO. UNA AYUDANTE

MUY ESPECIAL DISPUESTA A DEFENDERLA

Y A RESOLVER EL CRIMEN


Desde hace tres años Willowjean Parker es la asistente de la famosa detective Lillian Pentecost. Will escapó de su casa cuando todavía era una niña y se enroló en un circo donde aprendió de todo. Lillian enferema de esclerosis, coincidió con ella en una de sus investigaciones y le ofreció ser su asistente. Ahora, Will y Lillian se enfrentan a la investigación de la muerte de Abigail Collins, la viuda de uno de los magnates de la ciudad que ha amasado una fortuna gracias a la venta de armamento en al reciente contienda europea.

Pero esta no será una investigación cualquiera y las vidas de Will y Lillian sufrirán las consecuencias. ¿Saldrá indemne su relación? ¿Y su corazón?

Cortesía de la editorial


Mis impresiones:

Quiero empezar por lo meramente visual, cuando vi la portada de esta novela me sedujo, me empujó a querer sumergirme en sus páginas, tenía algo que irremediablemente me atraía, después de leerla no pienso lo mismo, creo que no ha sabido captar la esencia de la trama, ni siquiera las dos mujeres de la portada tienen nada que ver con las protagonistas. Después de investigar un poco me parecen mucho más apropiadas otras portadas que he visto, pero sobre todo la de la versión original que si es capaz de captar lo que subyace en las páginas de esta historia, fresca por muchos motivos. Si la habéis leído coincidiréis conmigo y no os será nada complicado descubrir a los personajes de la cubierta. Si no lo habéis hecho os recomiendo que lo hagáis y volváis después sobre la portada.

Nos encontramos con una novela que promueve una vuelta al clasicismo, aunque no podía ser de otra forma por la época en la que se ambienta. Nos situamos en Nueva York, en los años cuarenta, recién finalizada la Segunda Guerra Mundial. En un tiempo en que las técnicas modernas no son aplicables, la mente despierta, la terquedad y la audacia del investigador son esenciales en la resolución de los crímenes. Nuestras protagonistas son inteligentes, audaces, si me apuras son impetuosas e incluso irresponsables porque no temen las consecuencia de sus actos y no siempre salen bien paradas. A los amantes del género nos puede recordar las deducciones de Sherlock Holmes, pero más de andar por casa, y sin las muestras apabullantes y a veces poco comprensibles del investigador de Conan Doyle, y el tipo de crimen y algunas de sus puestas en escena a Agatha Christie, y si mucho me apuras también toma elementos del rey del suspense Alfred Hitchcock.

Si ya está todo inventado, si toma elementos de las novelas clásicas, ¿dónde está la frescura de esta novela? En su puesta en escena, en su forma de narrar, en la elección de la protagonista. Hay muchos elementos por los que aporta ese chispa, ese fogonazo por el que merece la pena darle una oportunidad.

La novela es tremendamente visual, pasa ante tus ojos como si se tratara de fotogramas, deja poco margen en algunos de sus pasajes, la mayoría, a la imaginación del lector. La formación como guionista del autor tiene una impronta muy marcada, y logra una lectura muy fluida, como si se tratara de una película o incluso de un cómic o una novela gráfica. A mi parecer un acierto, y un punto a favor para que pueda gustar a cualquier tipo de lector. No me extrañaría que pudieran hacer una miniserie sobre ella, además daría visibilidad a unos temas que a pesar de que hoy son más visibles, siguen siendo muy desconocidos.

Otro de sus aciertos es su protagonista, Willowjean Parker, en realidad es la ayudante de una detective famosa, ¿porqué el autor elige un personaje secundario y le da el papel principal? Supongo que en aras de sorprender al lector, para poder dotar a la novela de un lenguaje más chispeante, más juvenil si se quiere, más sencillo y que atrape a quién se sumerja en sus páginas. Conmigo lo ha conseguido, Will ha conseguido engancharme a su historia desde el minuto uno. Esta joven menuda, de rizos rebeldes y pelirrojos difícilmente puede pasar desapercibida en un mundo masculino a pesar de su vestimenta. Sorprenden su arrojo, su impetuosidad y también su lealtad y su sentido de la amistad. En ocasiones, la fuerza y la garra de la aprendiz es tanta que llega a eclipsar la personalidad de su jefa, Lillian Pentecost, una mujer de carácter fuerte con una salud mermada que le afecta en el desarrollo de su trabajo. Una mujer tan temida como respetada dentro de la policía y en un mundo masculino como es el de los detectives privados. Me hubiera gustado en ocasiones ver ciertos episodios a través de la sensatez de la señora P, pero por muchos motivos eso era algo complicado, solo espero que si esto es una serie en algún momento se lo plantee el autor.

Si estos dos personajes son genuinos, auténticos, si escapan sobre todo Will a clichés, no todos los consiguen, tenemos dos conatos de femme fatale, que no acaban de estar a la altura del arquetipo, está el policía con pintas de matón que solo es fachada, la vidente charlatana, la rica a la que sobra el dinero y le falta ética. Chantajes, crímenes imposibles de resolver, y conforme avanza la trama los cadáveres parecen acumularse en la morgue. Muchos sospechosos, algunos dejan de serlo porque su vida se apaga, mujeres salidas de la nada, todo un reto para una investigadora que de lo que menos dispone es de tiempo.

La novela esta narrada en primera persona, por Will, desde el recuerdo, como una especie de diario o  de repaso a su vida junto a su mentora, de recuento de aciertos y fracasos, una forma de colocar la balanza a la espera de vislumbrar si en su relación pesan más los aciertos o los fracasos. Y para ello empieza desde desde el principio, cómo se conocieron, cómo terminaron colaborando... Sorprende el pasado de la pelirroja y que sea capaz de someterse a las exigencias de una mujer que se adivina fuerte de carácter y espíritu pero débil de salud. Una simbiosis para mi muy productiva para ambas, pero que no siempre se adivina de igual forma.

La narración está salpicada de aspectos personales de la vida de la señorita Parker, que quita tensión en los momentos de mayor dramatismo, pero también aporta una dosis de fina ironía, de sentido del humor, de jovialidad, un recurso chispeante que he sabido apreciar muchísimo porque el sarcasmo de Lillian en algunos momentos me ha resultado cargante, aunque se reconocer el porqué de este y está genialmente bien utilizado. Un flashback constante entre la investigación que decide contarnos y su vida anterior, una forma de conocer mejor a ambas mujeres que me ha resultado interesante y le ha sumado puntos a la investigación. También hay una interpelación constante al lector, que mantiene la conexión con él en todo momento, en lugar de estar leyendo cómodamente en el salón de casa en ocasiones tienes la sensación de estar compartiendo un café o alguna bebida más fuerte en la misma habitación o club que Will.

Ya tenemos tres de los puntos a favor de esta trama, o quizás cuatro, su acierto en la época de ambientación, la elección de un personaje a todas luces secundario para la historia y por lo tanto el lenguaje utilizado, la visualización fotograma a fotograma y me falta por abordar un último tema, podría tocar muchos más, pero probablemente os resultaría aburrido de leer y no es lo que pretendo.

Me ha sorprendido la elegancia y la forma en la que introduce temas que no son normales en una novela de corte negro, policial o detestivesco, quizás la principal es que en un mundo de hombres la detective sea mujer y tenga una enfermedad degenerativa incapacitante. Lillian Pentecost sufre esclerosis múltiple, una enfermedad con sus días malos, malísimos, y sus días regulares, una enfermedad que a sus cuarenta y pocos años la avejenta y la obliga a usar bastón para realizar su trabajo de campo, eso los días que lo puede realizar. El autor a través de la mirada de Will bastante más joven que ella  nos ofrece una visión bastante realista sin llegar al fondo de ella, pero si mostrando lo frustrante que puede llegar a ser para la persona que la padece. Me ha gustado como ha metido el tema sin dramatismos, de forma natural, sin calzador, ofreciéndonos una visión muy humana de Lillian y no menos de su ayudante.

El otro tema que me ha sorprendido por la época en la que se ambienta es la inclusión de la homosexualidad y la bisexualidad. Hoy es un tema a la orden del día, pero en los años 40 no lo era ni siquera en la ciudad que nunca duerme. Stephen lo mete de forma de muy natural, a través de la personalidad arrolladora de su narradora, una mujer que entiende que hay mundos que han de mantenerse en discreción, pero no por ello siempre actúa en consecuencia. De forma más velada entendemos el porque del comportamiento de otros personajes, qué subyace detrás de su aparente malhumor, de su amargura o de ciertas acciones. Sorprende la forma de introducirlo en la trama respetando los códigos de la época.

El autor consigue pasearnos por los años cuarenta tanto en las descripciones del atrezzo utilizado por sus personajes, como por las descripciones del Nueva York de la época, ya no tanto de sus calles y clubes, que también, sino por las socioculturales, por ese paseo que nos da a través de unos secundarios de lujo, como pueden ser los gemelos Collins o el tío Wallace. Pero también por ese deambular por las bajas esferas de la sociedad a través de esas jornadas sabatinas de puertas abiertas de la señora Pentecost. Porque quizás es aquí donde más se ve por donde cojea una sociedad, y no tanto en las aparentes vidas perfectas de los ricos.

La maldad, la picaresca, los chantajes, los secretos de familia, la falta de ética y moral, poderoso caballero es Don Dinero. El reclamo de videntes, médiums, charlatanes, al fin y al cabo una forma de escapar de un presente que no se comprende y buscar un poco de consuelo. Ingredientes que se cocinan a fuego lento en esta novela, con una fina dosis de ironía y especiados con temas poco comunes en el género que la hacen muy recomendable a todo aquel busque un soplo de aire fresco, y también para aquellos que no gusten del género porque no encontrarán escenas truculentas que les vuelvan el estómago del revés.

No supe ver venir el final, no estoy demasiado fina últimamente, ni supe ver quién, ni el cómo salió indemne, luego a posteriori vi que todos los elementos estaban ahí, quizás una lectura con menos saltos en el tiempo me hubieran permitido unir los cabos, pero me ha gustado ese final, me ha gustado esa forma de unir todas la piezas para que por fin todo encajara milimétricamente. Me ha gustado que al final Will no sepa hacia que lado se inclina la balanza, porque no siempre somos capaces de saberlo. Ojalá esto sea el principio de una serie porque dos personajes de este calado no pueden dar solo para una novela, y si lo es, ojalá se traduzcan todos los libros de la serie.

Por último y no por ello menos importante, nos encontramos ante una novela coral, con muchos personajes, no todos ellos están dibujados a conciencia, algunos simplemente están esbozados, al principio de la novela nos encontramos con un glosario, me sorprendió porque normalmente se coloca al final y muchos lectores nos damos cuenta cuando hemos terminado el libro y nos hemos visto obligados a hacernos nuestro propio esquema para no perdernos. Me ha parecido un acierto que esté al principio aunque no lo he utilizado porque los he ubicado a todos y cada uno de ellos en todo momento

Conclusión:

Una novela fresca, por la forma en la que está narrada, por la elección del personaje protagonista, por los temas que introduce de forma natural y velada. Una opera prima que te sorprenderá y en la que encontrarás lo mejor de las novelas clásicas americanas, pero con un chispa de ironía y con un lenguaje sencillo, sin florituras.

El autor ha sabido trasladarme al Nueva York de los años cuarenta, me ha permitido meterme en la piel de su rebelde protagonista, incluso en ocasiones calzar los zapatos de Lillian Pentecost. Lo que no he conseguido es empatizar en ningún momento con los hermanos Collins, ni con Abigail o Ariel. Me ha dado la sensación que en última instancia el autor ha hecho un poco de justicia poética, ha redimido al tío Wallace y ha destruido en cierta forma el legado de Alistair Collins.

Si he conseguido picar tu curiosidad te recomiendo que te sumerjas en sus páginas seguro que  disfrutas de unas cuantas horas de lectura


Esta reseña participa en la iniciativa








Apartado: Todo es posible en América

La corrupción es el tema dominante

sábado, 25 de julio de 2020

Penitencia. Pablo Rivero

¡¡¡De vuelta!!!, o eso creo. 2020 está siendo un año complicado y no solo por el Covid-19, que también, trabajar cara el público con todas las medidas de higiene y protección me está resultando muy complicado, luchar con los cuatro inconscientes que a pesar de decretarse la mascarilla obligatoria en mi comunidad a tuti plen siguen viniendo sin ella es agotador, todos los dias aparece uno o dos, con las excusas más peregrinas que podáis imaginar, es más rápido atenderlos y desinfectar cuando se vayan que aguantar miles de explicaciones que no se tienen por ningún lado y atenderlos después bajo amenaza de reclamación o denuncia, los más valientes, con una cola que crece y crece bajo un sol de justicia. Me siento a veces tan frustrada.

Os comentaba que 2020 esta resultando un año díficil, con muy poco tiempo libre, leo mucho menos que antes y como habréis podido comprobar las reseñas se publican de forma más anarquica que nunca. La culpa de todo ello la tiene el terreno profesional. En 2011empecé un camino que no se si terminará algún día pero que al menos ahora ya está más que encarrilado, poco a poco voy cumpliendo mis objetivos, oposiciones aprobadas, y plaza fija ahora sí donde y como quería, todavía me queda un pequeño pero, pero también se conseguirá. Pero para llegar hasta aquí he empleado muchas horas de estudio hasta septiembre de 2018 y muchas horas de formación online, con la que sigo y ocupa muchas de mis tardes. Trabajar hasta las 15:00 o más, llegar a casa y sobre las 17:00 estar haciendo cursos online no deja mucho tiempo libre, así que cuando me levanto del ordenador lo que menos me apetece es reseñar.

Ese es el motivo por el que el blog a pesar de un confinamiento que yo no he podido hacer ha estado parado desde el mes de abril. Cierto es que no podía concentrarme, trabajaba día sí, día no, el día que lo hacía me caía sobre los hombros todo el peso de la oficina y del miedo a contraer la enfermedad y contagiarsela a los mios. La compra semanal también corría de mi cuenta, y cuando disponía de tiempo libre lo dedicaba a mirar la nada, no podía leer, no podía mirar series, todo mi esfuerzo lo centré en trabajar y formarme.

Hace un par de meses que recuperé la concentración y hoy me propongo de nuevo  reseñar una novela que me ha sorprendido, de la que no esperaba demasiado y que me ha tenido en vilo durante un par de semanas, en las que he recuperado de nuevo el placer de leer y de compartir impresiones. Penitencia es una novela que va de menos a más, podríamos calificarla de adictiva, opresiva y sus constantes giros te llevan de sobresalto en sobresalto durante toda la narración.

Meterse en los zapatos de Jon Marquez no es fácil al principio, quizás porque desde nuestro punto de vista no podemos ni imaginar como el fenomeno fan puede afectar a un rostro conocido, de esa forma se nos representa como un neurótico que un día decide aislarse del mundo en busca de un poco de tranquilidad y esa anhelada búsqueda se vuelve en su contra.

El actor Pablo Rivero es una voz a tener en cuenta dentro del género por la solvencia en la que maneja los tiempos y dosifica la intriga, por esos giros que dejan sin respiración al lector y que le hacen pasar páginas casi sin darse cuenta hasta llegar a un final que esta a la altura de toda la novela.

El autor:

Licenciado en comunicación audiovisual, Pablo Rivero es conocido por interpretar a Toni Alcántara en la serie de TVE Cuéntame como pasó, trabajo que combina con personajes en peliculas como Desde tu ventana a la mía de Paula Ortiz, Proyecto tiempo de Isabel Coixet, No me pidas que te bese porque te besaré de Albert Espinosa o La noche del hermano de Santiago Garcia de Leániz.

En teatro ha participado en montajes como La caida de los dioses, dirigido por Tomaz Pandur, Los hijos se han dormido, dirigido por Daniel Veronense, El sirviente, dirigido por Mireia Gabilondo, las tres en el Teatro Español, o Fausto tambien de Tomaz Pandur, para el CDN, entre otras.

Debutó como novelista con No volveré a tener miedo, un domestic thriller que tuvo una garan acogida entre los lectores y la critica. Penitencia es su segunda novela.

El actor nos adentra en el mundo de la interpretación, y la industria que la rodea, que conoce muy bien, para dar profundidad a una trama de puro género que te envuelve y te dejará con la boca abierta.

Sinopsis:

Jon lleva veinte años interpretando a un asesino en la serie más longeva de la televisión española y, pese a que la fama y el dinero le acompañan, vive tan atormentado por el personaje que representa que decide abandonarlo todo y retirarse a una casa perdida en un bosque aledaño aun pequeño pueblo. Solo tiene que asegurarse de que nadie se entere de que vive ahí y evitar a toda costa que la prensa y los paparazzi lo arruinen todo. No sospecha que librarse de su alter ego será tan fácil. Al poco de instalarse una serie de escabrosos sucesos alterará su tan ansiada tranquilidad y tendrá que luchar porque los secretos que ocultan esos bosques no traigan del vuelta al personaje que tanto teme. Aunque quizá nunca se haya ido.

Entre Bambalinas:

Los que seguis este blog desde hace tiempo sabéis que me gusta saber que inspiró a un autor a escribir una novela, que hay detrás de ella, lo que viene a ser la chispa que prendió esa primera idea que después se convirtió en una novela. Y cuando tengo esa información me gusta compartirla, porque a veces da otro punto de vista a la trama, te hace profundizar en esa lectura entre líneas que tienen todas las novelas, o que yo creo ver en todas las novelas.

El germen de esta novela se encuentra en el problema que Pablo Rivero tuvo con una vecina del bloque de pisos en el que residía, hasta el punto incomodó al autor esta situación que se fue a vivir a una casa en un entorno rural, como su personaje Jon Marquez.

Pero aquí terminan todos los paralelismos entre ambos, aunque tanto Pablo como Jon encarnan a sus personajes durante dos décadas, lo que para Jon es una condena que le obliga a alejarse del mundo que conoce para huir de su personaje y el miedo que le produce, para Pablo ha resultado una bendición que le ha abierto la puerta a proyectos interesantes y le permite elegir los papeles que quiere interpretar.

El conocimiento del actor del mundo de la interpretación nos permite adentrarnos en el trabajo de las  las agencias, los contratos de publicidad en los distintos medios o las campañas pactadas en las redes sociales, al tiempo que le  aportan un plus a una novela que va creciendo en intesidad conforme avanza la trama, que va envolviendo al lector, sorprendiendolo en cada giro.

Mis Impresiones:

Penitencia es una novela bien escrita, estructurada y con la acción y la intriga muy bien dosificadas. Pablo Rivero consigue que la historia vaya de menos a más hasta explotar en un final que nos deja con la boca abierta y muchas preguntas que se quedan sobrevolando en la mente muchos días después de haber cerrado la novela.

Nos encontramos ante una novela de suspense sicologico muy bien llevado, hay momentos en los que el lector, o al menos yo, se mimetiza con el personaje, es capaz de sentir su desazón, esa opresión que no le deja respirar, el miedo se palpa, la tensión es tan espesa que se podría cortar con un cuchillo, y esas sensaciones que algunas veces me obligan a cerrar una novela para poder coger aire, en Penitencia me obligaban a seguir leyendo para acompañar a Jon en ese descenso a los infiernos en que se convierte su anhelado retiro.

Con tan solo tres personajes el autor construye una novela de venganza y odios que para nada se intuye de la lectura de la sinopsis y de la que no voy a revelar nada porque merece la pena descubrirla de a poquitos para no restarle sorpresa a ninguno de los virajes que el autor introduce en una trama que podría parecer sencilla pero que es más complicada de lo que a simple vista parece.

Y eso mismo podría aplicarse a los personajes, ninguno es quien dice ser, ni lo que aparenta, incluso la casa de Jon es un trampantojo que el lector descubrirá en la medida que avance la historia. Al principio de la novela nos basta conocer a Jon y que es lo que le induce a abandonar la vida de fama y dinero que tiene hasta ese momento en un camino de huida que parece no tener éxito. Quizás porque se basa en que nadie le reconozca y cuando eres el rostro de la serie más vista en televisión durante 20 años eso es un poco complicado, quizás porque huir de una sombra es harto más complicado que hacerlo de una persona o de un hecho.

No siempre he podido comprender a Jon y no siempre he podido habitar sus zapatos, unas veces me era simpático y otras veces me repelía. Me costaba entender la fobia a esa ventana que se abría a su terraza, esa sensación de sentirse observado cuando realmente la casa parecía abandonada desde hacía mucho tiempo, la obsesión por lograr aislarse del mundo dentro del bunker que se construye y cuya fachada no parece presagiar. Un comienzo muy a lo Alfred Hitchcok, para una novela muy visual en la que no he podido evitar ver ciertos planos del celebre cineasta, aunque no se si Pablo Rivero estudió sus celebres planos cinematográficos como yo en la licenciatura.

Aunque el personaje principal es Jon y toda la complejidad de matices que le acompaña, hacia mitad libro más o menos, o un poco más de mitad aparecen dos personajes más que complementan la historia y la llevan hacia su culmen desvelándonos finalmente de que huye realmente Jon, que es lo que quiere dejar atrás y que ya intuimos un poco en el prólogo que cobra sentido conforme cierras la última página con los ojos y la boca abierta por la impresión.

Los dos personajes femeninos que acompañan a Jon son tan ricos en matices como él, personajes creados con maestría, con más sombras que luces, con pecados que expiar, ninguno es lo que aparenta ser. La venganza, el odio y la maldad sobrevuela las páginas de esta novela de la que el lector no saldrá indemne.

Otro acierto del autor es el paraje que elige para la casa de Jon, un bosque casi inaccesible en el que solo se encuentran dos construcciones adosadas, una recien rehabilitada y la otra abandonada, para llegar hasta allí un carretera o pista con muchas curvas y el bosque crea esa atmósfera de desasosiego y opresión que tanto necesita esta historia. Hay instantes en que la casa vecina cobra vida, temes por la cordura del personaje, montas una hipotesis detrás de otra a la par que lo hace Jon, para que el autor te las desmonte giro a giro.

Pablo Rivero se inclina por la tercera persona, por un narrador omnisciene que conoce a los tres personajes, su pasado, su presente, sus miedos y fobias. Utiliza un lenguaje cuidado, a simple vista sencillo, una estructura que como un reloj suizo encaja las piezas con precisión, llevándonos a una lectura rápida, ágil, llena de sobresaltos que nos obliga a no soltar el libro y avanzar en la trama hacia un final inesperado, o no, supongo que eso dependerá del lector, a mi me sorprendió.

Conclusión:

Pablo Rivero es una voz a tener en cuenta dentro del Thriller sicológico que defiende con mucha soltura, incluso me atrevería a decir con maestria, dosificando la intriga, con giros cuando creías que todo había terminado, con personajes muy bien dibujados, perfilados y con ricos matices sicológicos.

Con un tema que sobrevuela durante toda la novela como accesorio el mundillo de la interpretación, el dinero que mueve, las presiones de los agentes, las campañas de publicidad orquestadas en las redes sociales, y en los medios de comunicación, como excusa para desarrollar una trama de venganza, en la que la maldad se esconde en los rostros más angelicales.

Una historia que me gustaría ver en la gran pantalla porque se presta para ello y que seguro que grandes cineastas de nuestro país podrían sacar partido a esa ventana que parece sacada de la mente de Hitchcok.

miércoles, 15 de enero de 2020

El show de las marionetas. M. W. Craven.

Cuando Babelio me ofreció postular por El show de las marionetas, no me lo pensé dos veces. Los que  sois asiduos a este blog sabéis lo que me gusta el thriller, la novela negra, los detectives atípicos, las novelas con muertos en los que hay que resolver quién, y sobre todo porqué... y a golpe de sinopsis esta novela lo tenía todo. Aposté y el resultado de esa apuesta ha resultado ganadora, ha superado mis expectativas y en un futuro quiero seguir las andanzas de Poe y Tilly. Quiero volver a la agreste Cumbria, o igual Craven prefiere cambiar de escenario, yo seguiré apostando por sus personajes y sus tramas.

Cómo habréis adivinado la novela llegó a mi casa, antes de su publicación, en una edición no venal, me tuvo completamente abducida, buscaba cada segundo libre para viajar a Cumbria con sus círculos de piedra, para reunirme con Poe, Tilly y Flynn para seguir investigando, me  vi buscando sospechosos, llevando una línea paralela a la de ellos, haciendo mis propias cábalas, errando un sospechoso tras otros, disfrutando a cada giro, recibiendo el mazazo en el giro final que no esperaba para nada.

De una investigación no se sale indemne, de una novela negra de este tipo tampoco, llevo una rachita de encadenar libros que remueven, que duelen, que me hacen reflexionar y cambiar puntos de vista, que ponen de manifiesto atrocidades que pensaba que ocurrían muy de vez en cuando. Realidades incomodas que se quedan conmigo mucho después de haber cerrado la última página.

Pero me voy por las ramas, y es hora de meterse en harina, de picar vuestro gusanillo para que os adentréis en esta historia y conozcáis a sus personajes, y la maldad que campa a sus anchas por las páginas de esta novela. Estáis dispuestos a plantearos quien es victima y quien verdugo?

El autor:

M.W. Craven nació en Carlisle pero creció en Newcastle, donde se unió al
ejercito con tan sólo dieciséis años. Pasó los siguientes diez años viajando por el mundo. En 1995 estudió Trabajo social especializado en criminología. Ahora se dedica en exclusiva a la escritura. Actualmente está casado y vive en Carlisle con su esposa.

El show de las marionetas, ganadora del premio Gold Dagger a la mejor novela de 2019, es la primera entrega de la serie protagonizada por Washington Poe.

Sinopsis:

Un asesino en serie está quemando vivas a sus víctimas. No deja ningún tipo de pistas en las escenas del crimen y la policía ha perdido todas las esperanzas de encontrarlo. Cuando su nombre aparece en los restos carbonizados de la tercera víctima, Washington Poe, un detective suspendido de empleo y caído en desgracia, recibe la llamada para hacerse cargo de la investigación, un caso del que no quiere formar parte. De mala gana acepta, al igual que su nueva compañera Tilly Bradshaw, una brillante pero poco social analista. Pronto la pareja descubre una pista que solo él podria ver. El peligroso asesino tiene un plan y, por algún motivo, Poe forma parte de él. Mientras el numero de víctimas sigue aumentando, Poe descubre que sabe mucho más acerca del caso de lo que jamás se habría imaginado. Y en un final aterrador que echará por tierra todo lo que creía saber sobre sí mismo, Poe comprenderá que hay cosas mucho peores que ser quemado con vida.

Mis impresiones:


El show de las marionetas tiene uno de los comienzos más impactantes que recuerdo, un brutal asesinato que parece que esconde un ritual. Lo tiene todo para enganchar al lector y mantenerlo pegado a la trama, porque a ese principio que te deja con ganas de más hemos de sumarle los giros constantes que al menos a mi me dejaban con la boca abierta, sin aliento, con más preguntas que respuestas, aunque estas no tardaban en llegar, a veces unas páginas más adelante, en otras ocasiones llegaban en el siguiente giro, el autor no deja tregua al lector de mente analítica, al que no le gusta que se lo den todo mascado.

Por si eso no fuera poco no nos ofrece los clásicos personajes que podemos encontrar en cualquier novela de este tipo, Poe al que podríamos considerar el protagonista rompe con los arquetipos del género, no es un bebedor aunque si que tiene una parte oscura en su pasado, pero ello tampoco lo convierte en un ser arisco. Más bien nos encontramos con una persona políticamente incorrecta, que sigue una pista más allá de los límites que establecen las ordenes de un superior. Que actúa aún sabiendo que ha cruzado una línea roja, y no rehuye las consecuencias de sus actos. Un inspector mediocre pero un sargento con un olfato muy fino, capaz de llegar donde otros no ven indicios, quizás por ello se ve involucrado contra su voluntad en un caso que hubiera rechazado. La personalidad de Poe es muy compleja, tenerlo de compañero no debe ser fácil por lo imprevisible que es, sin embargo esta siempre atento a las necesidades de sus compañeros de investigación, intentando no perjudicarlos en sus salidas de escena.

Pero Poe no esta sólo en este enredo, le acompaña Tilly Bradshaw, a la que podríamos considerar una secundaria de lujo, pero me niego a ello, porque tiene madera de protagonista. Nos encontramos ante un ratón de oficina, una mujer con una inteligencia por encima del 200, muy aguda, con una mente analítica espectacular que deja mudo al lector, pero con escasas habilidades sociales, carente de humor, sin un ápice de empatia al principio de la novela, motivos por los que es el blanco de las bromas de sus compañeros, y atrae como un imán a los abusones. A lo largo de la lectura de la novela me he planteado muchas veces si Tilly padece Asperger, todo indica que sí, pero la evolución del personaje es tan brutal, tan tremenda, que no se si eso encaja en el síndrome en cuestión. Sería un puntazo que se mencionara si es Asperger porque podría ser de ayuda para muchas personas que lo padecen, y los visibilizaría.

La pareja de investigadores nos darán horas de buena lectura, nos harán pensar, nos involucrarán en sus teorías y volverán loca a la inspectora Flynn, que sabe que tiene a sus dos mejores bazas investigando, aún no sabe como se van a llevar entre ellos, sin embargo su trabajo en equipo es sensacional.

No son todos los personajes pero si todos los que yo te voy a presentar a riesgo de descubrirte algo que mejor lo hagas a su debido tiempo, para mayor disfrute de la lectura. Aunque parezca raro si me tuviera que quedar con un personaje ese sería Tilly, esa desmañada muchacha que crece a pasos agigantados e inseguros fuera de la protección familiar me ha despertado ternura, la he visto crecer, madurar, afrontar situaciones que nunca hubiera imaginado. Y pone de relieve valores que hoy están en desuso como la lealtad y la amistad. 

Si algo tienen las novelas de este corte es que son previsibles, a mi esta no me lo ha parecido, me ha roto los esquemas a cada giro que da la trama y hay un buen número de ellos, quizás las personalidades de los protagonistas también han ayudado a esa imprevisibilidad, dentro de sus características al menos Poe actúa como se esperaba, Tilly menos porque rompe sus reglas tantas veces que no sabemos como va a actuar, aunque sigue un patron. Pero si hay algo que los caracteriza es que siguen los dictados de sus corazonadas, ¿hay algo más imprevisible que eso?.

Merece mención especial Cumbria, casi se podría decir que es un personaje más de la novela, uno muy importante con todos los círculos de piedra que hace servir el asesino como firma, es meticuloso, no deja rastro en la escena del crimen, pocas son sus firmas y se repite el patrón a cada asesinato. Sin embargo, no pienso desvelaros que es común a cada asesinato porque descubrirlo causa desasosiego, y quiero que sintáis en vuestras carnes lo que sentí yo. Porque el autor no se regodea, pero tampoco le escatima al lector ninguna imagen, por dura que sea. Y reconozco que más de una me ha roto el corazón, situaciones que revuelven el estomago quizás más que las atrocidades del asesino. También es importante Cumbria por ese clima tan duro, ese territorio tan basto y penas habitado, casi se puede entender a Poe, solo por el sitio en que se ha criado, un lugar donde todos se conocen porque la concentración humana es más bien escasa.

En esta novela se denuncian muchos hechos que están demasiado presente en nuestros días, hechos que a fuerza de verlos en los informativos ya no generan en nosotros el estupor que deberían generar, sin embargo en la literatura le dan una vuelta, los presentan con toda su crueldad y al menos a mi me remueven, hasta el punto de no tener muy claro de parte de quién estaba, ¿víctimas y verdugo son la cara y la cruz de la misma moneda? ¿o realmente ambos son victimas y verdugos a la vez? Menudo dilema ¿verdad? 

Y ya solo me queda hablaros del final, pero no temáis, no voy a contaros nada, porque es una gozada llegar a él sin intuir el golpe que vas a recibir, de esta novela el protagonista sale muy tocado, pero también el lector, con las mismas dudas que Poe, apoyándolo en ese final que yo no esperaba, porque quizás no quise ver más allá de quién es Poe, porque es un final muy acorde a las características del personaje, redondo, un broche de oro que ya vislumbra que detrás llegan otras aventuras de este personaje peculiar, que espero siga teniendo de compañera de investigación a Tilly porque todavía le queda mucho para dar.

Conclusión:

Si te gustan las novelas adictivas no puedes dejar pasar El show de las marionetas, cuando cierras el libro te das cuenta de que el titulo le viene como anillo al dedo. Si te gusta que te sorprendan, que te rompan los esquemas, te gusta encontrarte con personajes fuertes, con personalidades complejas, esta es tu novela.

Poe y Tilly no te dejaran indiferente, seguro que el resto de personajes tampoco, no hay ninguno insulso, todos despertaran una emoción en ti, una filia o una fobia. Página a página mientras avanza la investigación seguro que cambiarás de idea mil veces. Igual te planteas como yo si no se tendrían merecido el castigo recibido.

El autor no se regodea en las crueldades pero tampoco las evita, no se saca ningún as de la manga, todo está a la vista, y la novela es como una gran puzle que se resuelve en el momento encaja la última pieza. Pero ¿encaja realmente? Eso lo habrás de descubrir adentrándote en las páginas de esta magnífica novela.

sábado, 24 de noviembre de 2018

Caballos lentos. Mick Herron

Hay títulos que que no sabes muy bien como llegan a ti, y Caballos lentos es uno de ellos, un día te cruzas con él en Twitter y un tuit entusiasta te llama la atención y como obra de magia y sin saber muy bien porque se va cruzando en tu camino y va calando de forma subliminal y cuando la ocasión la pintan calva, tu dedo va directamente a ese título sin ningún motivo aparente. Solo después de mucho pensar te das cuenta del goteo de tuits que te han llevado a él y piensas que quizás, y solo quizás tus expectativas estén tan altas que te puedas dar de bruces.

Con ese miedo en el cuerpo comencé Caballos lentos, del que a priori únicamente sabía que era una novela de espías bastante alejada de los clichés tradicionales. el autor había aplicado un mano de chapa y pintura con el fin de adaptar el género a nuestros días, modernizarlo, y a fe que lo consigue con una dosis elevada de humor, de diálogos inteligentes y unos personajes potentes y muy bien trazados. Los puñales van que vuelan en el servicio secreto y Herron se atreve a destapar las cloacas del servicio de inteligencia británico.

Con el libro en casa descubrí que es el primero que se traduce al español, que la serie cuenta ya con cinco títulos publicados en versión original y que su políticamente incorrecto Jackson Lamb no está ni mucho menos acabado, con lo que tenemos espía para rato si esta primera novela tiene buena acogida en nuestro país. ¡¡¡Tengo cruzados los veinte dedos para que así sea!!!!

El autor: 

Mike Herron nació en Newcastle upon Tyne y estudió en el Balliol College (Oxford). Es autor de la aclamada serie de Jackson Lamb, de la que ya han aparecido cinco entregas y cuya primera novela, Caballos lentos, fue finalista del Silver Dagger Award de la British Crime Writters Association.

Entre sus obras destacan la serie de Sarah Tucker y Zöe Boehm y las novelas Reconstuction, Dolphin Junction, que obtuvo  ex aequo el premio de los lectores de la revista Ellery Queen en 2009, y Nobody Walks, que fue finalista del Silver Dagger Award en 2015 y fue incluida en la lista de las 101 mejores novelas negras de la década por la revista Booklist. Ha sido finalista de los premios Macavity, Barry y Shamus. Vive en Oxford.

Sinopsis:

El reino del irreverente y sarcástico Jackson Lamb está en Londres y se llama la Casa de la Ciénaga, un vertedero al que van a parar los miembros de los servicios secretos que han cometido un error, ya sea olvidar un documento en un tren, despistarse en una ronda de vigilancia o volverse poco fiables a causa del Alcohol. Sus colegas los denominan "caballos lentos", son los parientes pobres del espionaje británico y todos comparten las ganas de salir de allí a cualquier precio y volver a la acción.

De este extravagante grupo de proscritos, el más desengañado es River Cartwright, que se pasa el día trascribiendo conversaciones interceptadas de teléfonos móviles. Sin embargo, cuando se produce el secuestro de un joven y los autores amenazan con decapitarlo en directo por internet, River ve en ese acto una oportunidad para redimirse. ¿La víctima es quién parece ser? ¿Y que relación guardan  los secuestradores con ese periodista caído en desgracia que los caballos lentos investigan? Mientras suena el tic tac que nos acerca al plazo establecido para la ejecución, River descubre que cada uno de los implicados tiene intereses ocultos, y si los caballos lentos no espabilan, el eco del crimen se difundirá por todo el mundo.

Mis impresiones:

Caballos lentos es una novela que va de menos a más, una novela que comienza muy pausada con un ritmo descriptivo para meternos de lleno en el ambiente decaído de la Casa de la Ciénaga, donde nadie está por gusto y en la que impera el mal humor, la apatía, un discurrir lento de los días dentro de la monotonía de unos trabajos que no tienen ningún sentido para quienes los realizan. Se nota que es la primera de la serie puesto que el autor se recrea en la ambientación física del lugar de trabajo de los agentes caídos en desgracia.

Y al mismo tiempo dibuja de forma concienzuda unos personajes complejos, llenos de matices, con un pasado que cambiarían si pudieran y un presente gris, ahogado en el alcohol en muchas ocasiones, en el que todos se odian entre sí, en el que compañerismo brilla por su ausencia y en la que la mayoría se pregunta que ha hecho el otro para estar allí, porque casi todos conocen el error que han cometido. Conforme avanza la novela el lector conocerá la metedura de pata de cada integrante de esta peculiar Casa, solo uno de ellos sigue envuelto en un aura de misterio, Jackson Lamb, quien dirige con mano de hierro ese grupo de espías caídos en desgracia y se asegura que entiendan que nunca volverán al servicio activo en Regent's Park.

Pero la acción no solo transcurre de forma pausada por las descripciones, si no porque el autor nos muestra los pensamientos tanto de los agentes como los del joven secuestrado, todo un mundo interior que llega a subyugarnos, sentimos el miedo que él siente, somos participes del esa intimidad a la que solo tiene acceso cada cual, Hassan se nos revela como un joven británico que no entiende como el color de su piel lo ha puesto en esa situación límite, en su fuero interno la policía lo rescata varias veces, en la realidad, soledad, oscuridad, frío y una mente que lo tortura con lo que pudo ser y nunca será, y un odio irracional que no comprende, pero que a los lectores, al menos a mí, me ha costado de digerir.

Conforme avanza la trama esa parte descriptiva va perdiendo peso y lo va ganando la acción, y no es que pasen demasiadas cosas, sin embargo notamos más dinamismo y eso se debe a los cambios continuos de escenarios, y también de actores principales, los pensamientos de Hassan van dejando paso a más actividad por parte de lo secuestradores. Los diálogos inteligentes van ganando peso y le otorgan una mayor agilidad a la historia que se va deslizando cada vez más rápida hacia un final en el que cualquier posibilidad cabía dentro de los cálculos del lector, pero solo una en los del autor que hace justicia poética con estos caballos lentos.

Mick Herron plantea una novela de espías sin el glamour de los clásicos, sin los enclaves exóticos y sin esos agentes todo acción y sonrisas blancas, adapta los temas que trata a las preocupaciones actuales, el terrorismo islámico, el auge de la extrema derecha... y los dota de un sentido del humor, y un sarcasmo muy inglés, muy seco y a la vez brillante.

Esos fogonazos vienen de la mano del personaje más políticamente incorrecto de las novelas de espías, Jackson Lamb, un obeso, desaliñado y con las manos grasientas por la comida que engulle, con una lengua afilada que saca a pasear y no deja títere con cabeza, un hombre mordaz, leal a los suyos, que aplica a la perfección las normas de Londres, pero en lugar de tapar su culo, tapa las puertas y ventanas de su reino, La Casa de la Ciénaga, y para ello juega todos las manos que conoce y hace todas las trampas que se le permiten. Un personaje tan repelente y flatuliento, como brillante en sus diálogos, de manera que al menos a mi me tenía el corazón dividido.

El autor nos sumerge en las cloacas del servicio secreto británico en esas misiones en las que el agente estaba solo si algo fallaba, en esos tejemanejes conocidos por pocos en el que todo lo que estaba controlado en algún momento podía saltar por lo aires. En la que las indiscreciones se pagan con el exilio, en las que para medrar tienes que pisar a un compañero. En las que  cuando todo falla solo las cabezas pensantes de unos agentes un tanto oxidados pueden solucionar la misión o hundirla más en el lodo. Cuando la mierda puede llegar hasta el ventilador todo el mundo ha de ponerse en marcha, lo que parecía un secuestro sin malicia puede generar un enfrentamiento internacional, y poner a Reino Unido en el punto de vista una vez más del terrorismo islámico.

La novela se divide en tres partes, la primera es la más pausada para ir tomando ritmo a partir de la segunda, no nos encontramos ante un thriller vertiginoso, ni falta que le hace, si no más bien ante una novela muy bien escrita, con unos personajes que quitan el hipo, con una trama interesante, que trata temas actuales que preocupan tanto a los británicos como a cualquier país que el terrorismo islámico haya azotado, se echa de menos últimamente el lenguaje cuidado, sin pedanterías, crudo en ocasiones, sarcástico en otras, mordaz, sin miedo a poner los puntos sobre las íes, y todo esto lo vas a encontrar en la pluma de Mick Herron

Conclusión:

Lector si me has seguido hasta aquí ya intuirás que recomiendo encarecidamente esta novela, que seguro que hace las delicias de los amantes de los libros de espías, pero que también disfrutará cualquiera que guste de las tramas bien elaboradas, de los personajes contundentes, y de los temas candentes.

Caballos lentos es una gran opera prima, y espero que no tarde en llegar demasiado la segunda entrega, porque Jackson Lamb es un personaje con suficientes sombras como para atraer a cualquier lector, nada es lo que parece en la Casa de la Ciénaga ni en Regent's Park y será el lector el encargado de vislumbrar ese juego de luces y sombras que en ocasiones se intuye y otras veces nos es velado.


jueves, 9 de agosto de 2018

LOS DIOSES DE LA CULPA. MICHAEL CONNELLY

Hay títulos tan contundentes, tan sonoros que en cuanto los visualizas o los oyes no hay forma humana de quitártelos de la cabeza, y este que hoy me ocupa es uno de ellos. Se convirtió en un run run, en un ruido ensordecedor que me hacía pensar a todas horas que escondería un titulo tan prometedor y una vez acabada, puedo decir que esconde una muy buena novela que ha conseguido reconciliarme con el trhiller legal americano, y eso ya es mucho decir.

A pesar de sus más de cuatrocientas páginas, la trama se escurre entre los dedos del lector como si fuera arena, la acción no decae en ningún momento, cosa que se agradece y siempre algún giro mantiene el libro pegado a los dedos a pesar de que se descubre bien pronto qué esconde ese titulo porque lo desvela al comienzo el propio abogado.

Pero comencemos por el principio, que como siempre me voy por las ramas.

El autor:
Michael Connelly, nació en Philadelphia en 1956 y es uno de los escritores con más éxito del mundo. Es autor de una treintena de novelas, muchas de las cuales han ocupado el numero 1 en la prestigiosa lista del New York Times. Sus libros entre los que se incluye la serie Harry Bosch y la del "Abogado del Lincoln", han vendido más de sesenta millones de ejemplares en todo el mundo han sido traducidos a treinta y nueve idiomas y el propio Connelly ha sido galardonado con algunos de los premios más prestigiosos del mundo de literatura negra. Antiguo periodista también premiado por sus reportajes, Connelly es productor ejecutivo de la serie Harry Bosch, protagonizada por Titus Welliver. Reside habitualmente en  California y Florida.


La sinopsis:

El abogado del Lincoln se juega su reputación en su caso más arriesgado

Michael Haller, el Abogado del Lincoln, recibe un mensaje de texto que llama su atención: "Llámame cuanto antes: 187". 187: el código policial correspondiente al asesinato. Para un abogado, este tipo de casos son más arriesgados, pero traen cheques más jugosos, y eso siempre significa que Haller tiene que dar el máximo.

Cuando Mickey descubre que la victima había sido una antigua cliente, una prostituta a la que creía haber rescatado y reconducido, sabe que está en deuda con el caso. Pronto descubre que ella había vuelto a Los Angeles y a su antigua vida. Y que, lejos de salvarla, podría haber sido Mickey quien la puso en peligro.

Acechado por los fantasmas de su pasado, Haller tiene que trabajar hasta la extenuación y aplicar todo su talento aun caso que podría traerle la redención total o probar su culpa definitiva.

Mis impresiones:

A mi modo de ver Connelly juega desde el propio titulo con un sentimiento demoledor, La Culpa, y es que desde que consiguiera la libertad de un cliente que terminó atropellando y matando a una madre y a su hija, Haller no ha tenido tregua, cada noche le asalta ese terrible remordimiento, no ayuda que su propia hija le retirara la palabra, día tras día los fantasmas le visitan y le abocan irremisiblemente a la bebida, que no es que sea el camino más recto para lograr reconciliarse con la adolescente.

A eso le podemos añadir un negocio que va un poco a trancas y barrancas, buscando siempre clientes en los juzgados para poder ir tirando, de ahí que cuando llega un caso jugoso, no sea capaz de rechazarlo aunque lo aboque al infierno de un pasado que abrirá más de una herida que pensaba cerrada, y añada a ese peso que ya arrastra un poco más, al sospechar que lejos de salvar a la víctima la puso en una situación comprometida que le ha terminado costando la vida.

Connelly rescata esa máxima de que el pasado siempre termina llamando a la puerta, una jugada un poco sucia culmina con un narcotraficante en la cárcel y con su clienta en libertad, ¿pero ha orquestado él esa jugada o ha sido solo un peón en ella?. Cuando el caso toca tan de cerca lo sensato es echarse a un lado, evitar que el tsunami te arrastre, sin embargo, Haller se sumerge de lleno en él tras hablar con quién lo ha contratado y evidenciar muestras de inocencia en él. Además cree que se lo debe a Gloria.

El autor retrata con maestría el sistema judicial americano, que tan bien conocía por las series, películas y por otros thrillers judiciales, nos mete directamente en la sala, nos hace participar de ese circo que a veces se representa en una sesión, nos presenta a los "dioses de la culpa", el jurado, ellos tienen en sus manos el veredicto, ellos condenan o absuelven, aunque en última instancia es el juez quién dicta sentencia.

Si Haller es un personaje redondo, se rodea de un elenco de secundarios que poco tienen que envidiarle, el abogado es un tipo peculiar al que no le gusta verse encerrado en un despacho, trabaja desde su propio Lincoln en los desplazamientos y lo tiene equipado con todo aquello que pueda necesitar, se comunica con su equipo por teléfono y se reúne una vez al día cuando tienen un caso importante en un loft alquilado. No es precisamente la imagen de los grandes bufetes que solemos ver en las grandes series americanas, eso es lo que hace único a Haller y a mi modo de ver lo que le hace conectar tan bien con el lector.

Al mismo tiempo uno tiene la impresión de no estar ante el típico abogado engreído y pagado de sí mismo que suelen mostrarnos otros libros, películas o series, si no que nos muestra a una persona abatida, perseguida por sus fantasmas, por sus problemas económicos en el ámbito de los negocios, con un poso de oscuridad que le impide ser feliz, bastante dado a resolver los problemas a golpe de botella, y eso nos evoca la típica y tópica imagen del detective americano, solo que Haller tiene a una persona que investiga por él.

En algunas ocasiones da la impresión de que Haller necesita que alguien le conecte con el mundo y con el caso que lleva entre manos y ese papel lo hace a la perfección Legal, un amigo de su padre, un anciano recluido en una institución que intenta burlar las normas establecidas, como buen abogado las conoce y busca la forma de transgredirlas. Las conversaciones de Mickey y Legal no tienen desperdicio, son ácidas, el anciano no tiene pelos en la lengua, le enfrenta a sus errores, tanto en el campo legal como en el personal, y tiene un peculiar sentido del humor que me hizo sonreír en más de una ocasión. Es como un Pepito Grillo, la voz de la conciencia machacona y a veces impertinente.

Connelly conoce bien el mundo en el que mueve sus tramas y nos sumerge en él de una forma sencilla sin utilizar palabras grandilocuentes, explicando aquello que se le pueda escapar al lector de forma que pase casi desapercibido, me gusta su estilo, me gusta su forma de narrar y me gustan sobre todo las tramas que elige a pesar de no ser un autor que suela leer demasiado, pero reconozco que es una apuesta segura.

En Los Dioses de la Culpa mezcla el tema de la prostitución, el narcotráfico y la corrupción policial, quedan patentes los peligros que  conlleva acercarte demasiado a la verdad, los daños colaterales son cuantiosos, dolorosos y añaden más peso a esa mochila llamada culpa. El miedo hace que los testigos no teman cometer perjurio en el estrado, también pone de manifiesto pequeñas triquiñuelas para darle la vuelta a un veredicto que se prevee en contra, todo ello bordeando la ley, casi traspasando esa fina línea entre lo legal y lo ilegal, que nos da una imagen de Haller no demasiado halagüeña para luego limpiarla con una buena dosis de humanidad.

Conclusión:

Connelly ha orquestado un buen libro, en el que mezcla la prostitución de lujo, las drogas y sus cárteles, la corrupción policial, nos muestra los bastidores del sistema judicial americano, las triquiñuelas de los reyes de la droga, como se las gastan cuando uno molesta, también nos muestra transgresiones del sistema policial. y todo ello nos lleva a un thriller apasionante en el que siempre pasa algo, en el que el autor sabe en que momento la historia comienza a perder el interés del lector y le imprime un giro que lo atrape de nuevo.

Michael Connelly es un maestro del género negro legal, lo conoce a la perfección y no abruma al lector con sus conocimientos, los desliza en la trama, los hace fluir de forma que quien se acerca a sus novelas se sumerge en la historia con naturalidad, sin esa sensación de que le faltan armas para comprenderla. Ayuda al éxito del libro la visualidad, mientras uno lee tiene la sensación de estar siguiendo un guión, los fotogramas se deslizan por delante de los ojos, eso o he visto yo demasiadas series judiciales, porque he sido capaz de imaginar cada escena a la perfección.

Sin duda es un buen libro, para los amantes de los thrillers, una buena apuesta de cara al verano, pero si ya tienes cubiertas tus lecturas vacacionales, también lo es para el invierno, una lectura atemporal que no necesita de haber leído las anteriores entregas más que para evidenciar la evolución de Mickey Haller como personaje.